¡No a la guerra!

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Jaime Cedano Roldán
@Cedano85

Suenan trompetas de guerra ante la inminente posibilidad de una invasión rusa a Ucrania, a pesar de que los rusos insisten en decir que no tienen intención de hacerlo, y en principio habría que creerles, así tengan ganas. Se movilizan tanques, barcos y bombarderos, y en la misma Ucrania, a pesar de que el gobierno diga que todo está tranquilo y que no sienten alarmas invasoras, se montan mediáticas escenas mostrando a la “población civil” preparándose en el uso de armas para defender la patria al precio de la propia vida si fuera necesario.

La ministra de Defensa de España, doña Margarita Robles, se apresura a enviar cazas y buques de guerra a Bulgaria para colaborar con la OTAN a contener la invasión en el Mar Negro. Joe Biden anuncia medio dormido que la invasión rusa será en febrero, después de las olimpiadas de invierno, mientras sueña con que Putin se lance a la guerra para entonces tener una buena bandera patriotera con que unir a su desarticulada nación, mover la industria de la guerra y la del gas, embarcar y entretener a Europa en su lucha contra los rusos, mientras Estados Unidos buscará concentrarse contra China, su enemigo principal que lo supera hoy en todos los terrenos.

Ante estos juegos mediáticos, calculados teatros guerreristas o la locura real de la guerra, se levanta con fuerza el grito de no a la guerra, aunque para algunos este clamor inmensamente humanista sea ahora infantil y anacrónico, como lo dicen algunos sectores políticos en España, tanto de las derechas como del propio gobierno, empezando por su alocada ministra de Defensa.

A los señores y señoras de la guerra no les basta con la crisis pandémica, el desastre ambiental o los desajustes sociales que elevan los pueblos a la hambruna, Colombia de los primeros. No les importa la crisis energética y la económica, menos que los ultra ricos son más ultra ricos y los pobres más pobres. Y ni hablar de que les puedan importar el drama de los refugiados que mueren en el Mediterráneo, en el canal de La Mancha, en la frontera mexicana, las selvas del Darién o en los desiertos.

Se lanzan a la guerra como si fuera una partida de dominó, y un profesor de la Universidad de Sevilla llega a decir en el izquierdista Diario Público, que para España haber participado en las guerras de Bosnia, Kosovo y Afganistán solo le había significado unas pocas bajas, y eso por accidentes. Que los más de dos millones de víctimas entre muertos, desaparecidos y desplazados que hubo en esas guerras no significan nada, si quienes ponen los muertos y mutilados son otros pueblos y no la blanca y otanista Europa. Y sin mencionar las víctimas de la guerra de Iraq, montada sobre una mentira en la que la España de Aznar tiene grandes responsabilidades.

Así que pese a lo que diga la derecha, convoquémonos desde la inmadurez, el anacronismo y el infantilismo a decir alto y fuerte no a la guerra y a repetir con Julio Anguita: “Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen”.

Y sería muy importante que el Pacto Histórico incluyera en su programa, que tiene como eje la paz democrática y transformadora, que su gobierno revertirá esa absurda decisión del ingreso de Colombia a la OTAN.