Según los pronósticos del Fondo Monetario Internacional, FMI, en los próximos tres años Brasil se posicionará como la octava economía del mundo
José Ramón Llanos H.
El país se ubica entre los más grandes del mundo; tiene 8.515.770 kilómetros cuadrados y su población es un poco más de 203 millones de habitantes.
Con fundamento en estudios publicados recientemente por el Fondo Monetario Internacional, Luiz Inácio Lula da Silva ha estructurado tan bien su Plan de Desarrollo que los resultados económicos del pasado año posicionan al gigante suramericano como la novena potencia económica del mundo, según la calificación del FMI
Respecto al crecimiento la Organización para la Cooperación y el Desarrollo, OCDE, visiona un crecimiento de 1,8 por ciento. El Ministerio de Hacienda considera que el crecimiento llegará a 2,2 por ciento en el 2024.
La novena economía del mundo
El FMI señala que, en el 2023, Brasil logró aumentar el Producto Interno Bruto, PIB, 3,1 por ciento. Debido a este crecimiento, se convirtió en la novena economía del mundo. El mismo organismo internacional considera que, según sus proyecciones, en el 2026 este país latinoamericano arribaría a un PIB de 2,476 billones de dólares y se posicionaría como la octava economía del mundo.
Otras fuentes consideran que la economía en el presente año crecerá al tres por ciento. Un hecho positivo es que la inflación está estabilizada en 4,5 por ciento anual. El desempleo es un 7,5 por ciento; 1,5 por ciento por debajo del que había al momento de posesionarse Lula da Silva.
La Bolsa de Valores de Sao Pablo tuvo un comportamiento altísimo en diciembre, sobrepasando los 134 mil puntos por primera vez, desde el momento en que se llevan estas estadísticas.
El Real del Brasil es una moneda que continúa fortaleciéndose frente al dólar. Ante esta situación, Lula les comentó a los periodistas: “Prepárense. Este año, la economía brasileña no va a decepcionar a nadie”.
Plan de reindustrialización de Lula
El 24 de febrero, el presidente Lula presentó el Plan de reindustrialización de Brasil. “Ahora somos, ha expresado Lula, la novena economía del mundo, pero no porque creció mucho, sino porque otros cayeron. No es para estar orgullosos”, advirtió durante la presentación en el Palacio de Plan alto en Brasilia.
La propuesta implica que el Estado haga aportes significativos para desarrollar el Proyecto de reindustrialización, aportando subsidios, subvenciones y priorizando las ayudas a los productores nacionales.
El proyecto contempla instrumentos financieros sostenibles, apoyo y créditos a las actividades innovadoras. “Es muy importante volver a tener una política industrial innovadora y digitalizada”, comentó el gobernante. Toda iniciativa privada que procure el desarrollo de la industria e incremento de la actividad contará con el apoyo del poder público.
Un salto de calidad
Este Plan de reindustrialización es complementario al de inversiones en obras públicas para lograr que: “Brasil dé un salto de calidad y entre de una vez por todas en la categoría de país desarrollado. Porque siempre nos quedamos ahí, a las puertas”, concluyó Lula. Es necesario reconocer que el Plan de reindustrialización ha contado con los aportes del vicepresidente del Gobierno, Geraldo Alckmin.
El objetivo de Lula es que Brasil disminuya la dependencia del agronegocio ─que ahora es el principal sector económico─, como lo indican las grandes cosechas del año pasado que dispararon las exportaciones brasileñas con ventas de 300 mil millones de dólares, con los cuales se logró un superávit de ochenta y cinco mil millones.
Aunque algunos comentaristas consideran que es difícil en un corto tiempo lograr este objetivo, el mandatario insiste en él, porque está convencido que solo un gran desarrollo de la industria situaría al país en el rango de desarrollado.
Aprobación y rechazo de la gestión
Las encuestas muestran que Lula no ha podido convencer a la opinión pública, ya que el nivel de aprobación ha oscilado entre el 38 y el 42 por ciento, desde enero del 2023. Este porcentaje ni siquiera subió ostensiblemente cuando el presidente informó el significativo aumento de salario mínimo para el 2024.
Tampoco aumentó cuando Brasil elevó su participación y reconocimiento en los medios internacionales; ni ante el anuncio del FMI de que el país volvía a estar entre los diez de mayor economía del mundo.
Por otra parte, en los partidarios de Bolsonaro encontramos la crítica y el rechazo enardecido e irracional. El exministro de Finanzas Paulo Guedes, incondicional seguidor de Bolsonaro, declaró a la prensa que las políticas de Lula harían que la economía de Brasil decayera velozmente, así como decayó la de Argentina y Venezuela: “Seis meses para volvernos Argentina. Un año y medio para volvernos Venezuela”.
El analista político Thomas Traumann, autor de varios libros sobre la situación política del país, ha caracterizado a lulistas y bolsonaristas así: “Estos grupos están separados por puntos de vistas muy distintos sobre el mundo; los valores que forman la identidad de cada grupo”.
Sorprendente manifestación de Bolsonaro
En Sao Paulo, el domingo 25 de febrero, Bolsonaro reunió 185.000 manifestantes que incluyeron gobernadores, decenas de parlamentarios. Este acto constituye su respuesta a los intentos de ser juzgado por el Tribunal Supremo que ha abierto ocho casos contra el expresidente. Una asistente a la manifestación gritaba: “Esta es la respuesta a la dictadura velada que vivimos”.
Los manifestantes coreaban entusiasmados “Lula, ladrón, tu lugar es la prisión”. Otros blandían banderas con inscripciones de este contenido “Patriota orgulloso” o “Dios, Patria, Familia y Libertad”. Algunos manifestantes, ante las preguntas de un periodista sobre si creían que Bolsonaro sería encarcelado, respondieron:
“No sabemos, puede pasar de todo, pero él es inocente”. Bolsonaro es consciente que no puede presentarse a la dos próximas elecciones, porque está inhabilitado hasta el año 2030 por abuso de poder.
El discurso desde un bus
Bolsonaro se dirigió a los manifestantes desde el techo de un bus, tenía en la mano una bandera de Israel. En su discurso, negó que hubiera habido algún intento de golpe de Estado, porque el golpe de Estado implica “Tanques en las calles, armas, esto sí es una conspiración. Pero en aquella ocasión no hubo nada de eso”.
Para no agravar su situación frente al Tribunal Supremo, el exmandatario les pidió a sus seguidores que no llevaran pancartas contra este organismo, además, les dijo: “Debe ser un acto pacífico en defensa de nuestro estado democrático de derecho, lo que deseo es defenderme de todas esas acusaciones”. Además, les sugirió que vistieran de verde y amarillo, los colores de la bandera nacional. Les dijo, además, que lo importante era la presencia masiva “Para que las fotos hablen, no los discursos. Estas fotos van a dar la vuelta al mundo”.
Los ocho cargos contra Bolsonaro
Aunque Bolsonaro ha repetido como si fuera una consigna, “Antes muerto que preso”, los entendidos en los asuntos judiciales consideran que está acorralado y que, difícilmente, puede evitar ir a la cárcel. También comentan que los cargos implican a familiares y amigos.
Las acusaciones que investiga el Supremo incluyen, entre otras, difusión de noticias falsas, apropiarse de joyas que eran regalos para el Estado, mala gestión de Covid-19, trama de espionaje ilegal a adversarios políticos, etc.
Por otra parte, los investigadores han acumulado pruebas sobre el intento de golpe de Estado. Algunas son muy contundentes, obtenidas por la confesión del secretario personal de Bolsonaro, que participó en todas las actividades tendientes a llevar a cabo la actividad sediciosa.
Lula, Petro y AMLO son verdaderos estadistas, que representan lo mejor y lo más avanzado del Progresismo Latinoamericano.