domingo, junio 16, 2024
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La precarización de las opitas

Entre las brisas del río Guacacallo (río de las tumbas o río Magdalena) y el clima abrasador de una tierra de ensueños, trascurren los días de las mujeres huilenses, agobiadas por la violencia laboral que desconoce sus aportes a la economía del territorio

Tania León Vargas
Asonam Huila

Se evidenció que el Huila, en diciembre del 2023, tenía 1 118 000 habitantes de los cuales el 50,3 por ciento son mujeres, que es el equivalente a 592 307 personas de la población censada; además, sostiene, en términos de cifras económicas, que el 62,7 por ciento de los micronegocios están en manos de hombres y el 37,3 por ciento en manos de las mujeres, lo cual es una muestra de la brecha de género que existe en las estadísticas de ocupación informal.

Es importante destacar que con estas formas de emprendimiento ellas aportan al sustento de sus familias, sin que esto sea suficiente y que, en la mayoría de los casos, son el único ingreso del hogar; esta situación tampoco garantiza una posibilidad de acceso a una pensión.

En este contexto, la aprobación por parte del Senado de la República de la reforma pensional con enfoque de género, liderada por el Ministerio del Trabajo, en cabeza de Gloria Inés Ramírez, garantiza aspectos importantes como la implementación de una ruta de transición a un esquema de protección integral para la vejez, en el que todos estén cubiertos por el sistema a partir de pilares solidarios, semicontributivo o contributivo.

En ese mismo sentido, indagando sobre las tasas de desocupación, TD, la Gran Encuesta Nacional Integral de Hogares, GEIH, realizada entre septiembre y noviembre del 2023, arrojó unas cifras del 11,3 por ciento para hombres y mujeres que, porcentualmente, se diferencia en 7,6 por ciento para hombres y 3,8 por ciento para mujeres, datos que se reflejan en el Huila, indicando nuevamente una brecha del 12,9 por ciento a pesar que hubo una disminución del 1,5 por ciento, con relación al año anterior.

De acuerdo al índice de desempleo, el Diario del Huila publicó el pasado 1 de febrero del 2024, al cierre del año 2023, que este ascendía al 12,2 por ciento, cifra que contrastada con los niveles de desocupación y con los datos de micronegocios muestra que las mujeres en el departamento del Huila no cuentan con una política de garantías para el empleo y, por el contrario, sí una total desatención por parte de diversos entes territoriales. En contexto, las mujeres expresan que es lamentable las condiciones que viven en el mundo laboral, expuestas a los vínculos burocráticos o padrinos políticos; siendo más complejo el escenario cuando no se comparten las tendencias políticas de estos individuos, esta situación se convierte en una barrera de acceso al trabajo.

Otras afectaciones que generan esta exclusión se expresan en prácticas de dependencia o sumisión cuando existe una pareja, pues allí se reproducen violencias marcadas en la cultura patriarcal dentro del hogar. Todo esto conlleva a sentimientos de frustración, pérdida de la confianza en sus capacidades intelectuales y personales, de ahí que muchas huilenses quisieran estar desempeñándose en labores que potencien sus capacidades y que permita garantizar alimentación, techo, vestido, vivienda y vida digna a los suyos.

En ese orden de ideas, es importante reconocer todas las líneas de producción en el mundo del trabajo de las opitas, las cuales  se desarrollan alrededor de diversos oficios y profesiones como amas de casa o cuidadoras, trabajadoras informales, maestras, ingenieras, doctoras, campesinas, servicios generales, meseras, cocineras, madres comunitarias, empresarias, enfermeras, farmaceutas, trabajadoras sexuales, guardias de seguridad, asesoras e impulsadoras de ventas, supernumerarias, taxistas y cargos administrativos; en cada uno de estos escenarios las mujeres experimentan realidades que soslayan sus derechos, contextos invisibilizados por la cultura patriarcal, que solo son posibles de conocer cuando son escuchadas.

Las jóvenes huilenses manifiestan que trabajar como meseras en restaurantes, significa entrar a un mundo en donde no reconocen sueldos de ley, tampoco existe un contrato formal y, por consiguiente, no pagan las prestaciones sociales, los horarios son muy extensos que van desde las 8:00 a.m. hasta la 4:00 p.m. entre semana y los fines de semana hasta las 3:00 de la madrugada; además, durante estas largas jornadas no brindan ningún tipo de alimentación. Por otro lado, en ese ámbito laboral las mujeres deben tener un prototipo de belleza para ser contratadas, cara bonita y saberle llegar al cliente.

Siguiendo la ruta de experiencias en el sector de la salud, el panorama de las opitas no es tan lejano al mencionado anteriormente, ellas expresan  que están bajo  una contratación que no es la adecuada, algunas están por prestación de servicios, el monto para pagar la seguridad social es muy alto, razón por la cual queda muy poco sueldo para asumir los gastos del hogar;  con indignación sostienen que  los candidatos ganadores de las elecciones se aprovechan de sus necesidades,  precarizan las formas de contratación sin importar su nivel de formación y perfil profesional, situación que implica  sobrecargo de funciones que dan como consecuencia el deterioro de los tiempos con el núcleo familiar.

Este mundo de voces, que protestan y reclaman cambios urgentes, ha sido la motivación de lucha de las mujeres por trabajo digno y el encuentro coincidente de la esperanza que se potencia en las propuestas a favor de la reforma laboral que impulsa el Gobierno nacional a través del Ministerio del Trabajo, escenario donde se promueven actividades con protección especial para las mujeres, impulsando el trabajo familiar, comunitario y el fortalecimiento de los micronegocios con formalización en el pago de seguridad social de las trabajadoras y trabajadores, incluyente con las mujeres migrantes con garantías laborales de contratación; reconocimiento de todos los roles desempeñados  en el mundo del trabajo como empleadas rurales, domésticas, artistas, periodistas y deportistas; con unos enfoques diferenciales de protección a indígenas y afrodescendientes y de género. Es una necesidad imperante ¡Reforma laboral ya!

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