La Habana: A ritmo de mambo

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La Mesa de La Habana va a ritmo de mambo”, dijo Jesús Santrich de la delegación de paz de las FARC-EP, para definir el funcionamiento de los diálogos de paz en la capital de Cuba.

Baile de Mambo 23

El comunicado conjunto No. 9, suscrito por ambas partes y divulgado al término de la segunda ronda del año, el pasado 24 de enero, plantea un hecho importante: “En el marco de la discusión del primer punto de la Agenda -Política de Desarrollo Agrario Integral, con enfoque territorial- se abordó el análisis exhaustivo del punto de acceso a la tierra, apareciendo aproximaciones entre las delegaciones en lo que tiene que ver con erradicar la pobreza rural y lograr una transformación de la realidad del campo a través de programas integrales que democraticen el acceso a la tierra, que sean sostenibles, que regularicen y den seguridad jurídica a la propiedad y que aseguren bienestar al mayor número de campesinos y población rural”.

Es un paso positivo, pero no puede llevar al engaño que la mesa está al borde de un acuerdo sobre el primer punto de la agenda. Subsisten diferencias en puntos clave: La concentración de la propiedad sobre la tierra (no la propiedad como aseguran de mala fe algunos medios y analistas de la derecha). Se trata es de la democratización del acceso a la tierra, acabar con las tierras ociosas en manos de terratenientes y latifundistas y de corregir la aberración de los ganaderos que tienen 40 millones de hectáreas de las mejores tierras dedicadas a la ganadería extensiva. También hay diferencias en el uso de la tierra y de cómo llegar a la soberanía alimentaria y, por supuesto, en la definición de territorios y regiones azotados por la expoliación de las transnacionales y del saqueo de las riquezas naturales minero-energéticas. Por citar solo algunos que demandarán tiempo y paciencia para acercarse a coincidencias concretas.

Propuestas y creatividad

El comandante de las FARC-EP, Timoleón Jiménez, dijo en la entrevista para VOZ de la semana pasada que tuvo bastante repercusión nacional e internacional, refiriéndose a los inamovibles oficiales, que “dicha posición está sujeta a cambios en el curso de las conversaciones. Para eso es una mesa de diálogo. Nosotros podríamos partir de exigir el poder o la extinción total de la gran propiedad rural, que siguen siendo parte de nuestras metas, pero sabemos que de ese modo no llegaríamos a ningún lado”. Agregaba el dirigente de las FARC que “el Gobierno debe tener compromisos políticos y pactos de lealtad con intereses muy poderosos en el campo, sin embargo, ellos no pueden constituir la exclusiva guía para su conducta”.

Este cuadro refleja la complejidad del proceso, con mayor razón el ritmo de mambo que le impone el Gobierno Nacional, porque tiene una táctica absurda, que por lo menos descubre tres libretos diferentes: Unos voceros que hablan en La Habana con aparente coherencia aunque con inamovibles, parte de las concesiones a los enemigos de la paz; un Ministro de Defensa y unos mandos militares dedicados a la guerra, a la campaña belicista sin respaldo al proceso de paz; y unos ministros desbocados para atacar a las FARC y cuestionarlas desde un punto de vista político, apoyados en los medios en campañas de desprestigio y descalificación. El caso más patético es el de Juan Camilo Restrepo, ministro de Agricultura, dedicado a mostrar a la guerrilla con estadísticas sesgadas como la responsable del mayor índice del despojo a los campesinos, con el coro de la “gran prensa” y de organizaciones provocadoras de “víctimas” que nadie conoce.

Es preocupante que el Gobierno se presente al menos con tres libretos y con poca cohesión, amén que todo el Establecimiento no apoya al presidente Santos en el proceso de paz. Es el mayor peligro para la estabilidad de la mesa y la principal amenaza para abortar un proceso que ha despertado enorme interés entre los colombianos y la comunidad internacional.

Esta semana, el 31 de enero, se reanuda la mesa de La Habana, ojalá el Gobierno supere los inamovibles y asuma una posición propositiva, más allá de oponerse a toda discusión. Vuelve el ritmo que llevó al fracaso anteriores diálogos con las FARC, nada está sujeto al debate y al diálogo. “Nada es negociable” para la oligarquía. Entonces que digan “qué carajo es lo negociable”, como dijo Manuel Marulanda en el Caguán. Los aportes se pueden enviar a
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