Los congresos del Partido Comunista y la democracia

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El aclamado pintor Pedro Alcántara Herrán participa del 15 Congreso del Partido Comunista en 1988. Foto archivo

La trayectoria del Partido Comunista Colombiano, PCC, no solamente se circunscribe a la organización, sino que es una expresión misma del devenir histórico de Colombia. El congreso comunista, como principal escenario decisorio, demuestra su trascendencia

Alejandro Cifuentes

La importancia del congreso para un partido comunista parece saltar a la vista, pues es el máximo órgano de decisión, donde democráticamente se trazan los elementos fundamentales de la política partidaria. Sin embargo, esta afirmación no le dice mucho a una sociedad como la colombiana, donde la política caudillista, promovida históricamente por los partidos tradicionales, nos acostumbró a una política vertical y poco democrática, acorde al régimen que se ha formado en nuestro país.

El Partido de Nuevo Tipo

Para entender la relevancia de un congreso en la vida de un partido comunista, podemos acudir a Gramsci, quien señala que el accionar de los partidos políticos se relaciona directamente con la “formación de una voluntad colectiva nacional popular”, es decir, son parte importante de la construcción de hegemonía. Ahora bien, cuando hablamos de un partido de la clase obrera, revolucionario, este debe ser entonces el espacio para la configuración de una nueva voluntad colectiva.

Este partido apunta a la construcción de un nuevo tipo de Estado, uno que esté ahora al servicio de las clases explotadas y que tenga como fin su propia abolición, pues perseguirá en últimas la superación de la sociedad dividida en clases.

Por eso, el partido de la clase obrera busca unificar a las masas y organizarlas para encarar el conflicto de clase, lo cual, a su vez significa que el partido debe cumplir un rol educativo: el partido es el intelectual colectivo. Por lo tanto, debe impulsar una reforma intelectual y moral que sea capaz de impulsar una nueva concepción del mundo, que contribuya a la emancipación de las masas populares de la dominación de la burguesía.

Tal afirmación es de suma importancia, porque reafirma el centralismo democrático. Este no es un paradigma de dirección partidaria jerárquica, vertical e inflexible, controlada desde un centro homogéneo que impone de manera unilateral las líneas de acción a la base. El partido revolucionario al que se refieren Gramsci y Lenin es una organización que unifica la voluntad colectiva de las clases subalternas, en donde se construye una nueva visión del mundo a partir de una relación recíproca entre la dirección y la militancia, que se nutre de la comprensión de las masas.

El PCC y la historia de Colombia

En tanto el Partido Comunista Colombiano, PCC, plantea como principio organizativo primordial el centralismo democrático, reivindica entonces las ideas de Gramsci y Lenin arriba expuestas, y de tal forma el congreso, como principal escenario decisorio, demuestra su trascendencia.

Pero esto no significa que el PCC, como ningún otro partido, tuviese una forma completamente lograda tras su fundación. El partido es una organización en constante construcción y lo hace a partir de la sociedad misma en donde surge. Se transforma con ella a la vez que va incidiendo en ella. Es por ello que Gramsci señala que la historia de un partido es, en últimas, la historia de un país desde un punto de vista monográfico.

Esto no solo significa que a la hora de escribir la historia de un partido se deben considerar la historia nacional, sino que la trayectoria misma del partido político se entrelaza con la de la sociedad de la que hace parte.

El PCC surgió de las entrañas del pueblo trabajador colombiano, y su historia es la historia misma de nuestro país en los últimos 90 años, atravesada por las luchas del proletariado por una vida digna, de los indígenas y campesinos por tierra, de las mujeres por derechos civiles. Es a su vez una historia marcada por la violenta reacción de las élites a estos esfuerzos por construir una sociedad verdaderamente democrática. Así pues, la trayectoria del PCC no solamente se circunscribe a la organización, sino que es una expresión misma del devenir histórico de Colombia.

Los congresos del PCC, sucesos de la vida nacional

Este 2022 se llevará a cabo el XXIII Congreso del PCC, en una historia que se remonta hasta 1941, cuando el Partido convocó por primera vez a su máximo órgano. Desde entonces los congresos han sido decisivos en la trayectoria del PCC, trazándose la política partidaria a partir de la discusión colectiva. Ahora bien, dado que los comunistas se plantean la transformación de la sociedad, y que el marxismo –tradición revolucionaria que revindica el Partido como guía para la acción– nos plantea que para lograr el cambio se necesita del análisis concreto de la realidad concreta, los congresos han marchado al vaivén de la vida nacional.

Los congresos del PCC se han adelantado en momentos difíciles para nuestra sociedad, marcados por la violencia, la persecución y el exterminio; pero también en medio de auges de las luchas sociales y ante escenarios de apertura democrática. Y en general todos tienen en común que sus debates han girado en torno al problema de cómo lograr un cambio revolucionario en nuestro país, signado por una democracia amplia que supere las inequidades sociales impuestas por un capitalismo dependiente. Por lo tanto, los congresos del Partido atestiguan la lucha de los comunistas por la paz y la unidad de las fuerzas populares y la izquierda.

Tal es el caso del VIII Congreso, el cual se adelantó cuando el país comenzaba a transitar de la dictadura de Rojas hacia la supuesta democracia, bajo el descarado acuerdo bipartidista del Frente Nacional. Tras el asesinato de Gaitán, los comunistas habían promovido la autodefensa de masas, mientras tanto el régimen iba decantándose hacia la ilegalización del Partido.

Tras la caída de Rojas en 1957, el PCC priorizó su retorno a la legalidad para retomar la lucha de masas. Pero esto no les impidió a los comunistas denunciar el Frente Nacional como un régimen de democracia restringida. Este Congreso le trazó al Partido el camino de la reorganización con miras al crecimiento para aumentar su incidencia en el pueblo, y por eso, uno de sus resultados más importantes fue la declaración programática y unos estatutos que destacaban el carácter colectivo de la dirección partidaria.

Como era de esperarse, el acuerdo bipartidista no conllevó paz. De hecho, trajo con sigo una nueva ola de violencia. Mientras tanto, las luchas populares florecían mientras aumentaba el rechazo al Frente Nacional. Para desafiar al bipartidismo surgieron iniciativas como la Unión Nacional de Oposición, UNO, que terminó siendo víctima del exterminio.

Ante el recrudecimiento de la violencia oficial bajo el Estatuto de Seguridad del presidente Turbay, los comunistas consideraron que solo era posible un viraje en la vida nacional cerrando el conflicto armado mediante el diálogo y consiguiendo la más amplia unidad de todas las fuerzas democráticas.

Estos argumentos fueron el eje central de las discusiones del XIII Congreso del PCC, adelantado en 1980, y el cual abrió el camino a la búsqueda de la salida negociada. Aunque el gobierno y algunas guerrillas como el M-19 y el EPL rechazaron y caricaturizaron de entrada la propuesta del PCC, finalmente el diálogo se comenzó a abrir paso entre las partes.

Eventualmente el M-19 y el EPL llegarían a acuerdos con el gobierno, y a pesar de que las fuerzas más reaccionarias agudizaron la guerra a finales del siglo XX. En 2016 finalmente se concretó un acuerdo con las FARC.

42 años después del XIII Congreso, los comunistas van a discutir sobre la vida de su organización en un momento donde la apertura democrática aparece como una posibilidad real.