Colombia y Estados Unidos: Un matrimonio difícil, pero necesario

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Gustavo Petro y Joe Biden

Diferencias de criterio pueden surgir a mediano plazo, en la medida en que se vaya ejecutando la política internacional del Pacto Histórico que, en materia de intereses geoestratégicos, no va a coincidir necesariamente con los objetivos de la Casa Blanca

Alberto Acevedo

La doble circunstancia de que Colombia no ha tenido jamás un gobierno de izquierda y al mismo tiempo el país suramericano ha sido el ‘mejor aliado’ de Estados Unidos en la región en las últimas décadas, hará que las relaciones entre dos socios tan peculiares vayan a ser problemáticas en un futuro próximo en varios aspectos.

De momento no se vislumbran tensiones. En sus intervenciones públicas, después de confirmarse su triunfo en las urnas, Gustavo Petro ha manejado con guantes de seda, como suele decirse en el argot popular, el tema de las relaciones con Estados Unidos. Más aún, se han cruzado frases amistosas y gestos de buena voluntad por parte de interlocutores de ambos bandos.

Las diferencias de criterio pueden surgir a mediano plazo, en la medida en que se vaya ejecutando lo que hasta ahora se conoce de la política internacional del Pacto Histórico y que, en materia de intereses geoestratégicos, no van a coincidir necesariamente con los objetivos y apetitos de la actual administración de la Casa Blanca, liderados por Joe Biden.

Agenda para el TLC

Un primer pulso gira alrededor del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos, que ha cumplido una década. Petro ha dicho que quiere renegociar los acuerdos comerciales con su vecino del norte y abrir un diálogo en torno a tres temas: protección de la selva amazónica, poner fin a la guerra contra las drogas y alejar la economía colombiana de proyectos extractivistas, como la explotación de combustibles fósiles.

El pasado miércoles 13 de julio, una comisión de funcionarios de la embajada de los Estados Unidos en Bogotá se reunió con miembros de la comisión de empalme del gobierno de Gustavo Petro, liderada por el senador Luis Fernando Velasco y Alfonso Prada, entre otros, y allí se abordaron temas como el TLC, el Acuerdo de Paz suscrito en La Habana y otros asuntos de interés bilateral. El buen ambiente que primó en la reunión hizo que algunos participantes la calificaran como verdadero “empalme” entre la administración norteamericana y el nuevo gobierno de Bogotá.

Los comisionados confirmaron que probablemente el viernes de esta semana que transcurre, llegará a la capital colombiana una misión de alto nivel de la Casa Blanca, que abordará el tema del TLC, el asunto del tráfico de estupefacientes y el tema de la implementación de los Acuerdos de Paz con las FARC-EP. Como se ve, la administración Biden no se muestra reticente frente a cuestiones programáticas que para el futuro gobierno de Petro son fundamentales.

Es posible revisarlo

Esto quiere decir, que la parte norteamericana está abierta a un ajuste del TLC en concordancia con las aspiraciones de la administración Petro. Algunos observadores pensaban que el texto del TLC es inamovible. Si hay consenso entre las partes, hay modificaciones.

Los acuerdos de libre comercio “siempre es posible revisarlos” para “resolver las diferencias entre las partes”, de esta manera para el caso del TLC con Estados Unidos, existe el mecanismo de la Comisión Administradora del TLC “en donde se pueden buscar acciones encaminadas a mejorar las cláusulas dinámicas del acuerdo”. “Una renegociación es viable” siempre y cuando exista un principio de reciprocidad, asegura María Claudia Lacouture, directora de la Cámara de Comercio Colombo Americana.

Si ampliamos la mirada hacia el abanico de temas en torno a los cuales van a girar seguramente las relaciones entre las dos naciones, no todo es color de rosa. Hay asuntos más sensibles, como el de las relaciones con Venezuela, o la activación del rol de La Habana y Caracas en torno a una eventual reanimación de la mesa de negociaciones con el ELN.

Sede del Capitolio Nacional de Estados Unidos en Washington

El tema de Venezuela

Un punto complejo en la relación con Washington lo constituye la promesa de campaña de Petro de normalizar las relaciones entre Colombia y el gobierno de Venezuela, una medida que contradice el dictado de Estados Unidos y desalineará a Colombia del grupo de países satélites que han reconocido a Juan Guaidó como “presidente interino” de Venezuela. Un día después de hablar con Biden, Petro anunció que había discutido con el presidente Nicolás Maduro la reapertura de la frontera entre los dos países.

Hay otros temas sobre la mesa, como el de la lucha contra el tráfico de drogas. Estados Unidos defiende una posición de fuerza, que se traduce en el decomiso de alijos de droga, la extradición de capos y la fumigación con glifosato de las zonas de cultivo. No es esa la posición de Petro, que insiste en medidas de combate al narcotráfico que consulten con el medio ambiente y los intereses de campesinos, indígenas y pequeños cultivadores.

Petro podría enfrentar una firme resistencia al interior de las fuerzas militares cuya influencia ha aumentado significativamente con la asistencia y entrenamiento de Estados Unidos, en la medida en que se plantee la promesa de campaña de reformar el estamento militar y liquidar el Escuadrón Móvil Antidisturbios, Esmad.  Estados Unidos no sería indiferente a este propósito.

Membresía de la OTAN

A la agenda de negociaciones podría saltar el espinoso tema de la presencia de bases militares norteamericanas en territorio colombiano o el de la pertenencia como miembro ‘no pleno’ de la Organización del Tratado Atlántico Norte, OTAN. Está claro que el tema hasta ahora no se plantea en unas negociaciones inmediatas y Petro prefiere no alborotar “el avispero”. Pero cobraría vigencia en la medida en que algunos socios de la coalición del Pacto Histórico lo demanden.

Claro, de momento se puede avanzar en temas como la protección medio ambiental y la transición energética como asuntos de la agenda común. Una discusión alrededor de estos aspectos podría distencionar el ambiente de conversaciones entre la mayor potencia del mundo y el gobierno de izquierda que ahora lidera al ‘mejor socio’ de Estados Unidos en la región.

Dos elementos claramente contribuirían a relajar ese ambiente de mutuas conversaciones: Uno, que Gustavo Petro desde hace mucho tiempo ha mantenido relaciones de amistad con el sector progresista del Partido Demócrata, en el gobierno de los Estados Unidos. Un sector a menudo tildado de ‘socialista’, liderado por el senador Bernie Sanders, con quien Petro se reunió a comienzos de este año.

El otro aspecto favorable a la administración del Pacto Histórico, es seguramente la labor exitosa que desarrollarán, el nuevo canciller, Álvaro Leyva Durán, y del embajador ante Washington, Luis Gilberto Murillo. Las relaciones de Estados Unidos con Colombia, por demás, han contado con el apoyo bipartidista, dados los generosos apoyos de los gobiernos de este país con las grandes empresas transnacionales de capital norteamericano. ¿Cambiará este equilibrio? Es la pregunta que muchos se hacen en esta coyuntura.