“El pueblo es creador de su destino”: Fernando Rendón

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Fernando Rendón. Foto Beatriz Ortega

Dirigió por 35 años el Festival Internacional de Poesía de Medellín, el mismo con el que le declararon la paz a los violentos en la capital antioqueña a través de recitales y escuelas de literatura. Con ese mismo amor por su pueblo se suma a la lista de candidatos del Pacto Histórico desde donde pretende, como senador, construir una declaratoria de conmoción cultural en el país para afrontar la barbarie

Carolina Tejada
@carolltejada

Fernando Rendón, nació en Medellín, y como él mismo lo expresa en una carta que hizo pública para presentar su candidatura, “se hizo creando organizaciones y fraguando luchas para una vida nueva”. Fue el director, hasta este año, del Festival Internacional de Poesía de Medellín, desde donde contribuyó a consagrar a Medellín como una ciudad para la poesía y para la cultura en medio de la más amplia barbarie de la guerra en las comunas de la capital paisa.

Logrando hacer un eco por la paz y la vida de su país en el mundo, recibió el Premio Nobel Alternativo, en el parlamento de Suecia en 2006, en nombre del Festival. Con sus 24 libros publicados y traducidos a más de 24 idiomas, se ha convertido en uno de los poetas e intelectuales más importantes del país, de la izquierda y de la militancia comunista.

El pueblo, afirma Rendón, “es el creador del lenguaje y de la cultura, de su historia y de su destino”. Siempre creyendo en esa capacidad, asegura que es tiempo de un gran cambio en la sociedad, de derrotar el sistema arbitrario que niega derechos y una democracia plena, por eso, aceptó el reto de sumarse como candidato del Pacto Histórico a la lista del Senado, con la poesía como arma para transformar la política del país.

¿Cuándo comienza Fernando a escribir, a darse cuenta que la poesía era lo suyo?

–La poesía vive en la infancia de todos los humanos. Y subyace en todos los seres durante el resto de sus vidas. Está inmersa en todo lo que existe. Es nuestra primera mirada sobre el mundo. Yo leía mucho desde niño, incluso bajo las cobijas en las noches -con una linterna- porque me hacían apagar la luz del cuarto temprano para madrugar al colegio. Unos años después, todavía en secundaria, me escondía en los recreos, para no ir a clase sino a la biblioteca. Visitaba a menudo la biblioteca siempre abierta de mi padre.

Leí La Ilíada de Homero a los 11 años. Mi padre me llevaba a la biblioteca pública. Él leía libros de filosofía, economía, literatura e historia en voz alta en la terraza de nuestra casa. Nos hablaba de sus lecturas. Nos decía de memoria poemas de Silva, Barba Jacob, De Greiff y Neruda. Conocí a León de Greiff en nuestra casa. Mi padre era amigo suyo. Visité en su casa al viejo poeta, con mi padre. Cuando iba solo, el poeta me abría la puerta.

Yo había comenzado a llevar un diario a los 14. Escribía mis impresiones cada día, mis dificultades, las difíciles y a veces angustiantes preguntas que tenía sobre la existencia y que no podía resolver. Estas impresiones empezaron a convertirse en breves relatos y poemas. Pero decidir que la poesía es “lo de uno” es un asunto de toda la vida, porque la poesía no puede definirse nunca de una sola manera y se vive y se escribe siempre de mil formas. En cada etapa de la vida la poesía va siendo una y otra cosa. Ayer era un poema de amor. Hoy puede ser la revolución.

¿Qué es lo que le motivó a Fernando, como poeta, como ciudadano, para vincularse a la política en el país?

–Viví en Bogotá en 1968. Cierta noche me disponía a atravesar la carrera Séptima. Había una atmósfera serena y feliz. Raramente circulaban vehículos en la calle. Venía caminando y cantando un río de estudiantes. Mi sangre ardió sin saber por qué. La poesía y la lucha surgían de un espíritu semejante. Me sumé a la marcha, intuyendo que mi vida también pertenecía allí. Quería marchar al lado de aquella multitud alegre y decidida, vivir la fuerza de su unidad.

Protestaban por la llegada de Rockefeller al país al día siguiente. Ese río que me arrastró aquella noche, me lleva hoy. Cinco años después, trabajando como empleado público contribuí a la fundación del sindicato, para detener el deterioro de las condiciones de vida. Para luchar por la democratización de la sociedad colombiana y contribuir a la transformación del país, ingresé a la Juventud Comunista. Luego, al Partido Comunista.

En la poesía y en la política hay un compartido principio de oro: es esencial sustituir esta realidad excluyente por otra, que surge del sueño, de las aspiraciones populares, del pensamiento colectivo, del amor de todos por un país renacido de la muerte.

El gran escenario del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Foto comité organizador

¿Cómo ha sido la experiencia con el Festival Internacional de Poesía?, ¿a qué sectores ha llegado, barrios y cómo?

–Dirigí el Festival Internacional de Poesía de Medellín durante 31 años. El Festival ha sido una experiencia sobrehumana para nosotros. Lo fundamos para celebrar la vida en un tiempo de muerte y terror. La poesía podía descifrar las tinieblas, alimentar la conciencia, la imaginación y la resistencia de la juventud y del pueblo, dar un sentido a las vidas de todos. Cuando estaba prohibido reunirse a más de tres personas, en el tiempo del genocidio político contra la Unión Patriótica, el Festival convocó grandes movilizaciones de jóvenes.

Se reunían cinco mil jóvenes en el Cerro Nutibara, como un gran oído del mundo. Se extendió el Festival a 120 barrios de la ciudad, a 30 municipios de Antioquia, a 36 ciudades de Colombia. Poetas que venían de países lejanos, desde 187 naciones, que habían participado en conflictos y en procesos de paz, compartían sus experiencias con nuestra gente. Todo era posible. La poesía iría a ser la energía desquiciante de la realidad.

¿Qué influencia considera que tiene el arte y la poesía sobre la sociedad, sobre todo en una sociedad tan violentada como Medellín?

–La poesía contribuyó a modelar el espíritu de la juventud de Medellín. Cuando el modelo para muchos jóvenes era ser mula o sicario que hacía dinero matando sin saber a quién ni por qué, inducido por la cultura del narcotráfico, la poesía indujo a miles de jóvenes a leer, a escribir, a elegir una vía artística para sus vidas, a transitar un sendero de esperanza, imaginativo, sensible, transformando la conciencia que tenían de sí mismos y del entorno.

Miles de jóvenes escuchaban bajo la lluvia y el granizo cinco horas de lecturas de poemas, como un juramento para afirmarse en sus vidas. Muchos jóvenes escriben poesía hoy en la ciudad y en el país, influidos por el Festival, publican libros y revistas y son organizadores de numerosos encuentros poéticos. Realizamos cientos de talleres de poesía para la juventud y la infancia de la ciudad.

Hemos desarrollado una Escuela Internacional anual durante 25 años, por la que han pasado más de 2.500 estudiantes. Los jóvenes se apropiaron del lenguaje de la poesía. El Festival disipó el miedo de la ciudad al terrorismo estatal y al caos propiciado por el Cartel de Medellín. Fue el pionero de la internacionalización de Medellín, cuando se prohibía a los extranjeros visitar la ciudad. Muchos poetas, especialistas y periodistas lo consideraron el mayor de su género en el mundo.

En 2003 celebramos la primera Cumbre Mundial de la Poesía por la Paz de Colombia. En 2006 el Festival recibió el Premio Nobel Alternativo. En 2007 fue perseguido abruptamente por Uribe y por algunos medios de comunicación. Luego, contribuimos a la creación de festivales internacionales de poesía en muchos países.

En 2011, el Festival creó el Movimiento Poético Mundial, para luchar por la paz y la solidaridad entre los pueblos, que hoy tiene coordinaciones en 106 países. El gobierno nacional nos reduce año a año los fondos, pero el Festival continúa resistiendo.

¿Cómo llega al Pacto Histórico?

–Gracias a una confluencia natural de enfoques sobre el país, sometido a formas de gobierno autoritarias y antidemocráticas durante más de dos siglos, miles de colombianos llegamos al Pacto Histórico, fundado en febrero de 2021 por dirigentes políticos honestos y consecuentes de nuestro país. El Pacto Histórico representa el instrumento político y la oportunidad más clara e inmediata que tiene el pueblo colombiano de llegar a ser Gobierno y de constituirse en poder democrático y popular, a través de la candidatura presidencial de Gustavo Petro.

Es la probabilidad de tener una mayoría parlamentaria que permita a nuestro pueblo legislar en su favor a través de sus representantes legítimos, los senadores y representantes del Pacto. He sido candidatizado por el Pacto Histórico y el Partido Comunista al Senado. Me siento orgulloso de esta responsabilidad. Hace tres semanas renuncié a la dirección del Festival.

Colombia es una pieza clave en el ajedrez político mundial. Si ganamos esta partida disminuirán las tensiones regionales, nuestros países trabajarán en mutua cooperación para la democratización económica, política y cultural de nuestras sociedades. Emergerá entonces por fin una Latinoamérica unida, vigorosa, independiente, como lo hemos querido y lo necesitamos hace décadas.

¿Qué le está proponiendo a los artistas, al sector cultural en el país en esta campaña?

–El expreso reconocimiento del nuevo gobierno del Pacto Histórico a la prioridad de la cultura para la formación y la movilización de la ciudadanía por el diálogo, la paz con justicia social y la reconciliación nacional. La creación y despliegue urgente de un movimiento nacional por la libertad de expresión y por la materialización del sueño de un nuevo país a través del pensamiento, la escritura y las artes. Fortalecer la alianza entre la cultura y la educación, haciendo énfasis en la vigorización del pensamiento crítico.

Implementación de programas pedagógicos de arte y poesía desde las salas cunas hasta la educación superior. La promoción de la mutua cooperación e intercambio entre artistas, académicos y científicos. Pleno respeto, exaltación, autonomía y protección de las culturas indígenas, afrodescendientes, minoritarias y de género.

Así mismo, la eliminación inmediata de la Economía Naranja, que busca estrangular la creación poética y artística. Creación de una nueva Ley General de Cultura. Aumento al 2.5 por ciento del presupuesto general de la nación para el Ministerio de Cultural. Financiación plena y permanente para artistas, poetas y escritores y para los proyectos que desarrollan con las comunidades. Seguridad social y pensión de jubilación de dos salarios mínimos mensuales para los artistas en condiciones de desprotección por su edad avanzada, que hayan podido acreditar una obra.

La supresión de toda normatividad lesiva a la cultura. Abolición de impuestos para las empresas y proyectos culturales. Eliminación de aranceles para la importación de libros. Y privilegiar como camino para la unidad de los artistas y creadores, la cultura y la economía solidaria, las cooperativas como unidad de organización social y económica.

¿Qué poeta recuerda o lo inspira en esta visión de sociedad que se quiere construir?

–La poesía de muchos poetas, que vivieron durante los últimos tres siglos, está asociada al sueño de una nueva sociedad humana, desde las poéticas arengas de William Blake caminando con el gorro frigio sobre su testa por las frías calles de Londres en el siglo XVIII; el llamado del poeta alemán Friedrich Hölderlin (“¡Que cambie todo a fondo! ¡Que de las raíces de la humanidad surja un nuevo mundo!”); las cartas de Simón Bolívar y Manuela Sáenz, y de Bettina Brentano.

La Canción a los tejedores de Silesia compartida por Heinrich Heine a Marx; los poemas tempranos de Marx; la participación insurgente de Rimbaud en la Comuna de París; la poesía bolchevique de Mayakovski amplificada por el megáfono a los obreros en las calles de Moscú; los radiantes cantos de esperanza de Nazim Hikmet detrás de los barrotes en la cárcel de Ankara (“Hermano mío, enviadme libros con finales felices, esos han de realizarse al fin y al cabo”); las canciones de resistencia de Yanis Ritsos en los montes de Grecia (“Estos árboles no transigen con menos cielo, estas piedras no transigen con los pasos enemigos, estos rostros no transigen más que con el sol, estos corazones no transigen más que con la justicia”).

Los poemas antifascistas de Brecht, Aragón y Éluard; Hojas de Hypnos, el diario maqui de René Char escrito en los bosques de Francia, durante la lucha contra los nazis; los textos vanguardistas de Luis Vidales cofundador del PCC;  los cantos a la República Española de César Vallejo, Miguel Hernández y Pablo Neruda; la poesía vertical de los norteamericanos Denisse Levertov  y Amiri Baraka y los versos inconfundibles del cubano Fayad Jamís (“Por esta libertad, bella como la vida, habrá que darlo todo”).

¿Qué les diría a los artistas, a la gente del común que hoy están expectantes de esta campaña a nivel nacional, pero que aún no se comprometen con el voto?

–Les diría: la vida no nos esperará más. Este es el último tren. El tren del Pacto Histórico. Están tocando la campana de bronce para partir. Hay que abordarlo juntos y salir hacia el mañana. Si es cierto que existe una memoria genética de los tiempos vividos por los ancestros que nos habitan; si pudiéramos acceder a esa memoria de los genes; si recordaran los expectantes e indecisos desde qué siglos profundos llega esta profunda pulsión colectiva de vida y esperanza que somos; si comprendieran al fin cuánto depende su vida y su porvenir, la vida y el porvenir de todos los colombianos de este voto en sus manos, no dudarían en votar.

Por las víctimas que viven en la memoria; por las viudas y los huérfanos del desastre; por los campos arrasados y quemados; por los hijos en peligro desde siempre; por la vida todavía a la deriva; por el dolor de esta conflagración interminable; por la muerte que se jacta en su desprecio cotidiano a la vida. El cambio es la vida, el continuado estancamiento es la muerte de Colombia.

Cindy Henao Manco y Susana Boreal, candidatas a la Cámara por Antioquía, Isabel Cristina Zuleta y Fernando Rendón, al Senado. Foto Carolina Tejada