Esta es la primera de muchas victorias

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Foto Loco Sapiens, en Flickr.

Este 19 de junio se ha consumado lo que será uno de los hechos más importantes de la historia de Colombia: la victoria electoral de una coalición política que representa a los sectores populares, democráticos, alternativos y de izquierda del país.

Esta victoria comenzó a abrirse paso el 13 de marzo, cuando el Pacto Histórico se convirtió en la fuerza parlamentaria más votada; y ahora, tres meses después, el Pacto, en cabeza de Gustavo Petro y la líder afrodescendiente Francia Márquez, con el apoyo de más de 11 millones de colombianos, se convierte en gobierno. Esta es una victoria en las urnas y gestada al calor de la movilización popular.

Tres décadas de un inhumano neoliberalismo llevaron al límite a una sociedad que ya veía posibilidades de cambio con la firma de los Acuerdos de La Habana. Los reajustes económicos fiscales que Duque implementó   mantenían la línea de todos sus predecesores desde César Gaviria, llevaron a las calles a millones de personas hartas de cargar con el peso de los impuestos, mientras sus ingresos se hacían más precarios. El 21 de noviembre de 2019 acudimos al inicio del cambio, con manifestaciones multitudinarias de rechazo al gobierno uribista.

La pandemia del covid-19 pareció darle una tregua a Duque, pero su terrible gestión de la misma, lo único que hizo fue acumular malestar y fuerzas en el campo popular, que finalmente estallaron el 28 de abril de 2021 en la movilización social más larga de la historia reciente. Ante la movilización, el Presidente recrudeció la represión, para lo cual contó con el apoyo total de los gobiernos locales del Partido Verde en ciudades como Bogotá, Cali y Manizales.

Ni la violencia mortal del Esmad contuvo las ansias de cambio.  Las muertes de Dylan Cruz y Lucas Villa causadas con sevicia por la represión policial ordenada por Duque, no acobardaron a los protestantes, mujeres y hombres. Cruz y Villa se convirtieron en símbolos y estímulo de las lides reivindicatorias del pueblo y con esos símbolos se multiplicaron las movilizaciones y se potenciaron sus resultados.

Al fragor de la lucha social las ansias de cambio fueron creciendo y se ampliaron sus finalidades y los medios para alcanzarlos. Es en esas condiciones se forja el instrumento que hizo posible la presidencia de Gustavo Petro y la vicepresidencia de Francia Márquez: El Pacto Histórico.

Este es un gobierno que tiene la oportunidad única de iniciar una apertura democrática y de abrir nuevas sendas para un país agotado del saqueo al que lo ha sometido una pequeña oligarquía financiera, aliada incondicional del capital trasnacional y obsecuente servidora del imperialismo norteamericano.

De una u otra forma, la situación que venimos experimentando desde hace más de dos años, se expresó en las urnas. El uribismo se sentía vencedor, pues creían que podían endosar fácilmente sus votos a los de Rodolfo Hernández. Pero quien terminó consiguiendo 11 millones de votos fue Petro, quien además le sacó una diferencia de 3.1 puntos porcentuales a su contendiente.

Petro logró sumar votos en todo el país, arrasando en Nariño, Cauca, Putumayo y Chocó, y sacando una gran diferencia en Córdoba -sede principal del uribismo-, Sucre, Bolívar, Atlántico, Magdalena y La Guajira, y además consiguió imponerse en cuatro de las cinco ciudades más grandes del país: Bogotá, Cali, Cartagena y Barranquilla. Y, además, su victoria no solo implicó un golpe a clanes locales como los Char, sino que a su vez fue una victoria sobre la abstención, pues la participación aumentó en tres puntos porcentuales con respecto a la primera vuelta.

Ahora bien, no podemos olvidar que el impacto del saqueo que ha sufrido nuestro país ha sido profundo, y el nuevo gobierno no va a solucionar la situación de la noche a la mañana.

Duque deja un país con una tasa de desempleo que supera el 11%, y la informalidad laboral alcanza al 44,7% de la población económicamente activa empleada; y como si fuera poco, la situación de la población trabajadora empeora por cuenta de la mayor inflación registrada en las últimas décadas, impulsada por una devaluación récord de la moneda.

Mientras tanto, Duque, quien prometió acabar con los Acuerdos de paz y reforzar la seguridad, convirtió el presupuesto militar en el más alto de Latinoamérica. Sin embargo, las Fuerzas Armadas han sido ineficaces, como lo demuestra su impotencia para impedir las masacres que afectan a los líderes sociales y firmantes de la paz.

Esta situación de máxima violencia plantea al gobierno de Petro, cuya victoria no significa el desplazamiento de los poderes socioeconómicos, una labor difícil. Para obtener éxito cuenta con la organización popular y sindical, la cual debe crecer y reforzarse para afrontar a los enemigos del nuevo gobierno, y para estimular los cambios radicales que necesita Colombia.

La victoria del Pacto Histórico constituye una oportunidad y un reto: la oportunidad de cambios realmente democráticos y el reto de hacerlos con eficacia y con la máxima honestidad y erradicando la corrupción. Así la presidencia de Petro podría devenir la primera de otras con los mismos objetivos democráticos.