miércoles, mayo 22, 2024
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En las entrañas del barrio Santa Fe

Comenzando el siglo, por el desarrollo de la prostitución, el microtráfico y la delincuencia el emblemático barrio bogotano se convirtió en una Zona de Alto Impacto. La lideresa Julia Cabarcas relata cómo es vivir en el territorio y cuáles son sus desafíos

Valentina Bolaño Senior
@Vale_BoSe

1781. El rey Carlos III da la orden de la creación de un cementerio a las afueras de la ciudad, para así evitar la propagación de enfermedades y olores, ya que se tenía la costumbre de enterrar a los muertos en las mismas casas. No obstante, tuvo que pasar varios años para que se decretara la orden de construcción, la cual la dio Simón Bolívar en 1827 y fue así como en 1840 fue abierto a la ciudad y bendecido por la iglesia el Cementerio Público de Bogotá, ahora conocido como el Cementerio Central.

La apertura de este Cementerio comenzó el alumbramiento del barrio Santa Fe. En su momento, fue residencia de varias personalidades de la vida bogotana, un centro del comercio, un lugar de encuentro de los jóvenes y un nuevo destino para la comunidad judía, los cuales trajeron diversidad a la zona.

La transformación

Julia Cabarcas, cartagenera, morena, con una voz gruesa, una risa alta, vestida de colores fuertes y una personalidad alegre, llegó a Bogotá hace 20 años y encontró un arriendo en el barrio Santa Fe, localidad de Los Mártires.

Ya existía la zona de tolerancia cuando se asentó. Julia veía a las mujeres en las calles, de pie en las esquinas con atuendos llamativos y hablando con varios hombres. Poco después salió el decreto del alcalde Antanas Mockus donde el barrio Santa Fe se volvió una Zona de Alto Impacto.

Cuando decretaron la Zona de Alto Impacto se devaluó el precio de las casas, muchas se vendieron y los compradores, los dueños de los prostíbulos, las reformaron para hacer más burdeles. Así fue como aumentó la actividad sexual paga en el barrio. Ya no estaban en un lugar escondido o pequeño, ahora se encontraban en casas gigantes con varios pisos. Cambió la dimensión de lo que era el territorio urbano.

Es así como las prostitutas, obligadas por la policía y los dueños de las organizaciones, entraron a las casas de tres pisos y dejaron las esquinas, pero esto va más allá de la compra y venta de casas, porque las organizaciones criminales se comenzaron a adueñar del barrio, de las casas y la vida de los habitantes de allá. Julia comenta: “vi muchos compañeros y amigos que tenían ventas de carne, comerciantes, que fueron obligados a irse de la zona o los mataban”.

Los que están allá arriba y los que están acá abajo

“Hay dos Santa Fe, los que estamos acá abajo y los que están allá arriba”, dice Julia mientras señala a las casas que están cerca de la Avenida Caracas. “Pero, en esencia hay una problemática que conocemos, la prostitución y la delincuencia”

La zona de arriba, por la Avenida Caracas, es donde está el mayor movimiento de alto impacto, ahí los restaurantes, talleres, tiendas son resistencia al cambio abrupto que ha sufrido la zona desde el 2002. Julia ha aprendido a vivir con las vistas de la prostitución y la delincuencia. “Ya me conocen y no me hacen nada”, esa es la frase recurrente de varios residentes para poder seguir estando en el barrio y en la zona de arriba.

Pero la resistencia trae muchos efectos violentos en la vida de las personas. Se escuchan los desahucios forzosos que hacen a las personas, los golpes, gritos, tiros y un silencio inquietante en la noche de los desalojos. Al otro día se entera la gente por los chismes que los delincuentes agarraron la casa de tal persona para volverla una olla de microtráfico.

“Hace poco asesinaron a un abogado, era dueño de un edificio, estaba tomando tinto en una cafetería, pero después sonó una moto, disparos, gritos desesperados y una voz más arriba que las demás decía la frase que dejó con lágrimas a más de uno, ¡mataron al abogado!”, rememora Julia.

El edificio del abogado, como le dicen, es una olla de microtráfico, uno de los lugares donde los dueños de las organizaciones criminales hacen sus acuerdos para seguir comercializando drogas, mujeres y delincuencia en toda Bogotá.

Si se camina desde la Caracas con 19 hasta la 25 se llega a la zona de alto impacto. La calle 25 no se llenó de burdeles porque en su momento no había tantas casas, pero la zona quedó limitada. “Fui testigo del éxodo de los habitantes dentro del barrio, donde se entró a una depresión comercial, las casas ya no valían, los negocios cerraban y se comenzó a notar muchísimo más la prostitución y la drogadicción”, señala Julia.

A esto se le llama los negocios afines, tales como los bares, la venta del microtráfico y las conversaciones de acuerdos sexuales que hacían que cada vez más. Y los habitantes salieran del barrio.

No mires hacia allí

El Santa Fe cada vez entraba más en el negocio sexual, si, ya no se veían a las mujeres en la calle, pero se comenzó a notar el alistamiento de ellas en otras regiones para que vinieran a trabajar sexualmente. No se asegura si era un reclutamiento forzoso o no.

Ya se veía un burdel cada vez más grande, lleno de mujeres, peleas dentro y fuera de estos, sin embargo, a estos sitios solo podían entrar hombres, las mujeres tenían estrictamente prohibido entrar, o podían acarrear varios problemas con los dueños del barrio, es decir, los dueños de los prostíbulos.

Así fue como Julia vivió la transformación del barrio desde el 2003 hasta el 2023. Antes había un secreto a voces, todos notaban a las mujeres en la calle, el movimiento de carros aparcados en lugares estratégicos pero nadie hablaba de eso.

Se volvió un paisaje constante en el desarrollo de los días en el barrio, sin embargo, cuando salió el decreto de Mockus, todo cambió. Ya los murmullos sobre la prostitución no lo eran, se escuchaban los megáfonos de la policía obligando a las mujeres a esconderse, se escuchaban los chirridos de las llantas de los coches que buscaban un servicio sexual, los pasos sigilosos de los delincuentes cuando veían a una persona sola.

Cuando oscurece, la zona es exclusiva para la prostitución y negociación de ella, aunque hay residentes que se opusieron de salirse de sus viviendas y dejar el barrio en manos del tráfico, pero la mayoría de los residentes que están en el Santa Fe son personas que trabajan en el burdel, en el microtráfico y la delincuencia.

La resistencia

Esta es la realidad del barrio Santa Fe en la localidad de los Mártires, los habitantes resisten porque no quieren dejar el barrio, que en su momento fue hospedaje de grandes personalidades, a la merced de la delincuencia y la prostitución.

Sin embargo, aquí se debe hacer un análisis más profundo y es por qué todavía está la práctica de la prostitución o del microtráfico. La respuesta es un debate común en el país, seguimos siendo uno profundamente desigual, donde el estudio y el trabajo digno es un privilegio. Hay que reformar la sociedad, dar oportunidades a estos jóvenes y poder sacarlos de este mundo oscuro de la delincuencia y prostitución.

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