La carestía de los alimentos

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Foto: pargo via photopin (license)

Nuestro país no tiene industria nacional, no tiene una producción de bienes y servicios para garantice la supervivencia del país ante una situación extranjera que ponga en riesgo nuestra seguridad alimentaria.

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Colectivo La Trocha

Ahora estamos viendo cómo crece el costo de los alimentos en Colombia. El plátano por libra antes costaba $700 ahora está a $900. La lata de sardinas que costaba en los graneros o las tiendas mayoristas $1800 0 $1700 la unidad ahora cuesta $2000 o $2200, y en las tiendas de barrio está a $2400 0 $2500. Lo mismo sucede con el arroz y los huevos que son productos de la Canasta Básica Familiar. Ya no se puede comprar el mismo número de artículos con $50.000 como se hacía antes.

Esta situación de inflación se debe a distintos factores que son temporales, pero el factor esencial es la estructura económica de Colombia: una economía capitalista neoliberal basada en el extractivismo y el monocultivo. Nuestro país no tiene industria nacional, no tiene una producción de bienes y servicios para garantice la supervivencia del país ante una situación extranjera que ponga en riesgo nuestra seguridad alimentaria.

La economía del monocultivo se está apoderando de la industria alimentaria del país. Ya no existe la diversidad de producción que solía existir. Las familias campesinas han sido desplazadas por la violencia o las transnacionales. Con una economía extractivista y de monocultivo Colombia se encarga de exportar materias primas, mientras importa productos procesados. El Estado colombiano está creando leyes que cada día deterioran la economía campesina, exigen al campesino pobre utilizar maquinaria, herramientas, pesticidas o normas fitosanitarias de alto costo.

A los campesinos no les alcanza para comprarlas. Una de las últimas exigencias del Estado, tipificada en el decreto 790, exige a los campesinos comprar semillas certificadas, ya no pueden seguir utilizando las semillas obtenidas en cada cosecha. Esto pone en riesgo la deteriorada economía familiar, la llamada UAF (Unidad Agrícola Familiar). En últimas instancia a las familias campesinas les cuesta más producir alimentos.

En otros países hay más facilidades para la agricultura: los alimentos se producen donde el coste es menor y se venden donde la demanda es mayor (Aranguren). En Colombia se está importando toneladas de alimentos que perfectamente podemos producir porque el costo de producción es mayor, ante la carencia de producción de alimentos, se deja al país vulnerable ante las fluctuaciones del mercado mundial.

El monocultivo tiene otra cara igualmente negativa: grandes cantidades de alimentos se utilizan para producir biocombustible. Estos biocombustibles se producen en fábricas apostadas en Colombia o en fábricas en otros países a donde se envía la producción de algún alimento que sale del suelo colombiano. “Para la gran industria alimentaria y para sus financieros, los alimentos han dejado de ser una necesidad, su producción se ha desligado de su carácter de sustento, se han convertido en una mercancía más”, esto dice el ensayista Felipe Aranguren.

A esta carencia de alimentos se suma el paupérrimo salario mínimo en Colombia, que no alcanza para mucho, por eso vemos como la gente después de trabajar doce u ocho horas en una empresa, instalan en su casa una venta de comida en las noches, o de chance, o de cualquier cosa: el rebusque.

Un salario no alcanza para mucho, quizás para pagar el arriendo de una vivienda en un estrato 2 o 1 que cuesta entre $250.000 a $300.000 (o las hay de 150 en pésimas condiciones), y con eso se le va la mitad del salario, $200.000 más para pagar servicios (Tv, internet, teléfono, agua, electricidad, gas) y le quedan al ciudadano unos $125.000 pesos, con eso logra comprar algo de arroz, yuca y huevos, el resto se lo da al hijo para el descanso del mes. Es indiscutible la grave situación en la que se encuentra nuestro país.

No obstante, las personas aseguran con beneplácito que el trabajo es bueno a toda hora, que somos gente trabajadora. No somos gente trabajadora per se, las condiciones nos han obligado a trabajar todo el día para poder sobrevivir: si no trabajamos nos morimos de hambre. El expresidente Álvaro Uribe fue uno de los que ayudó a introducir en la consciencia del individuo el lema “trabajar, trabajar y trabajar”.

Este lema fue una preparación psicológica para los colombianos, de esta manera el entonces presidente pudo reformar el Estatuto del trabajo (Código Sustantivo del Trabajo) a su antojo, quitar pago de horas extras y primas, seguridad social y las vacaciones que tenían muchos empleados y que ahora solo disfrutan los trabajadores que han luchado por impedir que les quiten lo que han ganado. Además, el lema fue una preparación paras las consecuencias del neoliberalismo en Colombia.

1— Una de las razones más importantes del paro campesino fue la petición al Estado de que ayudara a las pequeñas familias que aún siguen sembrando alimentos. La falta de créditos adecuados, la carencia de vías de transporte y la falta de apoyo al mercado campesino los llevo al parar en 2013. Hoy siguen esperando respuesta.

2— El negocio de las semillas deja muy mal paradas a las familias en términos económicos, mientras beneficia a las dueñas de las patentes en semillas: las corporaciones como Monsanto y otras.

3— Las familias campesinas que no aguantan su situación llegan a las ciudades para llenar los cordones de miseria, mientras que las que se quedan tienen que sembrar coca que se vende más cara, lo que les facilita quedarse en sus fincas.

Agencia Prensa Rural