jueves, julio 18, 2024
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El tango que no llegó a La Habana

Desde joven, descubrió en la música una oportunidad de ganar dinero, por lo que comenzó cantando en bares y fiestas populares. Gracias a ello, fue adquiriendo cierto reconocimiento, que se catapultó cuando en 1911 se unió al uruguayo José Razzano

Abel Aguilera Vega (*)

La vida de Charles Romuald Gardés ha estado envuelta en muchos mitos. Conocido en el mundo artístico como Carlos Gardel, este genial intérprete grabó más de 800 canciones entre folclore, milongas y tangos. Es en este último género donde sentó cátedra y es considerado su mayor exponente a nivel mundial.

La fecha y lugar de nacimiento de Carlos Gardel aún es objetivo de enconados debates entre sus biógrafos. Uruguay defiende ser la cuna del padre del tango en una fecha imprecisa de la década del 80 del siglo XIX. Por su parte, los franceses reclaman tal derecho, amparados en la inscripción de nacimiento que revela la supuesta natalidad en Toulouse, el 11 de diciembre de 1890.

Gardel, quien sí conocía su verdadero origen, se encargó de perpetuar el mito y siempre dio respuestas ambiguas cuando se le preguntaba.

Lo cierto es que el rey del tango se fue a vivir a Buenos Aires con apenas dos años de edad junto con su madre Berthe Gardés ─también ha sido objeto de dudas esta maternidad─. En la capital argentina creció en un ambiente pobre y trabajó en diferentes oficios para ganarse la vida.

Camino a la fama

Desde bien joven descubrió en la música una oportunidad de ganar dinero, por lo que comenzó cantando en bares y fiestas populares. Gracias a ello fue adquiriendo cierto reconocimiento, el cual se catapultó cuando en 1911 se unió en dúo con el uruguayo José Razzano. La pareja no sobrevivió mucho tiempo, pero la fama de Gardel no paró de crecer.

Para la siguiente década, Gardel había viajado todo el continente americano y europeo y era toda una celebridad mundial.

Si bien había tenido una pequeña participación en el cine silente argentino en 1917, no es hasta inicios de la década del 30 que se vuelca de lleno en el mundo de la pantalla grande con notables éxitos de taquilla y para la crítica.

Gardel no solo demostraba ser un gran intérprete sino también un gran actor: Las luces de Buenos Aires (1932), Melodías de arrabal (1932) o El tango de Broadway (1934) avalan su merecida fama.

El tango para La Habana

Para 1935, Gardel emprende una gira por Latinoamérica que lo lleva a diferentes países como Puerto Rico, Venezuela, Curazao, Aruba y Colombia. En todos los destinos tuvo que extender los días inicialmente pactados, pues los contratistas no dejaban de tocar a su puerta solicitando una mayor estancia.

Algunos de sus biógrafos aseguran que cantó personalmente para el dictador venezolano Juan Vicente Gómez Chacón en su casa de verano, a pedido de este, y que le cobró la escandalosa cifra de diez mil dólares, la cual donó posteriormente a sus opositores refugiados en Curazao.

Los días de Carlos Gardel en Colombia serán los últimos de su vida, pues un trágico accidente el 24 de junio de 1935 le cobró la vida. Enfrascado en su gira por Latinoamérica, La Habana sería su próxima escala, pero nunca llegó.

Presto a salir para la Isla desde Medellín, el avión que lo conducía se impactó con otro mientras rodaba por la pista. Dieciséis fue el saldo de víctimas entre ambas aeronaves, entre ellas el afamado cantor.

El cuero que cubría la cámara permitió salvar de las llamas varias instantáneas de los artistas, entre ellas la última foto de Carlos Gardel ya en el interior de la aeronave.

El duelo se dejó sentir

Según nos cuenta Ciro Bianchi en una de sus crónicas, estaba previsto que, en La Habana, Gardel se presentara en el Teatro Nacional (Prado y San Rafael) y El Encanto en Neptuno. Su muerte fue la noticia del día en la mayoría de los diarios del mundo y en la capital cubana se dejó sentir el duelo por su pérdida. En las vitrolas no paraban de sonar los tangos de Carlos Gardel.

Varios cubanos tuvieron el privilegio de trabar amistad y actuar junto al genio “argentino”. Desde importantes actores y actrices, hasta el trío musical Matamoros, pero emblemática fue la relación entre Gardel y el as del pugilato Eligio Sardiñas “Kid Chocolate”, relación que se estrechó en las noches de cabarets y prostíbulos de París y Nueva York.

Pero no solo de buenos amigos cubanos se hizo acompañar Carlos Gardel, en el último año de su vida también trabajó con un músico cubano. Se trata del santiaguero Roberto de Moya (1897-1971) quien coincidió fortuitamente con el argentino en mayo de 1934 en Nueva York.

Amistad fraterna

Este andaba necesitado de guitarristas de experiencia que lo acompañaran en sus películas. El argentino ya había escuchado tocar al cubano durante su presentación en la emisora de la NBC y había quedado complacido con su calidad musical.

Después de realizarle unas pruebas comprobó el criterio que ya tenía y lo contrató. De esta manera, el guitarrista santiaguero acompañó a Gardel en varias películas durante su estancia en Estados Unidos tales como: Cuesta abajo (1934), Tango en Broadway (1934), El día que me quieras (1935) y Tango bar (1935).

Afortunadamente, el cubano no lo acompañaba en el momento del accidente. Había viajado a la Isla para visitar a su familia; de retorno en los Estados Unidos, donde debía acompañar al rey del tango en cinco películas más, lo sorprende en Cayo Hueso, Florida, la noticia de la muerte de Gardel.

De esta manera trágica, se ponía fin a la colaboración de este cubano con uno de los mejores intérpretes musicales de todos los tiempos e idolatrado aún por multitudes de seguidores.

(*) Tomado de Cubadebate

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