Estados Unidos y Rusia se muestran los dientes

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A pesar de las promesas de no agresión, cada vez más armas y tropas se concentran alrededor de las fronteras ucranianas

Los estrategas militares de la OTAN y del Pentágono parecen vivir en otro mundo. Olvidan que la guerra fría terminó hace décadas y que sus planes de dominio mundial fracasaron estrepitosamente

Alberto Acevedo

Un activo cruce de cartas entre los cancilleres de Rusia, Estados Unidos y la OTAN, promesas mutuas de que ninguna de las partes dará un primer paso en una intervención directa en territorio de Ucrania, pero al mismo tiempo movilizaciones de tropas hacia esa región del mundo, que ponen los pelos de punta a la comunidad internacional frente al peligro de una confrontación bélica, con armas nucleares de destrucción masiva, fueron los signos destacados de la última semana.

La ‘diplomacia de las cañoneras’ tuvo su última expresión en un duro round en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde la representación de Estados Unidos, después de un ejercicio oratorio supremo, pretendió que Rusia retirara sus tropas de la frontera con Ucrania y de otros países vecinos, de la antigua Unión Soviética, se comprometiera a no intervenir en el actual conflicto, mientras Estados Unidos y la OTAN se reservan el derecho a extender sus tropas hasta la frontera rusa, en abierto desafío al equilibrio de la seguridad internacional.

En esas condiciones, la reunión del Consejo de Seguridad concluyó sin tomar una decisión en uno u otro sentido. En cambio, parecen tener más trascendencia, al menos en el aspecto formal, el cruce de cartas entre las cancillerías de las dos potencias, que involucran a la OTAN.

Bajo control de la ONU

El Kremlin envió a la Casa Blanca un paquete de propuestas de ocho puntos centrales, en los que el aspecto medular es buscar que ambas naciones actúen con base en los principios de seguridad indivisible en Europa y no provocar daños a la seguridad mutua.

Pero al lado de esta propuesta, Rusia plantea otros puntos, que se constituyen en líneas rojas: que tanto Rusia como Estados Unidos procuren que cualquier organización internacional, alianza militar o coalición en las que participe una de las partes, respete los principios contenidos en la Carta de las Naciones Unidas. En términos más claros, Rusia hace esfuerzos porque Washington se someta a las reglas de juego de la ONU y no actúe como rueda suelta, sin el control del Derecho Internacional.

Tanto en el pliego de propuestas, como en el debate en el Consejo de Seguridad, y en una carta posterior que el embajador ruso en Washington remitió a la cancillería de ese país, Rusia dice que no va a ceder en su empeño por hacer respetar un acuerdo de 1990 que plantea excluir la expansión de la OTAN hacia el este, particularmente territorios del antiguo bloque de países socialistas, hoy vecinos de Rusia y no desplazar tropas y armamentos a zonas donde se perciban como una amenaza.

Diálogo sin compromisos

El miércoles 26 de enero, Washington respondió por escrito a las demandas del Kremlin, a través de una carta que el embajador norteamericano en Moscú remitió a la cancillería. Desde luego, no se conoció el contenido de la nota, y el diplomático gringo pidió que no se hiciera pública, para que no hubiera un debate abierto que polarizara aún más a la opinión pública.

Sin embargo, pocas horas después, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Anthony Blinken y el secretario general de la OTAN, Jens Stolterberg, cada uno en su escenario, brindaron sendas ruedas de prensa, en las que coincidieron en anunciar que respaldan el principio de puertas abiertas a la OTAN para extenderse a otros países, sin importar que sean vecinos de Rusia. Es tanto como echarle leña al fuego.

La declaración estuvo acompañada de la invitación de la Casa Blanca a los países de Europa y de otras naciones, a que acompañen a las potencias occidentales en su cruzada bélica contra Rusia y desde luego, en los planes de agresión contra China.

Si Ucrania arde…

En sus cálculos de agresión, los estrategas militares de la OTAN y del Pentágono parecen vivir en otro mundo. Olvidan que la guerra fría terminó hace décadas y que sus planes de dominio mundial fracasaron estrepitosamente. O si no que lo digan los resultados de sus incursiones en Libia, Irak, Afganistán, Siria, y ahora Mali.

Rusia e Irán han consolidado recientemente un acuerdo de colaboración estratégica. Putin viajó a India en diciembre pasado y allí firmó con ese país un acuerdo de ‘cooperación estratégica’. India no acepta la invitación de Estados Unidos de integrar una alianza contra China a quien considera su aliado natural.

En este mes de febrero, Putin viajará a China a la inauguración de los Juegos de Invierno, y aprovechará para fortalecer lazos de cooperación militar con el gigante asiático. Si comenzaran las hostilidades en Ucrania, a Estados Unidos le lloverían palos de todas partes. Una mirada atenta a este fenómeno muestra que la red de aliados estratégicos de Rusia comprende a China, India, Irán, es decir, a los países más grandes y más poblados del planeta y de las mejores economías de Asia. Un panorama que pone a pensar.