Cien años de Álvaro Cunhal, “hijo adoptivo del proletariado”

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Alvaro Cunhal

El hombre que en Colombia se recuerda por su obra Un partido con paredes de cristal, fue un revolucionario integral sometido a encarcelamientos y tortura por la dictadura militar en Portugal. Este año se proyectan numerosos actos recordatorios

Alvaro Cunhal
Álvaro Cunhal

Ricardo Arenales

Nacido en un hogar de clase media portuguesa, con ciertas comodidades para su época con muy buenas posibilidades de progresos personales, Álvaro Cunhal, de quien se celebra el primer centenario de su nacimiento, fue un hombre que desde muy joven tomó la opción por la lucha revolucionaria, renunciando a los desahogos familiares y comprometiéndose con la idea de una revolución social para su patria.

Cunhal nació en la localidad de Coimbra, el 10 de noviembre de 1913, y a los 17 años, siendo aún estudiante de secundaria, solicitó ingreso al Partido Comunista de Portugal. Fue una decisión dramática, en lo personal y lo familiar. El partido era una organización política proscrita por la dictadura que imperaba en su país, actuaba en forma ilegal y sus militantes eran perseguidos como criminales.

El joven afiliado comenzó una carrera política meteórica. A los 21 años fue elegido secretario político de las juventudes comunistas en su región. A los 23, nominado miembro del comité central del Partido. En 1940, a los 27, ya era un referente de las luchas de izquierda y de la posición de los comunistas portugueses. En 1961 fue elegido secretario general del partido, cargo que ocupó hasta 1992. De hecho, diversos analistas políticos calificaron a Cunhal como una de las figuras más importantes y más influyentes de la política doméstica en Portugal.

Ese liderazgo no fue sin embargo un camino de rosas. Por el contrario, estuvo tachonado de sacrificios. Con su recientemente iniciada militancia, conoció las hieles del trabajo clandestino y de la represión. En 1937 fue detenido por primera vez por la policía política de su país. En realidad fue sometido a encarcelamientos durante 11 ocasiones en su vida. La prisión estuvo acompañada de brutales sesiones de tortura, de palizas. Alguna vez, un dirigente del partido comunista español recuerda haberlo visto, en una cita clandestina, en una flacura que impresionaba, casi en los meros huesos, montando una bicicleta para asistir a la reunión.

Una moral propia

Sus compañeros de lucha lo recuerdan siempre como un hombre de convicciones de acero, firme, insobornable, con una innegable firmeza política. Durante las sesiones de tortura a que fue sometido, jamás delató a un compañero suyo. Y eso que del total de años de cautiverio, ocho de ellos los pasó en condiciones de aislamiento total, sepultado en una especie de sótano oscuro. Comentando alguna vez su origen de clase y su compromiso con la lucha social, se reclamó como “hijo adoptivo del proletariado”.

Escribió una veintena de libros, la mayoría sobre política. Pero también algunas novelas y poemas, bajo el seudónimo de Manuel Tiago. Una obra suya, Un partido con paredes de cristal, se convirtió en una especie de biblia para muchos revolucionarios colombianos.

“Ser comunista –asegura Cunhal en su obra- no consiste solamente en tener un objetivo político y luchar por su realización. Ser comunista no es tan solo una forma de actuar políticamente. Es una manera de pensar, de sentir y de vivir. Y eso significa que los comunistas no solo tienen objetivos políticos y sociales, no solo tienen una ideología y un ideal de transformación de la sociedad, sino que tienen también una moral propia, diferente a la moral de la burguesía y superior a ella. La moral comunista se afirma en una base objetiva que determina su naturaleza de clase”.

Así pensaba y soñaba este revolucionario, que en alguna entrevista, refiriéndose a sus años de prisión, afirmó: “cuando se tiene un ideal, el mundo es grande en cualquier parte”.