Columna libre: Entre diálogos y paro

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Rodrigo López Oviedo

Desabastecimientos, altos precios, movilidad en crisis, un muerto, heridos y ahora cacerolazos son solo algunas de las consecuencias de la primera semana del paro nacional. Pero Santos dice que “paro no hay”.

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De esa manera se ha manifestado la indolencia presidencial ante los campesinos, como la hemos visto manifestarse también en muchas otras circunstancias, incluida la que por poco afecta a los diálogos de La Habana. Queriendo demostrar que “las condiciones las pongo yo”, presentó al Congreso una iniciativa mediante la cual busca que se le permita convocar en referendo al constituyente primario, en alguna de las fechas eleccionarias del 2014, para que le avale la creación de un minicongreso con participación de todos los partidos y de algunos voceros de la guerrilla, que se encargaría de darle cuerpo de ley a los acuerdos construidos con la insurgencia.

Algunos comentaristas no le pararon bolas a la talanquera que entrañaba esta protesta, sino a la respuesta de la guerrilla, que quería examinar la iniciativa antes de que el Gobierno la llevara al Congreso. El lamentable apuro de Santos, que bien podría ser visto como arrogante, dio lugar a que la organización insurgente decidiera darse una pausa en los diálogos y a que el Gobierno, en lugar de sentirse llamado a reconsiderar su actuación, dada la crisis que estaba generando, agravara el problema con el retiro de los negociadores de La Habana.

Llama la atención que un gobierno que tanto se ha quejado de que las FARC quieren estar abriendo discusión sobre temas que según el mismo Gobierno no están contenidos en los seis puntos que se comprometieron a discutir en La Habana, quiera pasar por alto lo que cuestiona y, sin reparar en que la forma como han de perfeccionarse los acuerdos es precisamente el tema de discusión previsto en el sexto punto de la agenda, resuelva imponer su criterio con la complicidad de unos congresistas que, con honrosas excepciones, han resultado de una sumisión indigna de sus electores.

El proceso de La Habana se ha posicionado alto en la agenda nacional y cobrado interés en el concierto internacional. Al igual que el paro en curso, se debe velar por su tránsito tranquilo hacia los acuerdos finales. Eso debe entenderlo el presidente Santos y, en lugar de estarles haciendo concesiones a sus amigos del pasado para que no lo abandonen en su propósito reeleccionista, debería preocuparse por ese sitial que la historia les tiene reservado a quienes puedan ponerle fin a esta media centuria de violencia con transformaciones que garanticen que no vuelva a requerirse de paros ni armas para procurar la felicidad de los colombianos.