“La dialéctica del amo y del esclavo en Hegel”, de Alexander Kojeve

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Si la realidad humana es la historia universal, esa historia es la interacción entre tiranía y esclavitud: la “dialéctica” histórica es la “dialéctica” del amo y el esclavo. Esta evolución deja expuesta la desigualdad de las autoconciencias.

Alexandre Kojeve
Alexander Kojeve

Rubiel Vargas Quintero

Hegel utiliza conceptos de evidente origen histórico (los de “señor” y “siervo”, “amo” y “esclavo”), el problema analizado está en la realidad y el papel que de ella desempeña el trabajo en la formación y constitución del hombre y de su autoconciencia – sujeto, que parte de un análisis rigurosamente histórico. Quiere dar cuenta en que emerge el sujeto – autoconciencia, del fondo natural, la mediación de la inmediación, su objetivo es encontrar la lógica de la historia, el despliegue histórico de la humanidad.

Deseo

El hombre es autoconciencia. Consciente de su realidad y de su dignidad humana, y en esto difiere esencialmente del animal, que no supera el nivel de simple sentimiento de sí. Dos autoconciencias que plantea el origen de la historia, de las relaciones sociales. Se inicia cuando se enfrentan dos deseos. El deseo humano desea el deseo del otro, desea que el otro lo reconozca. El animal desea cosas naturales, que las destruye, se las come. La conciencia es deseo, la saca de la eminencia, conciencia como interioridad, es una conciencia hacia afuera.

Hegel parte de la noción de “deseo”. El deseo presupone una carencia, un vacío a ser llenado, y un impulso hacia un “otro” donde el primero logrará satisfacción en la identidad consigo mismo y el segundo al mismo tiempo es tortura, es acción que satisface al deseo y lo hace por negación, transforma el objeto deseado, crea una realidad subjetiva, un yo cosificado.

Hegel utiliza dos tipos de deseo: el animal (donde el goce inmediato del objeto deseado destruye la objetividad de este), el yo animal tiene una función en un objeto natural, no se revela a él mismo, jamás llegará a la autoconciencia y el deseo propiamente humano, que es el del reconocimiento. Para que haya deseo humano es indispensable la pluralidad de deseos. Se enfoca hacia el mundo de la praxis histórica en Hegel, la relación de las autoconciencias – los sujetos, y donde cada una de ellas encuentra su verdad. La historia humana es la historia de los deseos deseados. Por eso la realidad humana solo puede ser social a diferencia del deseo animal, que constituye un ser natural, sólo viviente, y que no tiene más sentimiento que el de su vida.

Reconocimiento

Todo deseo humano, de la realidad humana, se ejerce en función del deseo de “reconocimiento”. Desear que el valor que yo soy o que “represento” sea el valor deseado por ese otro: quiero que él “reconozca” mi valor como su valor, quiero que él me “reconozca” como un valor autónomo. Quiere decir, que el hombre no es humano sino en la medida en que quiere imponerse a otro hombre.

El reconocimiento es aquello que define a la autoconciencia pues ella solo es en sí misma, en tanto es reconocida por “un otro” que le sucede lo mismo, es decir, solo puede relacionarse consigo misma mediante su relación con otra. Las autoconciencias “se reconocen como si se reconocieran recíprocamente”, en el interior de una totalidad en relación. Hegel entiende la relación como un silogismo, cada conciencia cumple el papel de un extremo en sí misma, en un término medio para con la otra, que solo puede reconocerse a sí misma habiendo pasado por el reconocimiento de la otra.

El origen de la autoconciencia implica hablar de una lucha a muerte por el reconocimiento. Cada autoconciencia-sujeto es parte de una totalidad -sociedad, en la que adquiere sentido, la totalidad es entendida por Hegel como un “entrelazamiento” o una “interrelación”. En esta relación se desarrolla una lucha a muerte entre las autoconciencias. Que la lucha sea a muerte significa que cada autoconciencia debe estar dispuesta a renunciar a la vida, debe tener miedo del otro, corriendo el riesgo de perder su existencia meramente singular, con miras a la satisfacción de su deseo de reconocimiento.

Origen histórico

Para esto Hegel recurre a dos figuras de origen histórico: el señor y el siervo, o el amo y el esclavo. Por ello el primero impone su dominio sobre el segundo, el reconocerlo sin ser reconocido por él, trata de suprimir al otro afirmándose, suprimiendo al otro, que ha quedado atado a su existencia singular, ante el temor de la muerte, debe abandonar su deseo y satisfacer el deseo del otro y en consecuencia ha quedado reducida a su pura negatividad absoluta. “Reconocer” así implica “reconocerlo” como amo y reconocerse y hacerse reconocer como esclavo del amo. El amo por su lucha ya es humano, mediatizado tanto por las cosas, es decir el objeto cosificado del deseo y por la conciencia-esclavo, que se solidariza con las cosas de las cuales depende.

La mediatización cumple un papel diferenciado entre el amo y el esclavo, el amo se relaciona con la cosa por el esclavo, que la niega, la destruye, la consume se satisface en el goce. El esclavo se vincula con la cosa de manera negativa, la suprime, para él la cosa es autónoma, el no hace más que transformarla por el trabajo. La materia prima la prepara para el consumo, pero no la consume él mismo.

Solo si se pone en juego la vida se conserva la libertad y el siervo no ha podido por angustia y temor ponerla en juego, entonces no será libre y estará subordinado como conciencia con carácter de coseidad al dominio del señor. Pero, está dispuesto al cambio; en su mismo ser es cambio, trascendencia, transformación; es devenir histórico desde su origen. La mediación del amo la hace a través del trabajo del esclavo, es libre frente a la naturaleza, está petrificado en su dominio. Para el esclavo la mediación es el trabajo, el trabajo es una forma de liberarse en un devenir autónomo verdadero, es la fuente de todo progreso humano, social, histórico, la libertad humana.

Si la realidad humana es la historia universal, esa historia es la interacción entre tiranía y esclavitud: la “dialéctica” histórica es la “dialéctica” del amo y el esclavo. Esta evolución deja expuesta la desigualdad de las autoconciencias. Entidad-reconocida y entidad-reconocedora, realidad esencial y objeto cosificado absoluto.

El dominio del señor al esclavo lo coacciona y obliga a cumplir un servicio, el trabajo. Esta inmediatez, no es reproducida por un proceso activo creador, es una entidad particular y aislada. Lo distinto existe para el amo como objeto cosificado privado de la realidad esencial, es reconocido con carácter negativo. El esclavo deviene en amo de la naturaleza, en primer lugar era esclavo de ella, pero solidarizándose con ella y subordinándose a sus leyes por la aceptación del instinto de conservación. Al devenir por el trabajo, amo de la naturaleza, se libera por lo tanto de su propia naturaleza. Al liberase de la naturaleza, el trabajo lo libera de sí mismo, y lo libera del amo.