Las cifras revelan más de lo que se dice

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Del empleo y sus diablillos

Desempleado

Carlos Fernández*

Los anuncios oficiales sobre el comportamiento del empleo y el desempleo en Colombia parecen la piedra volandera de un molino, que gira siempre sobre la misma piedra fija. Ya el gobierno, desde la época de Uribe, nos tiene acostumbrados a un decrecimiento constante del desempleo y a un crecimiento, también constante, del empleo. En efecto, las cifras para julio de 2014 indican que había 240 mil personas más con empleo en el país, respecto a las que había al finalizar julio de 2013. El desempleo, por su parte, descendió, entre esas dos fechas, del 9,9 por ciento al 9,3 por ciento.

Los motores del crecimiento del empleo

En una perspectiva más amplia, las cosas son algo distintas. Al tomar las cifras de personas ocupadas en promedio en los meses de mayo-julio de los años que van de 2010 a 2014, se encuentra que el empleo creció a un promedio anual de 2,9 por ciento, muy por debajo del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) registrado entre junio de 2010 y marzo de 2014, que ascendió a 5,2 por ciento promedio anual.

En otras palabras, el país presenta un crecimiento de su economía que no genera empleo y, por ende, es un crecimiento que no está proporcionando condiciones para el desarrollo integral de su gente. Por el contrario, si bien los indicadores de pobreza han descendido en los últimos años, siguen manteniendo niveles elevadísimos y, en valores absolutos, es decir, tomando el número de personas en condiciones de pobreza y pobreza extremas y no los porcentajes, las cifras son, todavía, abrumadoras.

La explicación de lo anterior radica en que el crecimiento colombiano se ubica más en los sectores que facilitan la circulación de las mercancías producidas e importadas y menos en los que generan valor efectivo. En efecto, al mirar la contribución de los distintos sectores económicos en el crecimiento del empleo, se tienen los siguientes resultados:

Entre mayo-julio de 2010 y el mismo trimestre de 2014, el empleo creció, a nivel nacional, en 2’347.000 personas.

El sector que más contribuyó a ese crecimiento fue el de comercio, hoteles y restaurantes, en el que el empleo creció en 731 mil puestos de trabajo, es decir, aportó el 31 por ciento del crecimiento total del empleo. Es sabido que este sector no es generador de valor y representa más del 42 por ciento del empleo informal en las 13 áreas metropolitanas.

El sector de servicios comunales, sociales y personales contribuyó, por su parte, con el 27 por ciento del crecimiento total del empleo. El empleo de este sector se ubica en el nivel de los servicios del gobierno y defensa; en el de las EPS y medicina prepagada; en el de la educación pública y privada; en el de las asociaciones dedicadas al entretenimiento y a actividades culturales, y en el del servicio doméstico. Este sector contribuye con cerca del 18 por ciento del empleo informal en las 13 áreas metropolitanas.

El tercer sector de importancia en la generación de empleo fue el de las actividades inmobiliarias, con un 17 por ciento de aporte al crecimiento del empleo total. Este sector representa cerca del 8 por ciento del empleo informal en las 13 áreas metropolitanas.

Como puede apreciarse, el 75 por ciento del crecimiento del empleo se dio en sectores que no contribuyen a la generación de riqueza nacional.

Los sectores productivos

Por el lado de los sectores verdaderamente productivos, tenemos la siguiente situación:

La construcción contribuyó con el 10 por ciento del crecimiento del empleo total. El empleo informal es predominante en este sector, cuyo nivel de ocupación varía en dependencia de su ciclo de actividad, el cual se ha visto estimulado en el último período por la política de las 100 mil viviendas gratis que, aunque no se cumplió, originó una expectativa que incidió en el conjunto del sector.

La industria manufacturera contribuyó con el 7 por ciento del crecimiento del empleo total. Esta contribución está relacionada con el crecimiento del empleo industrial entre 2011 y 2010 (4,6 por ciento) y entre 2012 y 2011 (4,9 por ciento) pues, en los años siguientes, esta dinámica se agotó, al punto que el empleo creció tan sólo en 1,2 por ciento entre 2013 y 2012 y, en el período mayo-julio de 2014, presentó una disminución de 3,9 por ciento respecto al mismo período de 2013.

El empleo en la agricultura presenta un comportamiento aun más modesto pues sólo contribuyó con el uno por ciento del crecimiento del empleo total en el período considerado. Aunque es una de las locomotoras designadas en el Plan de Desarrollo para impulsar un mayor crecimiento, el empleo y el PIB sectoriales presentan resultados francamente pobres.

Por último, el empleo en el sector minero-energético, otra de las locomotoras santistas, presentó una disminución de 3,9 por ciento promedio anual entre mayo-julio de 2010 y mayo-julio de 2014, lo que implicó una contribución negativa del 2 por ciento al crecimiento del empleo total. El crecimiento del PIB de este sector, aunque se ha desacelerado, sigue mostrando signo positivo, con lo que se confirma que no es, precisamente, un factor generador de empleo.

En conclusión, el problema del empleo en Colombia no son las políticas sectoriales. Es un problema de modelo de desarrollo. Por tanto, el modelo sí debe discutirse y, sobre todo, cambiarse.

* Investigador del CEIS.