Al hacer explícito en su concepto que la economía no es la apariencia fetichizada del mundo objetivado de las cosas, supera un debate que hasta hoy permanece, al tiempo que brinda al marxismo un campo fecundo en la interpretación de las sociedades precapitalistas.

Miguel C. Espinosa Ardila y Alejandro Blanco Zúñiga
El estudio de las sociedades precapitalistas ha supuesto un campo de batalla entre tres corrientes que intentan develar su funcionamiento. Modernistas, primitivistas y marxistas se han enfrentado desde finales del siglo XIX, y aun estando en el XXI, el debate parece no estar resuelto de forma satisfactoria. A pesar que los suscritos se centren en la Antigüedad grecorromana, estos apuntes tienen, en sentido general, una validez que la hace extensible a las demás sociedades precapitalistas.
Categorías
El punto central en el debate es si las categorías analíticas y concepciones de nuestro tiempo son adecuadas para interpretar las categorías históricas que nos presentan las fuentes. Quienes así lo afirmaban eran llamados modernistas, y llegaron a tal punto de usar, no solo acríticamente el andamiaje conceptual moderno, sino, además, concepciones a nivel general, hablando, por ejemplo, de capital, trabajo asalariado, revolución, etc., como existentes en la Antigüedad. Un ejemplo de ello es el historiador Eduard Meyer, quien dijera que los “siglos VII y VI de la historia de Grecia corresponden a los siglos XIV y XV d.C., en la trayectoria de la historia moderna, y el V [a.C.] al XVI [d.C.]”[1. Meyer, Eduard. El historiador y la historia antigua. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1955. p. 95.]. Contrario a este bando, los primitivistas restringían conceptos y concepciones modernas a la hora de interpretar estas sociedades, prefiriendo no traducir las categorías históricas[2. Kula, Witold. Problemas y métodos de la historia económica. Barcelona: Ediciones Península, 1977, p. 379. Kula los llama “pietista”.]. Los marxistas, por último, no hicieron aportes dignos de superar el debate, ubicándose, en el mejor de los casos, en el campo modernista (hay que excluir los esfuerzos de los neomarxistas italianos del Gruppo di studio di antichistica, y, el Communist Party Historians Group, del Partido Comunista de Gran Bretaña, aunque éstos no se dedicaron a la Antigüedad).
Dentro del debate hay un tema, cuya solución representaría, si no la superación del estancamiento, por lo menos un gran avance, y, debido a su importancia, se abordará la discusión en torno al concepto de economía.
Un descollante historiador como Moses Finley, en su lucha contra los modernistas, cayó preso en una confusión aterradora. El término economía, en su sentido moderno, es intraducible al griego o latín; en efecto, cuando Aristóteles utiliza en la Política, 1253b, 2, el término “οικονομία” (oikonomía), no se refería a otra cosa que a la administración del oikos, del hogar. Por ello, el término es traducido por Manuel García Valdés por “administración doméstica”[3. Aristóteles. Política. Madrid: Editorial Gredos, S.A., 2008. p. 53.], Antonio Gómez Robledo por “régimen familiar”[4. Aristóteles. Política. 2° Ed. México D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México, 2000. p. 5.] y Carlos García Gual junto con Aurelio Pérez Jiménez por “administración de la casa”[5. Aristóteles. Política. Barcelona: Atalaya, 1993. p. 45.]. Moses Finley, por las dificultades de traducción del concepto, en su libro La economía de la antigüedad[6. Finley, Moses. La economía de la antigüedad. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 2003. p. 94.], toma al pie de la letra una definición de sistema económico de Eric Roll (“Así pues, si consideramos el sistema económico como un conglomerado enorme de mercados independientes, el problema central de la investigación económica estriba en la explicación del proceso de cambio, o más concretamente en la explicación de la formación del precio”[7. Roll, Eric. Historia de las doctrinas económicas. Bogotá: Fondo de Cultura Económica, Ltda., 2003. p. 365.]), para luego negar que exista la economía en ese sentido (moderno) en la Antigüedad grecorromana. A costa de una gran confusión, Finley acierta en un punto: en negar ese sentido moderno de la economía.
La labor de los historiadores marxistas, en este punto, es superar la conciencia ideológica de la sociedad capitalista, que concibe como eternas las formas históricas de la objetivación del hombre, y, por ello, esas formas transitorias, capitalistas, aplicables a la Antigüedad. La superación de la ideología, y, por tanto, de la forma fechitizada de la economía, permite comprender lo que realmente es. Karel Kosik comprende la problemática con absoluta claridad: “La economía no es sólo producción de bienes materiales, sino también la totalidad del proceso de producción y reproducción del hombre como ser humano-social. La economía no es solo producción de bienes materiales, sino también, y al mismo tiempo, producción de las relaciones sociales en el seno de las cuales se realiza esta producción”[8. Kosik, Karel. Dialéctica de lo concreto. México D.F.: Editorial Grijalbo, S.A., 1967. p. 209.].
Así, la economía no es el “mundo objetivado del movimiento social de las cosas”[9. Ibíd. p. 210.], sino su opuesto: el mundo objetivado de los hombres y de sus productos sociales. Los primitivistas parten de este concepto fechitizado de economía, que hace ver las relaciones sociales como relaciones entre cosas, y, al aplicarlo a la Antigüedad, comprenden que las categorías históricas expresan una realidad distinta de la moderna, conduciendo necesariamente a negar el concepto de economía. En efecto, para usar el ejemplo de Aristóteles, no es que no exista economía porque el Estagirita se refiera con ello a la administración del hogar, sino que ésta no adquiere la forma autónoma y compleja de la sociedad capitalista. Respecto a los modernistas, no sólo parten de esa fetichización, sino que, además, lo utilizan acríticamente (por ejemplo, cuando encuentran capital en la Antigüedad). El concepto de Karel Kosik, auténticamente marxista, permite superar el debate, y, además, penetrar en la forma histórica, tanto del capitalismo como de las sociedades precapitalistas. Vale la pena recordar que Georg Lukács acierta al afirmar que en estas sociedades, las categorías económicas se entrelazan con las jurídicas, contrario a la pureza en la que se manifiestan en el capitalismo[10. Lukács, Georg. Historia y consciencia de clase. Vol. I. Barcelona: Ediciones Grijalbo, S.A. p. 125.].
Karel Kosik, al hacer explícito en su concepto que la economía no es la apariencia fetichizada del mundo objetivado de las cosas, supera un debate que hasta hoy permanece (ha perdido, ciertamente, intensidad), al tiempo que brinda al marxismo un campo fecundo en la interpretación de las sociedades precapitalistas. Su concepto devela el carácter histórico de la producción de los hombres, y se ubica desde una perspectiva de la totalidad sistémica[11. Fernández Ríos, Olga. El método de Marx: claves de la epistemología emancipatoria. En: Rivera Monsalve, Magda (ed.) El pensamiento de Marx en el Siglo XXI. Bogotá, D.C.: Teoría y Praxis, 2015. p. 122.]: la economía no es la forma autónoma que asume en el capitalismo, ni la forma entrelazada manifestada en las sociedades precapitalistas, sino, por el contrario, el proceso de objetivación del hombre y de sus productos sociales, que varía históricamente. El andamiaje conceptual y el edificio teórico del marxismo se revela como el único capaz de interpretar real y críticamente el funcionamiento de estas sociedades (y con mayor razón, de las capitalistas), al alejarse de los conceptos ideológicos.