domingo, abril 6, 2025
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El género humano es Barrabás

El legendario personaje bíblico es útil para recordar en Semana Santa que los buenos cristianos son seres imperfectos que luchan por la liberación

Federico García Naranjo

La Biblia está repleta de personajes que a través de sus vivencias y aprendizajes construyen el relato del pueblo de Dios y de la salvación de las almas. Como todo texto histórico, las Escrituras se sirven de narrativas, cuentos y parábolas para explicar las enseñanzas y transmitir la Palabra. Uno de esos personajes –que por estos días de Semana Santa recuperan su protagonismo– es Barrabás, el bandido que fue escogido por el pueblo para ser liberado a cambio de Jesús.

Barrabás, como muchos de los personajes que protagonizan los episodios de la Historia Sagrada, tiene un carácter legendario, es decir, no existe constancia historiográfica de su existencia. Incluso algunos historiadores ponen en duda la existencia del propio Jesús de Nazaret, pero el propósito de este artículo no es entrar en ese debate. La figura de Barrabás, por el contrario, tiene una gran importancia simbólica porque se ha enriquecido –o tergiversado– a través de la historia por los numerosos tópicos que sobre ella se han creado desde la literatura y la tradición oral.

Existencia dudosa

El episodio de la liberación de Barrabás tiene varias inconsistencias históricas e incluso literarias que ponen en duda su veracidad. No obstante, es importante preguntarse por qué está ahí, en los Evangelios, y cuáles han sido los intereses tras la demonización de la figura de este personaje. En la Biblia, los evangelistas describen con claridad a Barrabás como un sedicioso, un insurrecto que estaba condenado por participar en una revuelta donde había muerto, al menos, una persona. Era un zelote, un guerrillero nacionalista que luchaba contra los romanos por la liberación del pueblo hebreo.

Según los Evangelios, el gobernador romano, Poncio Pilatos, siguiendo la tradición de liberar en Pascua a un condenado, consultó al pueblo si liberar a Jesús o a Barrabás, con el desenlace ya conocido. A partir de ahí no se vuelve a hablar en la Biblia del zelote liberado, un vacío que las industrias culturales se han ocupado de completar con novelas, películas y obras artísticas. Por ello la figura de Barrabás es más literaria que histórica, así que debe analizarse desde lo simbólico y lo político, más que desde lo estrictamente religioso.

La evidencia más importante de que el episodio tal vez nunca sucedió es que no hay registro histórico en ninguna otra fuente diferente de los Evangelios de la existencia de una tradición de liberar en Pascua a un condenado. Además, si se ve de forma argumental, el episodio no es relevante para la historia, es decir, no cambia nada. Puede perfectamente omitirse y el destino de Jesús sería el mismo. En otras palabras, es perfectamente probable que haya sido incluido con posterioridad por alguna mente ingeniosa que pretendió transmitir un mensaje a través de una alegoría.

El hijo del Padre

Barrabás es una expresión que proviene del arameo Bar Abbá y significa hijo del Padre. Según el erudito cristiano del siglo II, Orígenes Adamantius, en Mateo 27,17 se menciona a Barrabás como Iesous Bar Abbá, es decir, Jesús Barrabás o Jesús Hijo del Padre. Además, hay historiadores que sostienen que Barrabás era un título que ostentaban ciertos líderes religiosos o políticos más que un nombre propio, así que es posible que el propio Jesús haya sido llamado Bar Abbá por sus seguidores. Es claro que las versiones posteriores han omitido estos detalles, tal vez para evitar confusiones o tal vez para ocultar la verdadera razón: que Jesús y Barrabás son la misma persona.

Las curiosas similitudes entre las figuras de Jesús y Barrabás insinúan que se trata del mismo hombre, pero lo realmente interesante son las diferencias entre los dos personajes: Si bien ambos defienden la liberación del pueblo hebreo, Jesús lo hace desde la bondad y el amor al enemigo, mientras Barrabás lo hace desde la guerra, es decir desde la muerte y el pecado. Así, el zelote representaría la verdadera condición humana –bienintencionada pero pecadora– y el nazareno la condición que el hombre debe construir, libre de odio y de pecado.

Así, la liberación de Barrabás –el Jesús más humano e imperfecto – significaría la liberación del pecado original que para el hombre comporta el sacrificio del hijo de Dios. Otras versiones sostienen que ambos personajes retratarían la dualidad propia de los cristianos mesiánicos de la época: la del mesías terrenal del Reino de Dios y el que dice “mi Reino no es de este mundo”, una de tantas dualidades místicas de la religión católica.

En cualquier caso, es claro que Barrabás representa la faceta más humana del hijo de Dios, la del hombre imperfecto que busca la liberación y se equivoca en el camino. Una descripción que encaja, básicamente, en todas las personas de carne y hueso. Por eso es tan interesante preguntarse qué ocurrió con esta figura tan humana y por qué se convirtió en el imaginario colectivo en sinónimo de maldad.

Antisemitismo  y endiosamiento

Otra de las explicaciones para la inclusión de este episodio en los Evangelios es más política. Se dice que durante la redacción final de la Biblia en plena cristianización del Imperio romano, se buscó acomodar el relato y utilizar la aclamación a Barrabás y su posterior liberación para culpar al pueblo hebreo de la muerte de Jesús y exculpar así al Imperio, verdadero artífice de la ejecución. Ello habría contribuido a la fuerte tradición antisemita del cristianismo, expresada luego en la diáspora, los pogromos y el holocausto.

Por otro lado, la Iglesia católica reconoce a la figura de Jesús como divina y no humana desde el Concilio de Nicea del año 325, a pesar de que en ninguna parte de los Evangelios dice que haya tenido dicha naturaleza. Por el contrario, son numerosas las referencias al carácter humano de Jesús. Una lectura desprevenida permite identificar un hombre con virtudes y defectos, alguien vulnerable a la angustia, el exceso o la tentación del pecado.

Pues bien, tal vez por esa misma necesidad de endiosar a Jesús, la figura de Barrabás resulta tan conveniente para plantear un sencillo dilema moral: se está con Jesús y su mansedumbre o se está con Barrabás y su rebeldía. Así, el trasfondo político del episodio bíblico de Barrabás se revela con todo su carácter ideológico: el perdón y el amor al prójimo se convierten en docilidad, resignación y obediencia, la resistencia contra la opresión se vuelve pecado y la no violencia se traduce en pasividad.

Mortificación del cuerpo vs. imitación de Cristo

Según el sociólogo Richard Sennett, en la tradición católica existen dos grandes formas de concebir el cuerpo y por ende, dos formas de concebir a la persona en relación consigo misma, con los demás y con Dios. La primera, denominada la mortificación del cuerpo, concibe al cuerpo humano como una prisión de la que el alma debe liberarse. El cuerpo, como fuente de todos los placeres carnales y de todos los pecados, debe ser castigado y mortificado con el fin de alejar las tentaciones, expiar las culpas y purificar el alma. Una de las figuras históricas que representa más descarnadamente –nunca mejor dicho– esta concepción es el erudito Orígenes, quien se extirpó él mismo los testículos como muestra de su piedad.

La segunda, llamada la imitación de Cristo, concibe al cuerpo como un vehículo para transmitir el amor que Dios tiene a la humanidad a través del amor al prójimo y de las buenas acciones que transforman las circunstancias terrenales y hacen del mundo un mejor lugar para vivir. Desde esta perspectiva, el castigo, el dolor o la culpa nos son las formas como la persona se hace más virtuosa. Por el contrario, es la solidaridad, el trabajo creativo, la generosidad y el amor a los demás lo que realmente hace que una persona sea merecedora de la Gracia y la Salvación.

De este modo, es fácil concluir que Barrabás es, sin duda, una estupenda imitación de Cristo. Barrabás es la personificación de todas nuestras imperfecciones pero también de todas nuestras posibilidades. El género humano es Barrabás.

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