La insoportable levedad del inexistente centro, amigues

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Humberto de la Calle, Juan Fernando Cristo, Juan Manuel Galán, Sergio Fajardo, Jorge Robledo, Carlos Amaya y Alejandro Gaviria. Foto Carlos Ortega

Si bien el autodenominado centro político posicionó el discurso de la polarización, los recientes resultados electorales lo han dejado por fuera de la contienda electoral, con el vergonzante fracaso de querer adherir a la campaña de uno de los personajes más nefastos en el ecosistema político

Andrea Lombana – Revista Hekatombe

Desde hace varios años en el panorama político de Colombia se ha configurado una triada de posiciones políticas, en gran parte definida relacionalmente como lo que no es un grupo o sector. El autodenominado centro ha sido el más enfático en definirse a sí mismo en oposición a los “extremos” y ha nominado como derecha y “extrema izquierda” a quienes elles creen que representan esas líneas políticas alejadas de la institucionalidad y “un riesgo para la democracia” (suena el himno de fondo).

¡Ojo! No es accidental que a la derecha la nombren a secas, mientras a la izquierda sí le pongan el mote de “extrema”, esto pasa porque en ese espectro ideológico del llamado centro, como es una mezcolanza de gente que no se quiere untar de la “chuzma petrista” y “esa gente de izquierda que gas”, peeero dependiendo de la comodidad en la que se paren se llaman a sí mismas de “centro izquierda”, tienen que purificar su “izquierda” del coco petrista –no más recordemos a Goebertus, a Angélica Lozano y Claudia López con su piruetas para describirse a ellas mismas como de centro izquierda ¿Izquierda sí, pero no así, amigas?

También pasa porque el centro está plagado de gente que en verdad es de derechas –y al parecer la derecha no les parece tan extrema, pero como en Colombia eso se asocia al uribismo, se quieren desembarazar convenientemente de ese apelativo ahora que el sub júdice por el que esa tendencia política toma su ismo, como escribieron por ahí: “Todo lo que toca, lo enteca”.

Ahora, con la carrera presidencial en su última etapa, la depuración de esa parte derecha, bien derecha, del llamado centro político nos muestra que sus mayores exponentes, como Fajardo, sin ruborizarse intenta ir de la mano con una derecha criolla como la de Hernández, demagógica y peligrosa para esa democracia liberal que tanto defienden (acá ya no suena el himno nacional, sino una guabina con los madrazos del candidato de fondo).

Entonces el autodenominado centro, que tanto hizo por posicionar, elles sí, la narrativa de la “polarización”, y presos de su propia vanidad se pusieron a sí mismos como la opción serena y tranquila, ahora en su más mínima expresión se intentaron amangualar con un señor cuyas características personales más notorias son la irascibilidad y el matoneo gritón, vendiendo humo con el cuento de “vamos a mirar los programas y ajustar cosas muy importantes”.

Hablemos entonces de lo que tanto han atacado en el autodenominado centro político: porque sereno, sereno, ese señor no es. Técnico, basado en la evidencia, como que tampoco; no sabe de las instituciones, no sabe cómo funciona el Congreso, cree que todo lo que presente se lo aprueban en tres días, cuando una ley se demora, por poquito, seis meses en aprobarse, y eso si va con mensaje de urgencia y las maquinarias del Congreso están bien aceitadas, claro. Además, el adalid vociferante de la lucha anticorrupción ha sido sujeto de procesos disciplinarios por participación en política y otras actuaciones contra la administración pública; y está a la espera de juicio en un proceso penal por celebración indebida de contratos… Kof kof, ¿Cuántos votos fue que dio la consulta anticorrupción al llamado centro en 2018?

El centro, ese sector magnánimo y sin tachas éticas –supuestamente– quiere estar en las huestes de un señor que, se nota, hará lo que se le dé la gana para echar a andar quién sabe qué barbaridades en este país con el cuento, cuentazo, de “mirar los valores unitarios”. Amigues del llamado centro, que tan bien saben que la administración del Estado –de todo Estado– se mueve bajo criterios y principios del derecho público y no del derecho privado, ¿Cómo van a atajar a ese señor cuando comience a negociar con los derechos para que la platica pública se use en cosas rentables y genere ganancias?

Por ejemplo, de lo más básico que aprendí en la universidad cuando nos opusimos a la reforma a la Ley 30 que regula la Educación Superior, es que los gastos y la inversión para la garantía de derechos y servicios como la educación son marginalmente crecientes, lo que quiere decir que: “una unidad de conocimiento y de educación de calidad es más costosa que la unidad exactamente anterior, configurándose así una situación en la que, paralelamente al desarrollo progresivo de la Institución, deben irse aportando cada vez más recursos” (Exposición de motivos Nueva Ley de Educación Superior de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil – MANE Colombia).

En otras palabras, eso quiere decir que la educación de calidad, la cobertura, la universalidad valen bastante, y esa platica debe proveerla el Estado no en una lógica de ganancia económica, sino de progreso social.

Así, en la garantía de derechos sociales en las que el Estado invierte hoy, los recursos no son reembolsables como ganancias ni mañana, ni al año ni a los dos años, sino que, para seguir con el ejemplo de la educación, fortalecen la formación de calidad de profesionales que con oportunidades de empleo pueden generar riqueza para toda la sociedad, para el Estado mismo, pero eso solamente se logra en un mediano y largo plazo. O sea, inversión social es igual a progreso social, no a rentas y reembolsos de capital.

Pongo este ejemplo porque, aunque así lo han visto muchos gobernantes, el Estado no es un negocio en el que se invierte buscando generar ganancias, para ese fin está el mercado. El Estado lo que debe hacer es regular el mercado siempre buscando mitigar al mínimo que genere efectos nocivos o negativos para la sociedad (esto en el mundo ideal de los que creen en el Estado de Bienestar, que no voy a discutir acá).

En cambio, en la rapiña del capitalismo, encontramos posturas como las de ese señor cuyos negocios inmobiliarios clavan a la gente pobre con intereses por años y años “un hombrecito pagándome intereses por quince años, eso es delicioso”. De seguro así pensará que puede hacer con todo, como fusionar ministerios, ¿Será que fusiona el Ministerio de Educación y el de Vivienda para poner a producir los predios de la UIS porque “es más rentable” como dijo él mismo?… Suena irracional y descolocada la posibilidad de que eso pase, pero en un país que puede decidir poner a ese señor como presidente, las buenas formas académicas y la rigurosidad en los argumentos y ejemplos parece en sí misma poco útil –en todo caso, el ejemplo no es más que una reducción al absurdo, como el absurdo en el que vivimos.

Y bueno, lo cierto es que ahí se ubicó político/espacialmente el autodenominado centro político. ¿Nos sorprende? No sé, Ernesto, no lo sé.

Y eso es lo que me hace pensar en su insoportable levedad, en su insoportable intrascendencia: haber posicionado el discurso de la polarización y quedarse por fuera de la contienda electoral para querer adherir a uno de los personajes más nefastos que ha producido nuestro ecosistema político, a eso se ha reducido el llamado centro. Su insignificancia y de la falta de conexión con clases populares que son tanto conservadoras como progresistas, hoy toma la decisión de buscar juntarse programáticamente a un candidato que representa un riesgo muy muy palpable para el Estado Social de Derecho, para su flamante Estado Liberal.

— Pero María, si es tan leve e intrascendente, ¿Por qué gasta tiempo y dedos en escribir sobre eso?

Porque como diría Claudia López, otra se sus representantes, #LaVidaSigue –en medio del Paro cuando los policías salían a matar peleaos en la calle–, y en ese seguir de la vida es bueno que quede por escrito que la idea de ética incorruptible que ha vendido ese autodenominado centro por años y años se queda en decisiones incoherentes. Vale dejarlo por escrito porque esa gente va a seguir en la política y, bueno, la política en tanto acción pública es objeto permanente de examen. Y porque ajá.

La revisión programática que hizo el centro “con toda rigurosidad” (sarcasmo, sarcasmo) incorporó propuestas sobre género –¿Hablamos de instrumentalización de la agenda feminista? –, educación, economía y ambiente, entre otros, en el programa de nuestro Berlusconi. Esto pasa porque a ese sujeto le vale poco ceder en las letras cuando el poder de ejecutar, si llega a ser presidente, lo va a tener él. Entonces, el centro se queda aparentemente en las formas, pero en verdad la derecha se va a la acción. Una acción que será regresiva en derechos sociales, sobre todo de las clases más vulnerables, porque como lo dijo ese señor “El mejor negocio del mundo es tener gente pobre con capacidad de consumo”. Si va a gobernar como negociante, pobres de Colombia uníos para darle ganancias (sarcasmo, pero con profunda tristeza).

Posdata: todavía confío en que no lleguemos a ese despropósito. El 19 de junio a las 16:30 lo sabremos. Por ahora hay dos semanas para invitar a vivir sabroso y eso es invitar votar por el Pacto Histórico.