Frechette se confiesa

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Frechette se confiesa
Gerardo Reyes
Editorial Planeta
263 páginas

Frechette se confiesa

Está en circulación el libro “Frechette se confiesa”, una larga entrevista con el ex embajador de Estados Unidos en Colombia, durante la administración de Ernesto Samper, y parte activa de la conspiración golpista de los militares y la derecha so pretexto del escándalo de la financiación de la campaña por el cartel de Cali, llamado el proceso 8.000. Myles Frechette niega haber sido uno de los “conspiretas” pero es una de las tantas mentiras suyas que contiene el libro del periodista Gerardo Reyes. También cuenta verdades sobre el desfile de “personalidades” por la Embajada, citados por el embajador como si fuera un virrey en una de sus colonias, que llegaban sumisos y lambones a rendirle cuentas y a llevarle chismes. Lo dice Frechette en medio de burlas. Así ha sido siempre y lo es todavía. Una clase dominante sin dignidad.

El libro no es en realidad un best seller. No está bien escrito y mucho menos bien editado. Deja mucho que desear, pero es revelador del nivel de indignidad y de arrodillamiento de la clase dirigente colombiana ante su amo yanqui. La “gran prensa lo ha silenciado” ¿por qué?

Uno de los periodistas de la “gran prensa” que más visitaba la embajada gringa era Mauricio Vargas. De él dice en la página 97: “Mauricio es un excelente periodista, pero es un mentiroso”. Lo repudia porque en una entrevista escribió que Frechette le dijo que “este país es una mierda”. Debió decirlo pero luego lo negó. “Eso nunca se lo dije a Mauricio Vargas”. Le cerró las puertas de la embajada. “Es muy bueno, leo su columna de vez en cuando, pero es un tipo que se inventa vainas”, dice el ex embajador. Con razón la “gran prensa” ha ignorado el libro “Frechette se confiesa” lleno de mentiras pero también de verdades. Es una vergüenza la actitud arrodillada del Establecimiento colombiano. Lo reconoce el ex embajador, es el más pro gringo de América.

Cuenta que siendo gobernador de Antioquia, a Álvaro Uribe Vélez le preguntó sobre su relación con el narcotraficante César Villegas, al que Uribe Vélez nombró en la Aeronáutica como Jefe de expedición de licencias para la circulación de avionetas y aviones privados. Era como poner a un ratón a cuidar un queso. “En Washington no se entendía eso” le dijo con prepotencia. Uribe Vélez se lavó las manos diciendo “que no sabía que Villegas era un torcido”. Estados Unidos tenía claro, desde entonces, quién era Álvaro Uribe Vélez, quien tenía proceso abierto en la DEA. Sin embargo lo aceptó, lo toleró y lo apoyó. ¿Por qué? Porque era un incondicional proyanqui, un “hombre de los gringos”. Hace recordar la frase de algún mandatario estadounidense que aludió a cierto mandatario de una de las consideradas “Banana Republic” en Centroamérica: “es un HP pero es nuestro HP”.