viernes, abril 4, 2025
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Blonde: Marilyn Monroe como sex symbol

La nueva película en Netflix sobre la vida de la famosa actriz, modelo y cantante estadounidense reincide en la hipersexualización de las mujeres en la industria del entretenimiento. ¿Por qué es importante debatir sobre la normalización de estos estereotipos en la sociedad?

Redacción Mujeres

La plataforma audiovisual Netflix estrenó recientemente la película Blonde, una adaptación de la novela biográfica sobre Marilyn Monroe, cuyo nombre de pila era Norma Jean Morteson, una de las actrices más famosas e influyentes en la época de oro del cine norteamericano en la década de 1950.

Dentro de su carrera se destacan alrededor de 15 nominaciones a diferentes premios, una filmografía de aproximadamente 30 películas, su aparición en diferentes campañas publicitarias como modelo, además de haber sido fuente de inspiración para múltiples artistas de la época, como Andy Warhol.

Monroe impulsó su carrera como una chica Pin Up, un estilo fotográfico cuyo auge figuró principalmente en la década de 1940 y durante la post guerra. En 1954, como forma de protesta contra la Fox 20 Century fundó su propia productora cinematográfica. Pero no es nada de eso por lo que Marilyn trascendió como un ícono sino por ser un símbolo sexual de la época, cuya vida estuvo marcada por sus “escándalos” amorosos, la relación con las drogas y, por supuesto, el fetiche sexual alrededor de su cuerpo.

Deleite masculino

Incluso después de muerta su figura, el mito detrás de ella sigue siendo utilizado para el deleite masculino. La forma en que Marilyn es admirada normalmente está mediada por el estereotipo de la mujer que los hombres quieren ver y el concepto que construye un sistema machista y patriarcal. Al ser una mujer hegemónicamente bella, no le es permitido bajo ningún punto de vista ser inteligente, o al menos así lo hacen parecer. Una mujer no podría serlo de todas formas, solo los hombres.

La película se encarga de mostrar como los hombres se sorprenden cuando Marilyn muestra algún signo de inteligencia. Este filme es polémico por muchas razones: la hipersexualización de la estrella, la normalización de la violencia hacia ella, sus trastornos emocionales y mentales, además de una escena donde un feto le habla, recriminándole la decisión de haber abortado.

Según la película, cuando Norma es aún una niña, su madre intenta asesinarla haciéndola responsable del abandono de su padre, por el simple hecho de nacer. Una mujer que refleja en sus estados de ánimo la relación turbulenta con sus padres, especialmente con su papá, puesto que lo busca en todas sus parejas, llamándoles “papi”.

La búsqueda incesante a través del amor no correspondido totalmente, pues sus parejas la siguen viendo como una estrella de Hollywood, evidencian un ícono sexual al que explotan o llaman “puta” por serlo, como lo muestran en su matrimonio con el beisbolista Joe DeMaggio quien más allá de “preocuparse” por la forma en que otros la miran y cómo es explotada su figura, se siente ofendido por no ser él quien posee el único privilegio de disfrutar de esa belleza.

Patrones culturales

La película tiende a hacer confundir, incluso, la inestabilidad emocional y mental de Norma con algún nivel de falta de inteligencia en ella, algo que se repite como un patrón durante todos sus intentos amorosos. Empieza a recurrir a los analgésicos y diferentes tipos de droga para estabilizar sus emociones.

Sigue siendo explotada, su carrera llega al punto más alto mientras que la mujer detrás del símbolo no encuentra ningún apoyo psicológico real, solo continúan explotando quien es ella, el ícono sexual de la pantalla y de la revolución sexual que vivía Estados Unidos en ese momento.

Los estereotipos sobre la mujer linda que “no tiene cerebro” terminan convirtiéndose en la característica más importante de sus papeles, de hecho, el nombre de la película se basa en un atributo físico de Marilyn y no en su importancia en el cine en la época de Oro en Hollywood. Los dos abortos que sufre son escenificados revictimizando a la mujer real quien es sentenciada como culpable en el guion cinematográfico.

¿Cómo es posible que aún después de medio siglo de su muerte, la industria pretenda seguir mostrándola como una mujer indefensa a la deriva de los hombres, burlándose de sus trastornos emocionales como un recurso cinematográfico para que el espectador “empatice” con una mujer vulnerada, reducida por el público y por la misma industria a un ícono que vende y sigue capturando la atención?

Mercantilización femenina

La forma en que las mujeres son y siguen siendo mostradas en el cine buscan de una u otra forma hacerla ver como culpable de ser maltratada, de ser ella quien toma la decisión de ser vulnerada; en este caso Marilyn, quien es arrastrada por una serie de eventos que la llevan a tener fuertes episodios depresivos, es retratada como alguien que no tiene control sobre sí misma y es por eso por lo que termina recurriendo a las drogas y al alcohol.

En ningún momento narrativo exponen a los medios, por ejemplo, como los culpables de acosar su intimidad y decisiones para vender periódicos.

La hipersexualización de las mujeres desde la infancia es un patrón que se ha venido marcando y repitiendo a través de la historia para el disfrute masculino. Hay varios casos que se pueden nombrar con estas características y si bien Marilyn es un ejemplo de lo que ocurrió y sigue ocurriendo con el paso de los años, no es el único, pues el canon de belleza está marcado por el deseo sexual que las mujeres (o niñas) despiertan.

Miley Cirus, Ariana Grande, Shakira, Britney Spears, Megan Fox, Natalia París, entre otros muchos otros casos en la industria del entretenimiento, son un claro ejemplo de lo que sucede diariamente alimentando la pedofilia de la que el mundo entero es testigo sin decir una sola palabra legitimada, reproducida y normalizada por los medios de comunicación.

Es importante mencionar que la hipersexualización y la cosificación a la que se enfrentan diariamente las mujeres (sobre todo aquellas que están en las industrias culturales o que hacen parte de), hace parte también de un empoderamiento “de papel” pues cada vez es más normal ver en redes sociales (especialmente en plataformas como TikTok) cómo hay niñas desde muy temprana edad maquillándose, bailando “sexy” y/o haciendo algún tipo de apología al sexo desde los bailes y trends que se viralizan.

No obstante, esto no representa una visión feminista de cambio, es más, está lejos de serlo, pues se trata de niñas que desde muy chiquitas aprenden a cómo vender su cuerpo alimentando los estereotipos sexuales hegemónicos.

Belleza hegemónica

Miles de artículos y estudios se han publicado alrededor de este tema, sin embargo, es un tópico que sigue normalizado desde las industrias culturales repitiendo patrones agresivos y reproduciendo diferentes tipos de violencias basadas en género, es así como esta “normalidad” pasa frente a los ojos de millones de personas y no hay una respuesta en contra de lo que está sucediendo, sino que por el contrario parece que cada día se inserta más en la sociedad a través de diferentes plataformas y redes informáticas.

Aunque cada vez la sociedad parece ser más consciente sobre este tipo de temas, lo cierto es que se siguen reproduciendo patrones y estereotipos de belleza que exigen a las mujeres cánones inalcanzables exponiéndolas a todo tipo de cambio físico con el fin de obtener una aceptación en una sociedad que sigue siendo machista, violenta y patriarcal.

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