Carta de Jamaica, bella lección de anticolonialismo

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Simón Bolívar, el Libertador.

Unidad de los pueblos en sus luchas contra la opresión imperial, ésta fue la consigna central de Bolívar, en su Carta a Jamaica, consigna que conserva vigencia en la actualidad, como hermosa utopía realizable en el porvenir.

Simón Bolívar, el Libertador.
Simón Bolívar, el Libertador.

Hernán Ortiz Rivas

Cuando Bolívar escribió en Kingston, la famosa Carta de Jamaica el 6 de septiembre de 1815, dirigida a “un caballero de esta Isla” (Henry Cullen), apenas había rebasado los treinta años de edad, era un joven muy inteligente, con buena formación cultural, hijo de una familia noble de Caracas, que estaba comprometido con la emancipación de las tierras americanas, sometidas al imperio español, desde hacía más de tres centurias. Bolívar llegó a Jamaica, un 14 de mayo de 1815, en la isla vivió en condiciones difíciles, sin dinero, perseguido, aislado, por los altibajos de las luchas regionales y políticas, producto de la independencia americana, que mitigaba con el estudio del pasado, el presente y el futuro del nuevo mundo, y también calmaba sus dificultades en compañía de una bella dama, Luisa Crobet. No olvidemos que Bolívar unificaba el amor y las ideas, la pasión y las luchas, la mayoría de veces con éxito.

Proclama épica

En medio de esos altibajos, Bolívar produjo su paradigmática Carta de Jamaica, llamada por García Márquez, la “proclama épica”, bella y profunda lección sobre el anticolonialismo de los pueblos americanos, al mismo tiempo que un manifiesto del futuro de sus gobiernos confederados, en una sola patria. Antes que se pusiera de moda el término “globalización”, o el de internacionalismo proletario de las luchas revolucionarias, Bolívar había vislumbrado, los alcances cosmopolitas impuestos por el capitalismo, en materia de mundialismo del planeta tierra, y de las batallas universales contra la opresión imperialista.

En esta Carta, Bolívar sostuvo que la liberación del imperio español, debía ser obra de los pueblos americanos, mediante la guerra revolucionaria de todos los habitantes de las tierras dominadas, contra los colonizadores hispanos. Bolívar se interrogó: “¿Quiénes somos?”, y respondió: “un pequeño género humano”, proyectado hacia el futuro como la “gran nación” de la tierra. Frente a la dominación española, dijo: “El pueblo que ama su independencia, por fin la logra”, antes dejó escrito: “América combate con despecho, y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras de sí la victoria”. Estas frases de su Carta, unidas a tantas otras, fueron las banderas en los campos y montañas, hasta que se logró la victoria definitiva del colonialismo hispano, malograda en muchas partes de su programación, por las divisiones regionales de caudillos que no estuvieron a la altura bolivariana.

Manifiesto anticolonial

En la Carta de Jamaica Bolívar propuso una especie de “republicanismo constitucional”, fundado en los derechos civiles y las libertades públicas, esto es, en los derechos humanos de primera generación, herederos de la independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa de fines del siglo XVIII, hechos históricos admirados por el Libertador. La Carta se debe entender como un brillante manifiesto anticolonial de los pueblos americanos, que tienen entre si muchas identidades culturales de distintas procedencias: lengua, costumbres, religión; somos americanos por nacimiento; pero, nuestros derechos son los europeos, que en ese momento histórico se encuentran a la cabeza del mundo; por esto, debemos reclamar del viejo continente el apoyo de nuestras luchas revolucionarias contra el imperio hispano, y de sus gobiernos la obligación de interceder ante los monarcas españoles para no intentar la reconquista de las regiones liberadas. Al momento de escribir la Carta, invita a no copiar mecánicamente las instituciones jurídico-políticas de Europa o Estados Unidos, sino a adaptarlas a nuestras realidades, mediante una fuerte integración de todas las regiones en una sola patria, desde México hasta la Patagonia. Unidad de los pueblos en sus luchas contra la opresión imperial, ésta fue la consigna central de Bolívar, en su Carta a Jamaica, consigna que conserva vigencia en la actualidad, como hermosa utopía realizable en el porvenir.