Gloria Inés

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Foto Ministerio del Trabajo

Violeta Forero
@Violeta_Forero

Literalmente salté y grité de alegría cuando el presidente Gustavo Petro designó a Gloria Inés Ramírez como la ministra de Trabajo en el gobierno del cambio. Faltaba un día para la posesión. Estábamos preparando el cubrimiento para lo que sería la transmisión de mando en un ambiente que combinaba emocionalidades difíciles de explicar.

Toda nuestra existencia luchando para que llegara el momento, la oportunidad para hacer posible lo imposible y el compañero presidente nos sorprende con su decisión que sea una comunista la que lidere la emblemática cartera. Increíble.

Sabíamos que, en la búsqueda de su equipo de trabajo, a Petro le gustó el nombre de Gloria Inés. Habían sido colegas en el Congreso de la República en una época cuando el Partido Comunista y el por entonces senador tenían profundas diferencias al interior del Polo Democrático Alternativo. De hecho, también supimos que el compañero presidente preguntó por su número telefónico y que habían tenido un par de conversaciones. El resto era reserva del sumario.

Finalmente, el compañero presidente se decantó por nuestra camarada Gloria Inés. Una vez se conoció la noticia sentimos una felicidad individual y colectiva que seguramente compartió la persona que lee esta columna.

Felicidad colectiva por muchas razones. Es un espaldarazo al trabajo político del Partido Comunista que durante casi un siglo ha forjado y representado a la clase trabajadora del país en múltiples, épicas y a veces trágicas jornadas populares en la conquista por sus derechos. También pienso en muchos nombres de camaradas que se dejaron la piel por la causa de la clase obrera. Es un homenaje a sus vidas.

Asimismo, es un reconocimiento a las revolucionarias y al departamento de mujeres del Partido, que Gloria Inés ha acompañado decididamente en su rol como militante. Estamos hablando que la nueva ministra no solo es tremenda comunista, sino una convencida dirigente feminista.

Una muestra de ese compromiso es la Ley Rosa Elvira Cely (dispositivo jurídico que tipifica el feminicidio) que ella construyó junto con otros liderazgos al interior del parlamento en sus épocas de congresista. Que ella sea parte del gabinete ministerial es una revalidación que la agenda feminista es estructural para los objetivos políticos del gobierno Petro-Francia.

Finalmente, es una satisfacción colectiva porque una hija del magisterio liderará la cartera donde lo fundamental será defender los derechos de la clase trabajadora. En épocas cuando el Establecimiento y la extrema derecha han hecho de la estigmatización a Fecode un deporte, que una expresidenta del sindicato llegue al gobierno es un triunfo de las valerosas maestras y maestros que todos los días construyen país con las poderosas armas de la enseñanza.

En lo personal, Gloria Inés fue mi primer voto al Senado en 2010 cuando el país era unidimensionalmente uribista, cuando la guerra embriagaba la razón y luchar por la paz era sinónimo de terrorismo. Tiempo después la conocí de cerca y entendí que en ella hay un compromiso abnegado por lograr un país diametralmente distinto al que hasta ahora hemos vivido.

Sin embargo, más allá de los sentimientos que nos produce el nombramiento de Gloria Inés, sin lugar a dudas para el Partido Comunista es una responsabilidad mayúscula. Tenemos que honrar nuestra historia y presente con un trabajo impecable en defensa de la clase trabajadora. Es una oportunidad única en la tierra. Los objetivos inmediatos son derogar la ley laboral de Uribe, recuperar las horas extras y el recargo nocturno, concertar el salario mínimo en beneficio de la gente e impulsar el Estatuto del Trabajo. Estamos seguras que la ministra estará a la altura del momento.

¡Le pique a quien le pique, tenemos ministra bolchevique!