El anticomunismo es antidemocracia

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La doctrina del anticomunismo se implantó en las cotidianidades de los ciudadanos

CAPITALISMO vs COMUNISMO

Redacción Política

El recetario de los Estados Unidos para combatir el comunismo en medio de la guerra fría se expandió por el continente con su Doctrina de la Seguridad Nacional. Se combinaron todas las formas de violencia y desestabilización contra el fantasma que recorría el mundo, el comunismo.

El primer panel Anticomunismo y Memoria Histórica: Aportes para la Paz, convocado por el Partido Comunista Colombiano (PCC) a inicios del pasado mes, hace parte del interés del PCC por aportar contenidos históricos y culturales que sustenten el concepto de apertura democrática para un momento de posguerra en el país.

La disertación estuvo a cargo de por Patricia Ariza, dramaturga, los profesores Álvaro Oviedo, Darío Fajardo y Jairo Estrada, con la moderación de Felipe Valencia. Los expertos reflexionaron sobre el papel de los Estados Unidos y las consecuencias de su política intervencionista en Colombia. Todos coinciden en que el anticomunismo ha sido el sustento para mantener la guerra por décadas.

El enemigo interno

La seguridad nacional y la concepción del enemigo interno fueron el punto de partida para golpes de estado, intervenciones militares, guerras sucias, asesinatos selectivos, crímenes políticos, persecuciones a opositores de izquierda y comunistas en el continente; y el país no fue la excepción. Toda una suerte de fórmulas para detener “el comunismo soviético” por suelo continental se utilizaron, incluso entronizándose en la estructura del Estado.

Como lo explica Darío Fajardo, “el anticomunismo es una constante en nuestra estructura política, cultural; abarca campos como el militar, la educación y los medios masivos. Está enclavado en sectores representativos de la sociedad. Pero no es un tema exclusivo de Colombia, es un proceso que se vive por el mundo así como es global la resistencia: una respuesta que también es global”, explica. Las banderas del anticomunismo han estimulado violencia y exclusión, pero también han propiciado formas de resistencia importantes que se multiplican por el mundo.

Para los panelistas, las expresiones del anticomunismo rebasaron todos los aspectos de la vida cotidiana. Los Estatutos de Seguridad, por ejemplo, se regaron con el objeto de asegurar, bajo el amparo de la ley, la persecución a partidos comunistas, pero también declarar ilegales las huelgas de trabajadores, los mítines estudiantiles, las protestas ciudadanas, los paros nacionales y toda clase de manifestaciones que se oponían a las realidades políticas, sociales y económicas del país del Norte.

Los imaginarios

“Nos cambiaron el lenguaje”, dice Patricia Ariza, quien hace énfasis en la importancia del relato histórico. “Nos impusieron el anticomunismo con los eufemismos que ubicaban a la izquierda como generadora de violencia y destrucción”, señala Ariza. Cambiaron los estereotipos y ubicaron al comunismo en la esquina de la miseria. Para ello se aprovecharon de los desarrollos de la televisión y la radio generando una idea única de democracia que aún sustentan.

Según los oradores, la ley de orden público, los estatutos de seguridad van de la mano con la reducción de los presupuestos para cultura, teatro, cine y en general las artes escénicas, que a lo largo de la década resultaron un bastión contra el pensamiento único. “Hay un Estado diseñado para no reconocer la voz diferente. Una cultura política de destrucción impregnada de anticomunismo a pesar de terminada la guerra fría”, señala el historiador Álvaro Oviedo.

Tecnificación criminal

El anticomunismo se conoce, incluso desde las décadas de los cuarenta, pero tiene repercusión después de la guerra de Corea a mitad del siglo pasado. Sus fuentes no son exclusivas de los gobiernos norteamericanos; el fascismo europeo y las doctrinas de guerra francesas e inglesas de la época tomaron fuerza con avanzadas militares y contrainsurgentes. Pero la llegada al país, según algunos historiadores, data de la visita desde Carolina del Norte del general norteamericano William Yarborough, comandante de la división 82, quien en el país orientó a la cúpula militar de la época en la creación de escuelas antisubversivas con nuevas unidades de tipo antiterrorista.

Pero ello debía estar acompañado de una estrategia a todos los niveles, lo que resultó en la expedición de la ley 48 de 1968, cuyo origen sustenta la resolución 005 de abril de 1969, por medio de la cual se aprueba el llamado “Reglamento de combate de contraguerrilla EJC-3-10”: Con ese manual se definía la guerra, su carácter contrarrevolucionario y antisubversivo: “organizar en forma militar a la población civil para que se proteja contra la acción de las guerrillas y apoye la ejecución de operaciones de combate”, señalan apartes de la resolución.

A eso le llama el profesor Jairo Estrada métodos técnicos del anticomunismo. “A lo largo del siglo pasado se activaron dispositivos jurídico-políticos que combinados generaron violencia al punto del exterminio físico de la oposición. Y viene una segunda etapa denominada la institucionalización de la contrainsurgencia con discursos anticomunistas que incorporan las tesis de la guerra fría contra la expansión soviética, y en Colombia se implementan métodos de inteligencia sofisticados con misiones en el terreno, para preservar las relaciones de poder existentes”, indica Estrada.

Esas misiones militares provenientes de los Estados Unidos dieron lugar a que en Colombia se dieran reprobables acciones fascistas. Estrada se refiere a operaciones militares que dieron lugar a masacres de pobladores cuya resistencia campesina lesionaba los poderes locales políticos o económicos. Pero también en el exterminio de un partido político de apertura democrática como la Unión Patriótica. Todas las acciones teorizadas en los manuales de formación militar.

Esos aspectos resultan fundamentales a la hora de superar el conflicto por la democracia una vez firmados los acuerdos de La Habana. La construcción de la paz estable y duradera dependerá de la abolición de la doctrina anticomunista de la sociedad y en especial de las fuerzas militares colombianas.