Caballería ligera: No más mentiras

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Juan Manuel Santos, presidente colombiano, y el secretario de Estado de los EEUU John Kerry, comparecen ante los medios tras una reunión bilateral. Foto: U.S. Department of State via photopin (license)

Cada una de las partes procura quedar mejor posicionada para lograr sus objetivos después de los acuerdos. He ahí la causa real de las dificultades para finalizar los diálogos e iniciar la nueva etapa.

Juan Manuel Santos, presidente colombiano, y el secretario de Estado de los EEUU John Kerry, comparecen ante los medios tras una reunión bilateral. Foto:  U.S. Department of State via photopin (license)
Juan Manuel Santos, presidente colombiano, y el secretario de Estado de los EEUU John Kerry, comparecen ante los medios tras una reunión bilateral. Foto:
U.S. Department of State via photopin (license)

José Ramón Llanos

No hay dudas, tratar de poner fin a un conflicto de más de medio siglo y con unos componentes complejos, económicos y sociales, es tarea ardua y complicada. Si además, debemos tener en cuenta los componentes clasistas y el rol sistemático de manipulación de los medios de comunicación que responden a los intereses de la clase en el poder, el proceso resulta casi imposible de culminar en un tiempo relativamente corto.

Si además, no solo los elementos desencadenantes son nacionales sino que también en las causas cuentan los intereses estadounidenses, podemos identificar las dificultades que deben superarse para empezar a transitar el sendero que conduzca al objetivo perseguido por las partes comprometidas: la paz sustentable y duradera.

Pero sucede que los adversarios empeñados en superar el conflicto social-armado, tienen distintos propósitos para orientar o enrumbar la paz obtenida mediante los diálogos que se realizan en La Habana. El gobierno de Juan Manuel Santos se propone obtener en esos diálogos las mejores condiciones para que la paz fortalezca las instituciones actuales que son las que le garantizan el statu quo que le reporta los mayores beneficios a su clase. Esas instituciones y su normatividad le ha reportado durante más doscientos años el usufructo del poder político y económico a la clase gobernante.

Mas todos los sectores de clases no tienen la misma modalidad de ejercer el poder. A lo largo de la historia nacional los latifundistas y sectores del capital financiero, han utilizado las más diferentes formas de violencia para defender sus privilegios y bienes- no siempre obtenidos legalmente -. Estos sectores de clase se hayan agrupados en el Partido Conservador y hoy también en el llamado Centro Democrático.

En cambio el Partido Liberal, en algunos momentos de su historia ha tenido un talante un poco más democrático y ha utilizado menos la violencia para lograr la defensa de sus intereses. Sin embargo, la resultante de sus acciones no permite definirlo como una colectividad de izquierda. Apenas podría definirse como un partido de centro, en algunos momentos, inclinado hacia la derecha. Igual que el Partido de la U.

En otro sentido, las FARC-EP necesitan la paz para socializar su ideología y propuestas de cambios estructurales para empoderar al pueblo excluido del poder y sus beneficios, durante todo el período posterior a la independencia. En consecuencia, cada una de las partes procura quedar mejor posicionada para lograr sus objetivos después de los acuerdos. He ahí la causa real de las dificultades para finalizar los diálogos e iniciar la nueva etapa. El Gobierno debe entender que las FARC no han sido derrotadas. Por tanto, no puede imponer, sino negociar. No más manipulaciones.