La ilusión del retorno

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Protesta de la colombianidad residente en Nueva York, Estados Unidos, en el reciente paro nacional. Foto archivo

Las motivaciones que llevan a miles de profesionales a salir del país para formarse y trabajar están relacionadas con la deficiente inversión en ciencia y tecnología. El nuevo gobierno debe estimular el regreso de los “cerebros fugados”

Valentina Castro-Huertas

A la fiesta de victoria del pasado 19 de junio, la diáspora de colombianos en el extranjero, de diversos orígenes y diferentes recorridos de vida se unió como nunca en varios puntos del mundo. Hubo una amalgama de llanto, risas e incredulidad. Nunca habíamos ganado todos. Nos sumamos muchos migrantes e investigadores colombianos a los 11.281.002 votantes que elegimos y le apostamos al proyecto político del Pacto Histórico, con el único argumento común que el de la esperanza.

Somos cerca de 4.7 millones de colombianos que vivimos en el exterior (Ministerio de Relaciones Exteriores, 2012), de los cuales 119.475 salimos del país para formarnos en instituciones de alto nivel en todas las áreas del conocimiento (MinCiencias, 2019). Publicaciones recientes estiman que del total de países del mundo (195), solo en 25 no hay un científico colombiano.

Ciencia-diáspora: relación directa

Aunque las cifras no son exactas, pues los censos no están actualizados, son números que mueven fibras importantes. Las motivaciones que llevan a la “diáspora científica” a salir del país para formarse o permanecer en el exterior para trabajar tienen una relación directa con la inversión en actividades de ciencia y tecnología que ha tenido el país históricamente.

El Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología, OCyT, estima que entre el 2000 y el 2011 la inversión estuvo siempre por debajo del medio punto porcentual (0.5%) con respecto al Producto Interno Bruto, PIB. En el periodo 2015 a 2020 las cifras mejoran, pero no superan al 0.8% con respecto al PIB. Sin embargo, el gasto en defensa y seguridad en el país en 2018 fue del 3,1% del PIB. Adicionalmente, el Estado colombiano no cuenta con un mecanismo de financiación para promover y facilitar el acceso a los programas de formación profesional ni de alto nivel (maestría y doctorado).

Los colombianos que quieren estudiar usualmente ingresan al sistema de créditos-beca otorgados principalmente a través del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, MinCiencias, y del Instituto Colombiano de Crédito Educativo y Estudios Técnicos en el Exterior, Icetex, que con frecuencia se convierten en deudas de años, tanto para los “becarios” como para sus familias.

Iniciativas como los semilleros, jóvenes investigadores y becas para estancias postdoctorales, son un soporte importante, pero su acceso es limitado, son por tiempo reducido y a la final no resultan en una vinculación a largo plazo de los investigadores que inician su carrera académica.

Fuera del “terruño”

Estas cifras revelan infelizmente las prioridades de un país que continúa en guerra y son un panorama desalentador para quienes hacemos de la ciencia nuestra forma de vida. Hacer ciencia en Colombia es una decisión sumamente difícil y llena de desafíos, y para quienes no contamos con los recursos suficientes, implica muchas veces salir de Colombia para poder estudiar con una beca o para formarse en áreas que tienen poco desarrollo en el país.

Vivir fuera del “terruño” y lejos de “la casa” es una experiencia enormemente formativa, pero no siempre es un proceso voluntario. Muchos investigadores salimos porque no había otra opción, porque no encontramos oportunidades en el país, porque el único chance para dedicarse a esto era hacerlo afuera.

En 2014, en un esfuerzo por “repatriar a los cerebros fugados”, el gobierno de Juan Manuel Santos puso en marcha el fracasado programa “Es tiempo de volver”. Una estrategia para garantizarle a 200 científicos colombianos en el extranjero, el desarrollo de sus proyectos académicos con condiciones laborales aceptables en Colombia y que a la final culminó en una cantidad exagerada de trámites, falta de recursos, ausencia de cargos especializados, y falta de claridad de los procesos y compromisos adquiridos.

Nunca estuvo tan cerca

Por eso, cuando el Pacto Histórico convoca a través de “un gobierno para la vida” y habla de Colombia como potencia mundial de la vida de inmediato empezamos a soñar. Soñamos con una mayor inversión en ciencia, tecnología e innovación porque son fundamentales para el avance económico y social de un país.

Nos ilusiona poner al servicio de la gente las trayectorias de vida profesional y experiencia como investigadores, para resolver problemas, conocer nuestros recursos y biodiversidad y proyectarnos como una nación rica. Nos entusiasma tener una mesa de conversación entre el gobierno, la academia, la empresa, la sociedad civil y las personas que hacemos ciencia para priorizar, generar estrategias de trabajo y aunar esfuerzos que a la final se verán reflejados en una mejor calidad de vida para todos los colombianos, principalmente los más vulnerables.

Si bien es cierto que no todos queremos volver al país, muchos sí tenemos la ilusión del retorno, porque allí están no solo nuestras familias y nuestros afectos, sino para muchos también están nuestros intereses de investigación, nuestros organismos de estudio, nuestras preguntas e inquietudes. La esperanza de volver para hacer lo que soñamos ser, nunca estuvo tan cerca.