martes, junio 25, 2024
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La huelga de las mujeres telefonistas de Bogotá

El 13 de junio de 1928 estalló el paro por las pésimas condiciones de trabajo, como las descargas eléctricas que recibían de los conmutadores, los bajos sueldos del personal femenino, el trabajo nocturno, el cobro de 50 centavos por error cometido en el uso de las máquinas y que no les pagaran oportunamente

Beatriz Guerrero

El Día Internacional de la Mujer es una fecha que rememora las luchas de las mujeres trabajadoras. Por ello queremos recordar la gesta de las trabajadoras de la Empresa de Telefonía de Bogotá, que, en 1928, adelantaron la primera huelga femenina desde la capital, que tuvo como objetivo la reivindicación por los derechos de las obreras. Esta huelga dejó resultados positivos para las mujeres de esta empresa, quienes con su acción decidida, marcaron un precedente para las luchas obreras y femeninas en el país.

La modernización

La llegada del siglo XX dio inicio a una serie de procesos marcados por la modernización e industrialización del país. El periodo trajo consigo la aparición de las primeras generaciones de mujeres obreras. La década de 1920 fue bastante convulsa en cuanto a las transformaciones económicas, políticas y sociales que se vaticinaban.

Durante los primeros años, hubo una bonanza económica que no duró mucho, pues fue seguida por una crisis que afectó a las estructuras de poder. Por otra parte, se vivía un ambiente de tensión, represión y supresión de las libertades civiles. Los primeros levantamientos de mujeres en el país, encabezados por figuras como Betsabé Espinal o la propia María Cano, ya hacían eco en otras regiones. Entre los reclamos de la clase obrera estaban las mejoras en las condiciones de salud, vivienda digna y garantías laborales justas.

El proceso de modernización económica fue acompañado de un crecimiento de las urbes, pues estas se convirtieron en foco de olas migratorias de personas del campo que venían hacia la ciudad en busca de mejores oportunidades, lo que facilitó el establecimiento de actividades industriales en la ciudad de Bogotá, propiciando el surgimiento de la clase trabajadora. La llegada migratoria también incidió en el proceso de urbanización de principios de siglo XX, con la creación de los barrios obreros, que albergaron a las clases populares de la ciudad.

Además, la presencia de empresas extranjeras en el país también generó núcleos de obreros que experimentaron duras condiciones de explotación, pues durante el mandato de los presidentes de la hegemonía conservadora, se incentivó la inversión extranjera y con ella, un sistema de explotación laboral que inició las primeras protestas obreras.

Las políticas tendían a dinamizar la economía, reproduciendo dinámicas clientelistas, como fue el caso de las concesiones petroleras a empresas como la Tropical Oil Company de Barrancabermeja, o la injerencia por parte de la United Fruit Company en el Magdalena Medio, que en diciembre de 1928, mismo año de la huelga de telefonistas, masacró a los trabajadores que habían organizado una huelga para solicitarle mejores condiciones laborales a la empresa.

La lucha de la mujer por sus derechos laborales

Postal de las mujeres telefonistas en 1923. Foto archivo El Gráfico

La empresa de teléfonos de la capital del país no fue la excepción a la protesta. El servicio telefónico de la ciudad de Bogotá se había establecido el 21 de septiembre de 1881, y se limitaba a comunicar las dependencias del Estado y el municipio, pues su acceso era muy reducido.

Con motivo de un incendio que tuvo lugar en 1900 en las instalaciones de la Central Telefónica, se dio la quiebra de la Compañía Colombiana de Teléfonos. Tanto la sede como los equipamientos que se lograron salvar fueron vendidos al señor George Odell, quien fundó la nueva compañía The Bogota Telephone Company.

La empresa inglesa abrió sus puertas en 1906, luego de la reconstrucción de sus instalaciones. La Compañía funcionaba bajo un sistema de cobro por suscripción, pero no hubo suficiente demanda entre la población debido a su alto costo.

La General Electric al ver que la Compañía en Bogotá no estaba generando suficientes ganancias, decidió aumentarle el precio de las tarifas de tres a cinco pesos, generando indignación entre el Concejo Municipal que argumentaba la falta de cobertura y las pocas garantías para sus empleadas, pues para el momento en que estalló la huelga, en su mayoría eran mujeres.

Con la llegada de los conmutadores al país, estas operaciones pasaron a ser realizadas por mano de obra femenina. Cabe resaltar que las trabajadoras eran mujeres jóvenes que se adaptaban más fácilmente al trabajo y a la disciplina, y no tenían por qué preocuparse por atender las labores del hogar, ya que en ocasiones no estaban casadas y era más fácil contratarlas.

Por tal motivo, las obreras eran objeto de abusos y malos tratos laborales, especialmente por los bajos salarios que ganaban, la humillación por parte de sus jefes, las extensas jornadas de trabajo y el injusto sistema para obtener permisos y ascensos. Como resultado de lo anterior, esto traería consigo la primera manifestación a cargo de un grupo de mujeres que, cansadas de su situación, alzaron su voz y protestaron por un cambio y mejoras dentro de la telefonía.

La huelga

El 13 de junio de 1928 estalló la huelga en la empresa. Entre sus demandas y reclamos estaban las pésimas condiciones de trabajo como las descargas eléctricas que recibían de los conmutadores; los bajos sueldos del personal femenino; el trabajo nocturno y el día por 35 pesos mensuales; exigiendo garantías para no ser “echadas”; el cobro de 50 centavos por error cometido en el uso de las máquinas, y que no les pagaran oportunamente.

En un principio, la empresa dudaba del carácter organizativo de sus empleadas, las creía incapaces de que emplearan métodos de lucha y protesta proletaria como la huelga o el boicot, por lo que se hizo sorda a sus reclamos. Sin embargo, cuando la huelga finalmente estalló y, al tratarse de un paro realizado exclusivamente por mujeres, despertó mucho interés entre la gente.

Las huelguistas recibieron apoyo por parte de sus otros compañeros de trabajo y también la solidaridad de la comunidad que, si bien se vio afectada por la suspensión del servicio telefónico, les prestaron un fuerte apoyo acudiendo a los sitios de concentración, repartiendo carteles por toda la ciudad y liderando campañas de suscripción para aportar económicamente a la huelga.

Ante la negativa de The Bogota Telephone Company de aceptar el pliego de peticiones de las telefonistas, estas nombraron a Jorge Eliécer Gaitán como su abogado y representante, con la firme intención de negociar con las directivas de la Compañía y llegar a un acuerdo que las beneficiara. Pero sólo cuando se paralizó su red de comunicaciones y los bogotanos reaccionaron solidariamente con el movimiento, la empresa se dispuso a negociar el conflicto.

Con la prisa por recuperar el control de las comunicaciones de la ciudad y antes de que las cosas se complicaran, con la posible amenaza de un paro general, la empresa accedió a aumentar los salarios y mejorar sus condiciones. Sobre esta base, tres días después, el 16 de junio, se firmó el convenio que ponía fin a la huelga en la oficina del abogado de la empresa y se reanudó el servicio telefónico.

Esta huelga ha sido poco documentada, pero nos permite analizar la situación del trabajo femenino en aquella época y nos invita a conocer más sobre las luchas gestadas por las mujeres en la ciudad de Bogotá. Experiencias que sin duda, aportan mucho a nuestra reivindicación social y emancipadora.

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