miércoles, abril 17, 2024
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En Argentina se juega el nombre de quién gestiona el capitalismo

Sorprende que el candidato oficialista, Sergio Massa, quien aparecía en tercer lugar en la mayoría de las encuestas, se catapulta al primer lugar, aunque lejos de obtener la mayoría necesaria para asegurar la presidencia argentina

Ricardo Arenales

Con más del 98 por ciento de los votos escrutados y una participación del 77 por ciento de los electores, superior al 69 por ciento registrado en las primarias anteriores de agosto pasado, los argentinos volverán a las urnas el próximo 19 de noviembre. Ninguno de los cinco candidatos que participaron en la contienda del pasado domingo 22 alcanzó la mayoría suficiente para ganar la presidencia de la República.

El balotaje de noviembre se definirá entre Sergio Massa, de la coalición oficialista Unión por la Patria, que reúne a sectores del kirchnerismo y del antiguo peronismo, que se alzó con el 36.68 por ciento de los votos, y Javier Milei, de la ultraderechista La Libertad Avanza, que obtuvo el 29.98 por ciento de las papeletas.

Con estos resultados, quedó por fuera Patricia Bullrich, la candidata de la alianza conservadora Juntos Por el Cambio, que por varias semanas apareció como segunda en las encuestas y solo obtuvo el 23.83 por ciento de los votos, echando por la borda su aspiración de pasar a la segunda vuelta electoral.

Cambio de fichas en el tablero

Sorprende que el candidato oficialista, Sergio Massa, quien aparecía en tercer lugar en la mayoría de las encuestas, se catapulta al primer lugar, aunque lejos de obtener la mayoría necesaria para asegurar la presidencia argentina.

Ese salto se explica en buena medida, en la radicalización del discurso de Milei, que atemorizó a sectores democráticos y progresistas, con la idea de dolarizar la economía y desmantelar todo un régimen de conquistas sociales alcanzado por los trabajadores y el pueblo durante varios gobiernos peronistas. Milei propone una fórmula neoliberal y de ultraderecha, en la que personajes como Donald Trump, son su referente a imitar.

En esas condiciones, Massa logró remontar y pasar a segunda vuelta, en la que buscará la reelección del peronismo, pero ahora como líder de la contienda.

Estas elecciones fueron presentadas como las más trascendentales de la historia reciente del país austral, donde según observadores, está en juego la democracia, la República y hasta la existencia misma de la nación.

Inflación y pobreza

La campaña previa al ejercicio de las urnas estuvo matizada por interminables discusiones entre los candidatos y sus equipos asesores, manipulaciones mediáticas, insultos, acusaciones. Pero tal parafernalia ocultó una cuestión de fondo: un proceso inflacionario que afecta a la mayoría empobrecida del país.

En septiembre, la inflación fue del 12.7 por ciento, que se eleva a 14.3 por ciento en alimentos y bebidas no alcohólicas y al 15.7 por ciento en prendas de vestir y calzado, rubros que, acumulados, alcanzan a la fecha el 138.3 por ciento.

Las secuelas de la pandemia, la crisis de Ucrania y ahora la de Palestina conforman un cuadro local y global que augura no solo la continuidad de los problemas centrales de la economía argentina, sino la posibilidad de más ajuste y el empeoramiento de las condiciones de vida de la mayoría, gracias, entre otras cosas, a la continuidad del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

La tarea de Massa no será fácil, en un país con una inflación enorme, un hambre creciente, un gobierno fracasado, del cual fue ministro de Economía y es señalado por importantes sectores de opinión como corresponsable de la crisis, con un discurso que no genera entusiasmo. Así las cosas, lo que se juega en noviembre es quién gestiona el capitalismo argentino.

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