Colombia, potencia juvenil de la vida

0
288
La juventud fue determinante en el reciente paro nacional que estremeció al país. Foto archivo

Análisis de las propuestas de Gustavo Petro y Francia Márquez para conquistar la presidencia de la República

Yessica Arandia

El pasado 25 de marzo de 2022 se oficializó el programa de gobierno de las candidaturas del Pacto Histórico de Gustavo Petro y Francia Márquez, el cual tiene por nombre “Colombia potencia mundial de la vida” y propone en cinco puntos los objetivos enmarcados en lo que ha sido una apuesta por el buen vivir y el vivir sabroso.

Estas dos conjugaciones guardan un alto sentido disruptivo con la lógica desarrollista occidental-colonial y pone en juego una perspectiva de desarrollo para el país más allá del patrón capitalista, donde se reconoce la forma ancestral en que muchas comunidades entienden lo que es vivir dignamente; un aspecto que se incluye gracias a la incidencia de Francia como fórmula vicepresidencial y de su experiencia colectiva ancestral.

El programa, que debe ser socializado en cada rincón del país, tiene retos enormes en la apuesta por superar las problemáticas que durante toda su existencia han sumergido a Colombia en conflictos y violencia. Precisamente se destaca la propuesta sobre el tema de paz, en el cual se apunta a articular el punto dos de la primera parte (reforma agraria) con la implementación de la Reforma Rural Integral consignada en el Acuerdo de Paz con las FARC-EP.

La juventud como actor político

Ahora bien, en el entendido de que es un programa que apunta a fortalecer de manera prioritaria la inclusión política hacia el reconocimiento de sectores como las mujeres, las comunidades étnicas, la comunidad LGTBIQ+, entre otros, y destacándose que el primer punto del programa está dirigido al papel de las mujeres, la creación de un sistema nacional de cuidado y la eliminación de las violencias, se hace necesario comentar las apuestas de uno de los sectores fundamentales del país: la juventud, la misma que ha sido protagonista de la movilización social como sucedió en el anterior Paro Nacional de 2019 y 2021.

Si bien, no fue hace más de una década en el mundo que se empezó a reconocer a la juventud como sector poblacional sobre todo en términos del reconocimiento de los derechos humanos que conllevó a diferenciar de manera etaria las etapas previas a la adultez e identificar los diferentes niveles de vulnerabilidad y garantía del desarrollo vital, es cierto que las y los jóvenes han protagonizado siempre desde las más arduas guerras revolucionarias hasta los diversos movimientos culturales que han cambiado el rumbo de la historia en muchas partes del mundo.

En las primeras líneas, en la cabeza de la movilización social, a la vanguardia de los cambios revolucionarios, la incidencia de las y los jóvenes en el país ha llevado a detener reformas, a impulsar leyes de iniciativa popular, a visibilizar la represión y la violencia de un estado que les asesina, les desaparece y les persigue. La juventud del país debe ahora, como actor político que es, pasar a ser gobierno, entendiendo además que el voto joven ha apoyado a la candidatura de Petro desde 2018.

Educación crítica, creadora, transformadora

El programa de gobierno que proponen Petro y Francia, prioriza la transformación de la educación en el país con la cual se garantice el acceso, permanencia, calidad y pertinencia bajo un sistema gratuito a nivel tecnológico y universitario, en articulación con una educación secundaria que a su vez tenga un enfoque de cuidado, integral con respecto a lo rural y lo urbano, así como la transformación de las prácticas pedagógicas.

Si bien, esto implica per-se un cambio significativo del modelo educativo colombiano, sería fundamental un diálogo que permita articular con las apuestas del movimiento estudiantil, es decir, de las y los jóvenes secundaristas y universitarios, una agenda de transformación sobre la cual se toquen temas como el sistema de financiación, las deudas públicas con instituciones de educación superior y las apuestas epistemológicas intrínsecas en los diseños de los manuales de convivencia, de los currículos de la educación básica, media y superior, hacia un enfoque antipatriarcal, antimilitarista y crítico como retroalimentación del programa.

Trabajo digno para la juventud

Por otro lado, es imprescindible hablar de trabajo digno para la juventud, donde se retroalimente lo plasmado en el “Pacto por el trabajo” del programa de gobierno.

Es decir, celebrando que el documento incluya el impulso de un “Estatuto de trabajo”, es necesario que la construcción de éste mismo se realice con las y los jóvenes trabajadores como sector fundamental de la economía colombiana, con ello, y más allá de la creación de un sistema de crédito que promueva el emprendimiento, podrá ajustarse de manera más detallada la reestructuración laboral que allí se manifiesta, en clave de superar (no solo de atender) el desempleo, la tercerización, la sobreexplotación, la informalidad, el deterioro de los contratos de aprendizaje y falta de garantías sindicales como problemas que en mayor medida afectan a la juventud trabajadora.

Como un punto fundamental del trabajo juvenil, se hace necesario un aparte especial para la defensa de la formación profesional integral del SENA, que garantice un pacto por mantener la institución como pública y gratuita, que permita desligar su direccionamiento de la politiquería y recupere su carácter de formación para el trabajo con mayor cobertura y garantías para que pueda cumplir el papel que se le propone en este programa de gobierno.

Un programa con la juventud

Por último, con el fin de que se cumpla lo propuesto en el programa sobre la participación política donde la juventud entre “a liderar, incidir, controlar, ejecutar las políticas del cambio en el país”, se hace necesario que de manera específica y decidida se hable de reestructuración del sistema de participación juvenil para que éste sea decisorio y no consultivo, como por ejemplo está plasmado en el mandato del XII Festival Nacional de la Juventud del pasado mes de noviembre de 2021.

Apostar entonces por un Programa de gobierno construido con las y los jóvenes que permita refrendar las propuestas y nutrirlas con la experiencia desde abajo, lo cual implica un relacionamiento abierto a la juventud, donde la agenda de cara al 29 de mayo de 2022 permita el diálogo a manera de Pacto juvenil con el fin de poder construir un conglomerado de transformación hacia una Colombia como potencia juvenil de vida.