domingo, junio 23, 2024
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La explosión del modelo neoliberal

María Monsalve*

Desde hace cinco años los países capitalistas desarrollados de Occidente están incursos en una crisis de acumulación tan severa que han dado al traste con el producto, el empleo y la calidad de vida de las viejas y las nuevas generaciones.

Las recetas del FMI conducen al subconsumo y prolongan la crisis.
Las recetas del FMI conducen al subconsumo y prolongan la crisis.

Esta crisis del capital es singular en tanto que es el producto de las decisiones de política económica adoptadas desde la década del 70 del siglo XX, cuando irrumpió la doctrina neoliberal con sus postulados de menos Estado y más mercado. La desregulación y el libertinaje especulativo al que se destinaron los recursos productivos llevaron a la crisis y pusieron en evidencia que la fe ciega en los mecanismos de mercado para evitar las crisis recurrentes del capital no era más que vana ilusión.

La mayor ironía reside, sin embargo, en que Europa está demostrando que fue un pésimo aprendiz de la dura experiencia latinoamericana de los años 80, cuando el FMI y el Banco Mundial aplicaron el doloroso recetario neoliberal a los endeudados e hiperinflacionarios países de la región. Al igual que entonces,estos organismos les están exigiendo a los países periféricos del Viejo Continente medidas de ajuste estructural, la contracción del gasto público social, salvamentos a la banca privada y la descarga de la crisis sobre las masas trabajadoras (Ver: El consenso de Washington).

Este conjunto de medidas, de manera invariable, lleva al subconsumo y prolonga la crisis, y obliga de paso a la realización externa de la plusvalía nacional. De ahí la urgencia de Occidente en la firma de los TLC y la concreción de bloques económicos dóciles con los países latinoamericanos que siguen el juego neoliberal. Pero este comportamiento entreguista de las burguesías nacionales ha empezado a pasarle las cuentas de cobro correspondientes a décadas de represión salarial y explotación inadmisible de todas las fuentes de enriquecimiento individualista.

El caso colombiano

El presidente Santos y su equipo de gobierno asisten asombrados a la explosión del modelo. Pues mientras persisten en su profundización mediante reformas lesivas a los intereses vitales de la población y favorables al gran capital, los trabajadores elevan sus reclamos y los productores acuden a las vías de hecho en un intento desesperado para salvaguardar las menguadas tasas de ganancias de sus inversiones. Detrás de los cafeteros, los cerealeros, los floricultores y los paperos, vendrán otros sectores a plantear sus querellas en contra de las lesivas secuelas de los TLC.

Por eso, en una acción de política impensada para los destacados alumnos de la escuela de Chicago, el gobierno ha tenido que recurrir a medidas proteccionistas como la elevación de aranceles, la cesión de una parte de los recursos públicos con destino a los subsidios agrícolas, y políticas de impulso al crecimiento sectorial como el PIPE, que hace dos décadas fueron abandonadas en la hoguera de la libre competencia del comercio internacional.

El problema distributivo

El problema central de la economía comprende además de la producción de las mercancías y servicios, la distribución del excedente social que se genera en el proceso productivo. Los dueños del capital y el Estado guardián de sus intereses han sentado las bases de la acumulación actual en la sobreexplotación de los trabajadores a través la flexibilización laboral, la represión sindical y la reducción salarial. Apenas han pasado por alto que el núcleo de la supervivencia del capital es el consumo de masas.

El desempleo abierto, el alto subempleo y los bajos salarios impiden la satisfacción plena de las necesidades básicas en las economías de mercado, donde las familias deben proveer con los ingresos del trabajo el acceso a los derechos básicos de alimentación y nutrición, salud, educación, vestuario, vivienda y servicios públicos, a la vez que ven limitado de manera considerable el acceso a otros bienes como la recreación y la cultura.

De manera que la producción capitalista nace escindida en clases. Con bienes durables de alta tecnología y costos cuyo consumo es accesible para unos pocos y bienes de consumo inmediato que apenas sí pueden adquirir sus demandantes. Esta es la contradicción que reproduce la voracidad acumulativa del capital en el sistema global, y que prolongará aun más la fase de descenso del ciclo económico.

Más le valdría al país que el gobierno reconociera de manera abierta el fracaso del modelo e incluyera, como corresponde a una democracia, un debate abierto con la sociedad y en el proceso de paz sobre el camino a seguir que más convenga al desarrollo económico, social y ambiental de los colombianos.

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