¿Se está haciendo todo para que el programa del Cambio avance? O, mejor: ¿están haciendo todos los funcionarios todo lo necesario para que avance el Cambio? La reactivación no se logra mediante el voluntarismo. Pero se requiere voluntad para alcanzarla
Carlos Fernández (*)
La publicación de la información del DANE sobre los avances y los retrocesos de la economía colombiana durante 2023, medidos por el comportamiento del Producto Interno Bruto ─PIB─, fue prácticamente simultánea a la salida de Jorge Iván González de la jefatura del Departamento Nacional de Planeación ─DNP─. Tal simultaneidad puede ser una simple coincidencia, pero ambos hechos guardan una relación política que no se nos puede escapar.
Primero que todo, hablemos de los resultados. El comportamiento de la economía el año pasado fue pobre: apenas un 0,6 por ciento de crecimiento del PIB respecto a 2022, inferior a las proyecciones de tirios y troyanos, llámense Fondo Monetario Internacional ─FMI─, Fedesarrollo, Banco de la República o el mismo DNP. Pero en este comportamiento no hay que mirar sólo los resultados de una política económica, sino entender que el país está inmerso, para bien y para mal, en una dinámica general que afecta a un mundo globalizado, aunque en proceso de fragmentación económica.
La economía mundial
En efecto, de acuerdo con el FMI, el PIB mundial, después de crecer 6,3 por ciento en 2021, se redujo a 3,4 por ciento en 2022 y su crecimiento será aún menor durante el 2023 ─se calcula un 2,8 por ciento─. Según resultados ya conocidos, Alemania, el motor de la eurozona, tuvo un decrecimiento de 0,3 por ciento en 2023; en tanto el Reino Unido creció tan sólo 0,1 por ciento; la Unión Europea, 0,5 por ciento y Japón, 1,9 por ciento. Estados Unidos, por su parte, creció más de lo esperado ─2,5 por ciento─, lo que tiene que ver, en gran medida, con el impulso que le da a la economía el auge de la industria militar. Latinoamérica, en su conjunto, también creció poco el año anterior, dada su relación comercial con estos bloques regionales y se prevé que el PIB de la región crezca sólo 1,6 por ciento. Si se confirma este dato, Colombia quedará de todas maneras muy por debajo del promedio regional.
Los factores internos
Pero el mal de muchos no puede ser un consuelo. Y hay que mirar hacia adentro para determinar qué es lo que está incidiendo internamente en estos resultados.
En primer lugar, hay que señalar que los tres sectores económicos más afectados fueron, en su orden, la construcción (-4,3 por ciento), la industria manufacturera (-3,5 por ciento) y el comercio (-2,8 por ciento). Es decir, en el caso de los dos primeros, se trata de sectores que responden por una elevada tasa de creación de valor y, en el caso del comercio, de un sector que responde por una enorme cantidad de empleos y que facilita la circulación de las mercancías producidas.
Dentro del sector de la construcción, el subsector más afectado fue el de construcción de carreteras y vías de ferrocarril. Su valor agregado tuvo un descenso de 12,3 por ciento respecto al año 2023. En cuanto a la industria manufacturera y al comercio, tanto al por mayor como al por menor, su descenso no contribuye a apuntalar las propuestas del programa de gobierno respecto a la reindustrialización y al avance del turismo. Si bien se han presentado diversas acciones que muestran, por ejemplo, el potencial turístico del país, estas todavía no se reflejan en las estadísticas agregadas pues, por ejemplo, el subsector de alojamiento y servicios de comida arroja un decrecimiento del 5,4 por ciento.
El sector agropecuario del país, otro de los objetivos prioritarios del programa de gobierno y del Plan de Desarrollo, tuvo un comportamiento mejor que los tres sectores mencionados. Su valor agregado creció 1,8 por ciento respecto a 2022, siendo jalonado este crecimiento, en buena proporción, por el cultivo del café. Debe destacarse el resultado del subsector de silvicultura y extracción de madera, que decreció en 12 por ciento. Al respecto, podría señalarse que en ese resultado inciden los esfuerzos por evitar la deforestación, lo que significa que no todo decrecimiento es negativo. Esta es una señal de la necesidad de modificar o sustituir al PIB como indicador de riqueza, dado su sesgo productivista, que impide incluir en su cálculo lo que significa conservar en vez de utilizar los recursos naturales en forma predatoria.
La inversión y el consumo
Desde la perspectiva del gasto, los resultados obtenidos dan una luz adicional acerca del magro resultado económico del país en 2023. La demanda interna ─consumo más inversión─ disminuyó 3,8 por ciento respecto a 2022. En el caso del consumo de los hogares, su nivel subió 1,1 por ciento, a pesar de que la tasa de inflación sigue siendo alta, no obstante, la desaceleración de su crecimiento a lo largo del año. En cuanto a los gastos de consumo del gobierno, su cuantía creció 0,9 por ciento. La baja tasa de crecimiento de ambos consumos no generó mayor presión sobre la producción como para reactivar su dinámica.
La inversión, por su parte, presentó una importante contracción del 8,9 por ciento. ¿Qué puede estar pasando? Varias cosas: altas tasas de interés, decididas por el Banco de la República en busca de frenar la inflación. Tanto los trabajadores como los empresarios de la ANDI clamaron para que dicha tasa disminuyera, lo cual se logró en diciembre y en enero. El efecto de esta disminución sobre la inversión sólo se verá al cabo de varios meses. También hay que considerar la baja en el ritmo de inversión en razón de la desconfianza que genera el gobierno de Petro entre muchos empresarios, los cuales pueden haber frenado sus proyectos de inversión esperando condiciones más favorables a sus intereses para invertir. El tema de los hidrocarburos juega aquí un importante papel, toda vez que la propuesta y la promesa gubernamental de orientar la reindustrialización por una senda libre de hidrocarburos está incidiendo en el ritmo de inversión del sector. Cabe señalar aquí que este sector creció 2,6 por ciento en 2023. También incide en este resultado la baja ejecución del presupuesto nacional de inversión ─56 por ciento─, causa de tensiones en el seno del Gobierno y de cambios abruptos de altos funcionarios. Claro que no se trata de gastar por gastar, pero la baja ejecución presupuestal afecta la necesaria reactivación.
En efecto, los proyectos gubernamentales de infraestructura, de reindustrialización, de fomento del turismo, de economía popular y otros, que están concebidos, entre otras cosas, como una política de reactivación económica, chocan con las limitantes institucionales, jurídicas y burocráticas a las que se enfrenta el Gobierno, en la medida en que su propuesta se ejecuta en los marcos de la institucionalidad vigente y, lo que es más importante, en un marco de poder económico que sigue estando en manos de los grandes capitalistas del país y que orienta un poder político reacio a las grandes reformas.
Facticidad y validez
¿Hasta dónde está en capacidad el Gobierno de voltear la torta? Para los partidarios del Pacto Histórico, es evidente que los cambios propuestos ─que, según Jorge Iván González, en otros países serían reformistas, pero en Colombia, de lograrse, serían revolucionarios─ no son suficientes los cuatro años del gobierno de Petro para ejecutarlos plenamente. No le sobra razón al saliente director del DNP cuando, tomando prestado el título de un libro de Jürgen Habermas, señala la distancia entre las propuestas, los sueños ─validez del discurso─ y la posibilidad de llevarlos a cabo ─facticidad─. Siempre habrá limitantes de todo tipo a la realización de las propuestas programáticas que implican un cambio estructural y, sobre todo, un favorecimiento a las clases trabajadoras y una mayor exigencia a los sectores capitalistas. El tema concreto sería hasta qué punto las propuestas están bien formuladas y hasta dónde se ha hecho lo necesario para facilitar su ejecución. En cuanto a lo primero, podemos decir que se ha formulado el programa que requiere el país en los actuales momentos y los resultados de las elecciones presidenciales lo demuestran. Pero la oposición es poderosa y pone toda serie de obstáculos a la realización del programa del gobierno del Cambio. ¿Se está haciendo todo para que este avance? O, mejor: ¿están haciendo todos los funcionarios todo lo necesario para que avance el Cambio? La reactivación no se logra mediante el voluntarismo. Pero se requiere voluntad para alcanzarla.