Gira de Obama por Centroamérica: Con el ALCA bajo el brazo

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Obama de gira por Centroamérica.

El gobernante norteamericano planteó un discurso en el que olvida que América Latina ha cambiado y tiene hoy intereses que Washington quiere desconocer. Estrategia norteamericana le apuesta a la desestabilización de la región

Obama de gira por Centroamérica.
Obama de gira por Centroamérica.

Alberto Acevedo

Un ambiente de incertidumbre dejó la reunión que los mandatarios de los países integrantes del Sistema de Integración Centroamericano, SICA, realizaron el 3 de mayo pasado con el presidente de los Estados Unidos Barack Obama, en el marco de su gira por México y Costa Rica.

Aunque el gobernante de la mayor potencia del mundo había anunciado que iba a hacer énfasis en la cooperación económica con la región, modificando su política de militarización de países, bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico y en defensa de la seguridad nacional de los Estados Unidos, lo cierto es que Obama dejó planteados más interrogantes que soluciones.

Frente al problema del creciente tráfico de armas desde la frontera sur de los Estados Unidos, que afecta de manera particular a México, el gobernante norteamericano no dijo una palabra. Tampoco mencionó su propuesta de campaña electoral de cerrar la base de Guantánamo y muy poco fue lo que aclaró sobre la política migratoria de Washington.

En forma casi unánime, los gobernantes centroamericanos inquirieron sobre cuál iba a ser la posición de la Casa Blanca frente al nuevo gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela y la respuesta que encontraron fue silencio total. Estados Unidos, como se sabe, se ha quedado solo en su empeño por no reconocer el nuevo gobierno venezolano, mientras los países centroamericanos no sólo han hecho un reconocimiento expreso sino que muestran interés en adquirir petróleo barato de Caracas, en condiciones mucho más ventajosas de lo que pudiera ser un intercambio de crudo con Estados Unidos.

Patio trasero

Otras inquietudes de los presidentes centroamericanos se quedaron sin respuesta. Y en el caso del presidente panameño, Ricardo Martinelli, un magnate amigo incondicional de la política gringa, cuando éste propuso recibir gas de Norteamérica para impulsar un proyecto en la zona del canal, Obama la respondió con un no rotundo. En general, los problemas particulares de los países del istmo no tienen espacio en la congestionada agenda de Washington.

En cambio, Obama se mostró entusiasmado con la idea de revivir la propuesta del ALCA, sugerida 15 años atrás por el presidente Bill Clinton. Este anuncio, estuvo precedido de las declaraciones del Secretario de Estado, John Kerry, el 17 de abril anterior, en el sentido de que “América Latina sigue siendo el patio trasero” de los Estados Unidos.

El comercio de Centroamérica con Estados Unidos equivale hoy a 40 mil millones de dólares –con un saldo negativo para la contraparte-, lo que en perspectiva puede contribuir a la necesidad de Estados Unidos de incrementar su comercio exterior, enfrentar el estancamiento económico y contrarrestar la creciente influencia del mercado chino en América Latina.

Pero además, revivir un acuerdo de libre comercio similar al ALCA le permitiría a la Casa Blanca enfrentar los bloques de cooperación regional hoy en ascenso, como el ALBA, CELAC, Mercosur y Unasur, optando por la desestabilización de la región y el debilitamiento del bloque de gobiernos de izquierda que se enfrentan a la política imperial de los Estados Unidos.