El lado B del “concierto más grande del mundo”

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El multitudinario concierto tuvo como objetivo ofrecer una socialización del Informe Final de la Comisión de la Verdad desde la cultura. Foto Alcaldía de Bogotá

Más de 16 mil jóvenes, niñas y niños participaron en una ambiciosa y masiva interpretación musical por la paz de Colombia. No obstante, tras bambalinas el evento que organizó el Distrito tuvo serios problemas logísticos, que dejaron a muchos de los jóvenes talentos sin tocar y con hambre

Simón Palacio
@Simonhablando

Más de 16 mil jóvenes, niñas y niños participaron en el “concierto más grande del mundo” por la paz de Colombia. El evento realizado el pasado 28 de agosto en el Parque Simón Bolívar de Bogotá fue organizado por la Orquesta Filarmónica de Bogotá, OFB, y por el Instituto Distrital de las Artes, Idartes, con el objetivo de “enaltecer la verdad” desde la cultura.

“Honramos la memoria, nuestra construcción de nación, desde las voces, los talentos, de todos nuestros niños, niñas y jóvenes del sistema orquestal de Bogotá”, expresó la alcaldesa Claudia López al presentar el concierto que, si bien no estuvo abierto al público, se transmitió por el Canal Capital.

Desde las redes

“Alegría inmensa y gratitud es lo que siento al escuchar y ver la energía de 16 mil niños, niñas y jóvenes del sistema de orquestas y coros de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, tocando y cantando a la vida, a la paz en Colombia”, dijo por su parte el reputado director de la OFB, David García.

Uno de los momentos más emotivos fue cuando sonó la canción ‘Latinoamérica’ del extinto grupo Calle 13, composición del rapero puertorriqueño Rene Pérez (Residente). Al conocer las imágenes y videos de la multitudinaria interpretación, que además contó con un esfuerzo coordinado en lenguaje de señas, el artista expresó su gratitud y aseguró que era un honor ser interpretado por la juventud y la niñez colombiana.

Ante el imponente acontecimiento, no solo las cuentas institucionales de la Alcaldía en redes sino también miles de personas felicitaron la iniciativa que busca construir desde la cultura un país en paz.

En resumen, alegría y felicidad. Sin embargo, no todo lo que brilla es oro. Este periódico supo que tras bambalinas el evento estuvo desfinanciado, con problemas serios en la logística y que muchos colegios públicos convocados no pudieron llegar al concierto, ocasionando desilusión en el estudiantado e indignación en los padres de familia.

Una de las fuentes consultadas, que pide reserva de su nombre (de hecho, todas las fuentes lo piden por temor a represalias), nos dice que en “el concierto más grande del mundo” se evidenció una crisis interna en el sector cultural de la ciudad que se ha agudizado en los tres años que lleva la administración de Claudia López. Esta es la historia.

La peor alcaldía

“Para que dimensionen la situación. La alcaldía de Claudia López es peor que la de Enrique Peñalosa en materia cultural”, nos dice la fuente que trabaja al interior del Distrito, con una salvedad, la ciudad tiene solidez institucional con el sector a pesar de tener una financiación limitada correspondiente al 0.9% del total del presupuesto de la ciudad en 2022.

“La Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte, pero en especial la iniciativa de Idartes que nace en 2010, fue potenciada por la alcaldía de Gustavo Petro (2012-2016) con programas atractivos como los Clanes (ahora Crea) para extender la jornada en colegios públicos. El concepto revolucionario es el de artistas formadores en el territorio con poblaciones vulnerables. Artistas construyendo Estado y sociedad”.

La llegada de Enrique Peñalosa (2016-2020) no significó cambios estructurales en el lineamiento de política pública porque “era evidente el impacto positivo en distintas poblaciones. En silencio continuaron con los planes, programas y proyectos que dejó la administración Petro”.

De acuerdo con su relato, el problema llegó con el arribo de Claudia a la alcaldía. “Primero, cambiaron muchos cargos directivos, retrasando la política en el sector porque las personas llegaron a aprender. Después, con la pandemia, redujeron a la mitad la ‘planta’, echando a muchos artistas formadores que llevaban años trabajando para la ciudad”, dice la fuente.

Además, hace una denuncia laboral. “Los que sobrevivimos llevamos casi cinco años en el Distrito y seguimos siendo contratistas. Es indigno, porque existen las condiciones para formalizar a los artistas. Si la política pública en cultura es solida y nosotros la ejecutamos bien, ¿por qué no podemos aspirar a una carrera estable al interior del Estado?”.

El caos total

“En el caso de los programas que ejecutan Filarmónica y Batuta (que son público-privadas), es aparentemente distinto, porque son convenios y se enfocan a una disciplina especifica que es la música. Sin embargo, es casi que lo mismo. Los artistas no están formalizados, no tienen los equipamientos necesarios para desempeñar su función de formación y la descoordinación institucional hacen que eventos como ‘el concierto más grande del mundo’, terminen siendo un caos, como efectivamente pasó”, nos dice una maestra en artes musicales y formadora que estuvo desde el territorio “frentiando” el evento.

Amplía su relato: “Los niños se prepararon tres meses para el evento. La orden de la Alcaldía era comprar camisetas de colores, lo cual aumentaba el esfuerzo porque estamos hablando de sectores empobrecidos. Llegó el día y todo es desorden. No hay buses ni hay refrigerios. La cita en el Simón Bolívar era a las once, más o menos la misma hora en que empezamos a despachar el transporte. Una tercera parte pudo entrar y tocar, otra se quedó en la puerta del parque y otra nunca pudo montarse a un bus, lo cual despertó tristeza en los niños y niñas que salían del barrio, y una furia entendible en los padres de familia”.

Insolados y con hambre

Otra persona que logró llegar al Simón Bolívar, denuncia que siendo las tres de la tarde, más de 100 niños que tenía bajo su responsabilidad habían recibido tan solo un alpinito, unas galletas y un jugo en bolsa. “Lo que enfurece y al mismo tiempo frustra es que la directriz de la Alcaldía fue no llevar almuerzo, porque habría basura en el parque y literalmente ‘se vería ordinario’ el evento”.

Finalmente, otro artista formador comenta su experiencia: “El colegio del cual soy responsable, es muy grande y más de la mitad no pudo asistir. Y los que estuvieron, llegaron en el momento que se cantaba ‘no puedes comprar mi vida’, es decir, finalizando la canción ‘Latinoamérica’. Hicieron un show donde la alcaldesa se saca la selfie y así la montan en las redes sociales para que Residente comenté. Mientras tanto, los niños y el personal formador que intentaban entrar al parque se encontraban insolados y con hambre. Nuestro caso fue la regla y no la excepción”.

A pesar de lo denunciado, todas las fuentes consultadas por este semanario coinciden en que la ciudad tiene una política pública en cultura que vale la pena potenciar más allá del show. “Bogotá hoy cuenta con programas de altísima calidad, donde todos los grupos que responden al instrumento de política participan, pueden viajar al exterior y tienen movimiento interno. Como trabajadores en el sector defendemos ese legado, que a veces es invisible y poco valorado”, dice una de las cuatro voces que hablaron para este reportaje.