La lucha por la paz

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Caracterización del Acuerdo General para alcanzar una Paz estable y duradera

Momento histórico de la apertura de la Mesa de Diálogos en Oslo.
Momento histórico de la apertura de la Mesa de Diálogos en Oslo.

Nelson Fajardo

Hacer una caracterización del “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, firmado entre el Gobierno de la República de Colombia (Gobierno Nacional) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC- EP), el 26 de agosto de 2012 en la ciudad de La Habana, Cuba, consideramos importante a partir de una contextualización del momento por el que se atraviesa a la firma, de resumir los antecedentes sobre los procesos de diálogos anteriores; para luego concretar la caracterización y deducir de lo anterior, lo fundamental de la agenda del actual “Acuerdo General” y qué podemos esperar de su concreción.

Contextualización del momento

En esta dirección, el resumen de los antecedentes, nos señala que se trata fundamentalmente de un conflicto de clase, que está enraizado en la formación socioeconómica colombiana, históricamente, y que no logra encontrar canales de superación para el alcance de una paz estable y duradera, que coloque las vías políticas de solución a los conflictos en primer plano.

Que durante el periodo que va de 1982 a nuestros días (2012), es un conflicto que se ha tratado en formas muy variadas, que desde la perspectiva del tipo de Estado que tenemos actualmente en Colombia, podemos identificar tres momentos clave, uno que aborda el conjunto de los problemas estructurales de Colombia y plantea, procedimentalmente, el cese al fuego, pasar a la tregua y derivar en la paz con justicia social. Un segundo momento, se concentra en el modelo de acumulación de capitales (Caracas y Tlaxcala) y las garantías políticas para la izquierda y la oposición, y en lo procedimental, plantea los diálogos en medio de la confrontación. Y un tercer momento, que ha dominado fuertemente hasta la actualidad, caracterizado por la ambigüedad en el tratamiento de los problemas colombianos, va desde abordar aspectos estructurales parciales hasta aspectos estructurales de totalidad; pero en lo procedimental se prioriza el Plan Colombia de guerra monitoreado desde los Estados Unidos.

Se trata, en general, de un tratamiento oligárquico, estimulado y promovido por un Estado, que ha practicado y sigue practicando una especie de persuasión patriarcal y autoritaria para imponer y defender sus intereses y su sistema, con el terrorismo de Estado, el crimen selectivo, las masacres y las guerras, entre otros métodos crueles. Todo bajo falsos supuestos de representar los intereses generales del Estado, la nación y la sociedad colombiana.

Es el dominio de una especie de militarismo que presiona sobre el conjunto de las relaciones sociales, estimulado por la dependencia de los Estados Unidos y la existencia de un régimen político patriarcal y autoritario que se impone y hegemoniza.

Importantes variaciones

A pesar de esta situación dominante, también han existido espacios estelares, en los que la búsqueda de la paz, como proceso, se ha impuesto, tal y como lo podemos confirmar en los Antecedentes que hemos desarrollado. Ahora bien, la situación del momento sugiere variaciones muy importantes, en el comportamiento oligárquico y su Estado, que da continuidad a la guerra, pero vuelve a reconocer que la insurgencia armada existe y hay un conflicto tanto político como social, que puede solucionarse por vía política, sin descuidar la acción militar y su “seguridad democrática”.

La organización insurgente promueve la idea de un deterioro creciente de la sociedad colombiana que la puede conducir a una profunda crisis de totalidad, que requiere el despertar y la movilización de las masas, que para esta organización insurgente, está concentrada, principalmente, en el movimiento popular, encabezado por los trabajadores de la ciudad y del campo contra el modelo de acumulación dominante y sus profundos efectos sobre la calidad de vida, los movimientos sociales de indígenas, afrodescendientes, de mujeres y de la diversidad sexual, los intelectuales, académicos y artistas, entre muchas de las expresiones políticas y sociales, que hoy son víctimas tanto del régimen político dominante, como del modelo de acumulación de capitales que orienta y rige la nación.

Solución política

Es un llamamiento a considerar, por cuanto, tiene en cuenta que los cambios que requiere el país, no se logran, exclusivamente, con los diálogos entre las dos fuerza contendientes, sino que esos diálogos tendrán éxito si hay una fuerte movilización por la paz con justicia social y el fin de la guerra; esto es lo que se llama salida política.

La solución al conflicto social y armado considera que los significados más relevantes del inicio de los nuevos diálogos entre el Gobierno Santos y las FARC-EP son el reconocimiento de la inviabilidad de una solución exclusivamente militar, aún en un contexto de incremento de la intervención directa norteamericana, el uso de ejércitos privados paramilitares y la implementación de tecnologías de punta en la práctica de la guerra contemporánea.

Otro significado es entender que en medio de la profunda fragmentación y dispersión del movimiento social por la paz en nuestro país, incrementada por los dos gobiernos de Uribe Vélez, el campo popular colombiano le da otra oportunidad a la Solución Política al conflicto. Un tercer significado está en que la lucha por la paz se convierte en el centro de la política nacional y su destino está ligado a los avances o retrocesos del campo popular, de la izquierda y de los sectores democráticos tanto políticos, como sociales. Es necesario subrayar en el momento actual que la paz es y será siempre un objetivo revolucionario.