La paz es con las mujeres

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Marta Bolívar

 “Yo escribo para que ustedes sepan, para que comprendan, grito para que me oigan, voy adelante para mostrarles el camino”: Flora Tristán, Peregrinaciones de una Paria.

Enzo Traverso, en su libro Melancolía de Izquierda, afirma que uno de los procesos auténticamente emancipatorios actualmente es el feminismo, que en su diversidad plantea su potencia movilizadora, solidaria y de ruptura cultural.

Esta tesis se comprueba con el ascenso de las luchas de las mujeres, proceso universal de activismo y militancia, que nos ha permitido como mujeres identificar las coincidencias de nuestro accionar con enfoque de género y nuestras luchas por la dignificación de la condición femenina y el buen vivir de la humanidad, las políticas del cuidado de las sociedades y del planeta y no en pocos casos con una perspectiva de clase.

Redes de trabajo a nivel internacional posicionaron la idea de que no se puede hablar de desarrollo ni de paz sin tener en cuenta a las mujeres. Tuve la oportunidad de visitar la Comunidad Valenciana en el Reino de España. Allí pude ver un localizado ejemplo de lo común de nuestras luchas, de esa especial sororidad que genera la conciencia de nuestra propia, cruenta y particular forma de explotación y exclusión en ocasión de los roles de género asignados culturalmente.

Ese hermoso tejido social y feminista de Valencia nos ha venido abrazando hace mucho tiempo, que nos hace a todas más fuertes y sí, más felices.

Con la firma del Acuerdo de Paz en 2016 y con el despunte de los vientos de cambio después del nefasto gobierno de Duque, la conmovedora resistencia del movimiento social en su conjunto y el de mujeres por la paz, el estoico compromiso de los y las excombatientes por cumplir su palabra y la potencia de la resistencia popular en las calles. En Valencia nos hemos vuelto a convocar para continuar con los esfuerzos que emanan de la cuarta jornada internacional de mujeres, derechos humanos y paz en Colombia.

En el reencuentro nos manifestamos, primero, en función de reconocer en el nuevo gobierno una esperanza histórica de cambio social y político al ser la primera experiencia de izquierda en el país, con un compromiso para implementar el Acuerdo de Paz. Segundo, en función de sumar esfuerzos para materializar nuestra agenda reivindicativa, como el impulso y la elaboración de un Plan de Acción Nacional para la aplicación de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad sobre Mujeres, Paz y Seguridad (2000), la puesta en marcha de una política exterior feminista, la garantía de protección de lideresas y defensoras de los derechos humanos y el cumplimiento de las recomendaciones del informe final de la Comisión de la Verdad.

Y finalmente, saludando las conversaciones de paz con el Ejército de Liberación Nacional, ELN, con la exigencia de la presencia de las mujeres en todas sus fases.

Por último, agradecer el vivir esta experiencia a la Colectiva de Mujeres Refugiadas, Exiliadas y Migradas y al conjunto de la Mesa de Apoyo a la Defensa de los Derechos Humanos de las Mujeres y la Paz en Colombia, que se constituyó en el 2007 en Valencia y está conformada por 24 organizaciones de mujeres y derechos humanos de España y Colombia, cuya secretaría técnica e impulso en cabeza de Atelier (ONG) he de agradecer y reconocer.

La paz sin las mujeres, ¡no va!