Los caminos de la duda: La barbarie globalizada

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Hakubun Shimomura, ministro de Educación de Japón.

El pueblo japonés sufre la desgracia de contar como mandatario a un émulo de Alejandro Ordóñez y como ministro de educación al maestro de Gina Parody.

Hakubun Shimomura, ministro de Educación de Japón.
Hakubun Shimomura, ministro de Educación de Japón.

Alfonso Conde

Dice la prensa que en Japón, el país más afectado por el endeudamiento gubernamental, su ministro de educación, Hakubun Shimomura, ha dado la instrucción a las 85 universidades públicas niponas de cerrar las carreras de ciencias humanas y ciencias sociales. En su opinión las instituciones deben centrar esfuerzos en aquellas áreas que “respondan mejor a necesidades de la sociedad”.

El primer ministro japonés, Abe Shinzō del Partido Liberal Democrático, bajo cuyo mandato se emite la orientación mencionada, se ha caracterizado como amigo de los recortes al gasto público, de las restricciones a la educación sexual en las escuelas, del apoyo a la “exportación” de fuerzas armadas y de la “guerra preventiva” contra Corea del Norte y otras perlas que deberían avergonzar a cualquier organización política que, al igual que la del mandatario, se autodenomine democrática.

El pueblo japonés sufre la desgracia de contar como mandatario a un émulo de Alejandro Ordóñez y como ministro de educación al maestro de Gina Parody.

La medida contra las universidades ha recibido ya el rechazo de la academia japonesa y de buena parte del globo. Forma parte del debate centenario de la inteligencia contra la barbarie, reeditado a partir de la globalización neoliberal y vivo y candente en nuestro medio en donde se trata de convertir la educación superior en espacio de capacitación para oficios, eliminando todo aquello que los bárbaros consideran “superfluo” que constituye la esencia de la formación de seres humanos libres, capaces de crear.

Los neoliberales de Colombia y del mundo, con Shimomura y Parody entre ellos, consideran que la universidad debe existir sólo en la medida en que fabrique herramientas que permitan una mayor explotación para beneficio de quienes se creen destinados a ser los poseedores del valor que los otros producen. La ponderación de la escuela según la productividad del egresado es el credo de estos especímenes, independientemente del retroceso real de la sociedad que causa esta orientación.

La formación de capacidad crítica, aplicable en general a todos los momentos de la vida y en particular a la disciplina específica, materia de la formación individual, es una meta necesaria para la verdadera universidad. Es por eso que los beneficiados de esta sociedad de la explotación se convierten en enemigos de la educación superior, por ser un instrumento para cuestionar todo lo existente, incluida la forma de organización de la sociedad. Para ellos, la universidad es subversiva… y tienen razón.