Ituango (Antioquia): El oro que ya no verán

0
516
Los barequeros fueron echados a la carretera con lo poco que pudieron sacar de sus casas. Foto Movimiento Ríos Vivos.

Fuerza Pública e Hidroituango desalojan a barequeros del río Cauca

Los barequeros fueron echados a la carretera con lo poco que pudieron sacar de sus casas. Foto Movimiento Ríos Vivos.
Los barequeros fueron echados a la carretera con lo poco que pudieron sacar de sus casas. Foto Movimiento Ríos Vivos.

Bibiana Ramírez
Agencia Prensa Rural

Cuando despertaron, los barequeros de la playa La Arenera, en Ituango, tenían a la Policía encima. El Ejército los vigilaba de lejos. Ya se cumplía el desalojo por EPM para seguir con las obras de Hidroituango. En aquella playa van a construir una base militar y así ajustar siete en el cañón del Cauca.

Eran las 5:30 am del viernes 20 de marzo. Los 81 barequeros que quedaban en la playa se preparaban para su día de trabajo, pero encontraron la sorpresa de tener que abandonar sus casas para siempre. Cuatrocientos vivían allí, pero el desalojo ha venido reduciendo el número. Ahora no quedará ninguno. Más tarde empezó a llegar EPM, con inspector, comisario, Procuraduría, Defensoría del Pueblo, que, según Oliva, líder de los barequeros, “no vino sino de bonita, porque se quedó en la carretera y no entró hasta la playa a ver quiénes éramos, cuántos, ni nos miraba a los ojos”.

La misma Oliva cuenta que llegaron con una actitud “altanera”, tratando de provocarlos. También estuvo el periodista de Teleantioquia Wilson Cartagena, señalándolos con la cámara, hostigándolos y diciendo que eran obligados a oponerse. Luego sale la nota en el canal diciendo que los barequeros lo habían maltratado. Todo un juego contra unos seres que solo tratan de sobrevivir a la violencia que los arrincona.

Derechos vulnerados

El 7 de marzo viajó una comisión de verificación a la playa para investigar las condiciones en que se encuentran los barequeros. Desde principios de este año habían sido avisados del desalojo, pero nunca les dijeron la fecha.

Se recibieron denuncias sobre violaciones al derecho a una vida digna, al mínimo vital, al trabajo, a la libertad de locomoción, a la libre expresión, la libre asociatividad, a una vivienda, al debido proceso, a un ambiente sano, a la intimidad, a la integridad física y a la seguridad.

La Fuerza Pública infringe el derecho internacional humanitario en este territorio, especialmente el principio de distinción, con bloqueos económicos, empadronamientos, hostigamientos y restricciones excesivas a la población civil.

Llega la incertidumbre

El día del desalojo, les dan a los barequeros tres horas para que salgan “a las buenas o a las malas”. La gente insistía en que hicieran un listado de quienes allí habitaban y les dieran más tiempo. EPM prometió prestarles tres buses para que salieran de la zona, darles un kit de alimentación y atención médica.

Cuando ya estaban todos en la carretera y se hacía tarde, les dijeron que cada bus iba para un pueblo diferente. Los barequeros, que llevan un tiempo organizados en el Movimiento Ríos Vivos, no permitieron que los dividieran. EPM entonces se llevó los buses junto con sus promesas y las entidades que son del pueblo.

Ya era de noche y todos en la carretera con sus cosas, esperando, sin poder regresar porque sus casas fueron derribadas. Más tarde, llegaron unas volquetas del municipio de Ituango y los llevaron hasta allí. Ahora están todos en la casa campesina, hacinados, sin ningún panorama para resolver sus vidas en adelante. Allí ya habían llegado otras 45 familias también desalojadas del cañón. La mayoría son víctimas del conflicto que se ha vivido en el norte de Antioquia con el fin de hacer el megaproyecto y acabar con la memoria de un oficio practicado por los indígenas, que también desaparecieron a la fuerza.