¡Ay, estamos solos!

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Falta solamente que el presidente Santos acepte el apoyo momentáneo e interesado que le ha ofrecido AUV, rompa relaciones diplomáticas con Venezuela y destruya lo alcanzado hasta ahora.

Maria-Angela-Holguin-Nicolas-Maduro

Alberto Pinzón Sánchez

La intensa ofensiva mediática del oligopolio mediático contrainsurgente colombiano (del cual forma parte la oficina de prensa del presidente Santos en la Casa de Nari) mostrando la llamada crisis fronteriza colombo-venezolana “únicamente” como un problema humanitario, o de violación de derechos humanos, es decir: cubriendo pudorosamente la pútrida y terrible llaga socioeconómica que en aquella frontera existe desde hace muchos años y es la causa real de la crisis, es una muestra más de la doble moral oligárquica y la perfidia de los tinterillos y rábulas con que nos han gobernado desde cuando el cucuteño FP Santander, acuchillando por la espalda al Libertador Simón Bolívar, tomó el poder en lo que hoy es Colombia.

Lo de siempre: tomar el rábano por las hojas

El problema no es la miserable, dramática y muy compleja situación socioeconómica que desde hace varias décadas se vive allí, de desempleo masivo (18%), corrupción política, corrupción gubernamental y carencia de una política oficial de fronteras, diplomacia de pasarela y minifalda, corrupción empresarial, narcotráfico y paramilitarismo oficial asociados (basta un solo ejemplo: el del Iguano con sus hornos crematorios), criminalidad transnacional organizada, tugurización, prostitución organizada, tráfico de personas, contrabando desde Venezuela de petróleo y artículos de primera necesidad, lavado de dólares, especulación de moneda venezolana y otras divisas…

Además de una cruel sobreexplotación laboral de miles de miserables “rebuscadores”, salidos de entre los cinco millones de desplazados de sus tierras por la motosierra narcoparamilitar, llamados en el lenguaje eufemístico del gobierno con su plan neoliberal gavirista de desarrollo “informales” y que, según la Cámara de Comercio de Cúcuta ya había alcanzado en el 2011 la enorme cifra del 51,1%.

Sino que el problema ha quedado reducido a las “trascendentales” demandas por la violación de los derechos humanos cometidos por la operación militar fronteriza ejecutada por la Guardia venezolana en defensa de su integridad territorial, y van a ser presentadas “enérgicamente” por el procurador Ordóñez ante la Corte Celestial y ante la Corte Penal Internacional y demás cortes supranacionales para los derechos humanos el fiscal Montealegre -en lenguaje criollo Varón von Fröhberg- con todos los minúsculos contraticos algorítmicos de los próximos 50 años (lo que durarán los pleitos) y que ya deben estar preparándonos sus asesores científicos y rábulas amigos y favorecidos, en un intento más de atravesar un palo en la rueda del proceso de paz de La Habana y sacar adelante su pretensión (de última hora) de convertir la solución política del conflicto interno de Colombia en una simple solución jurídica de sometimiento carcelario únicamente de la insurgencia.

En lugar de…

Bueno, diríamos por lo menos tratar de resolver prácticamente algunos de los múltiples problemas enumerados arriba. Aunque fuera uno solo. Por ejemplo no ya la compleja situación socioeconómica que ha quedado desnuda y demandará bastante tiempo como recursos bilaterales para su solución, sino la situación diplomática ante la OEA, Unasur, ONU, Bruselas, etc. y demás instancias mundiales para “corregir” los entuertos de la diplomacia colombiana en los años de gobierno “santouribista”:

Por ejemplo, el bombardeo al Ecuador en Sucumbíos en marzo de 2008, siendo ministro de Defensa el actual presidente de Colombia doctor JM Santos.

O el secuestro de Rodrigo Granda en Venezuela por agentes de la inteligencia militar de Colombia para trasportarlo muy “humanamente” maniatado, amordazado y vendado en el baúl de un auto hasta Cúcuta, donde la Policía “oficializó” su captura, en aquel febrero del 2005, cuando el actual presidente de los colombianos JM Santos organizaba febrilmente el Partido de la U para apoyar al presidente Uribe Vélez en su gobernanza del Estado de opinión.

O en la “cumbre de las Américas” celebrada en Cartagena en abril de 2012, cuando el presidente JM Santos desconoció el reclamo legítimo de Argentina sobre las islas Malvinas.

O cuando, más recientemente, octubre de 2014, el gobierno colombiano actual declaró a la república de Panamá “paraíso fiscal”.

O cuando en junio del 2012, el presidente Santos, siguiendo las orientaciones neoliberales de la diplomacia estadounidense de reventar la Alianza Bolivariana para los Pueblos ALBA (organizada en diciembre del 2004), conformó junto con los más reconocidos presidentes del dogma neoliberal Piñera, Calderón y Humala la Alianza del Pacífico.

Esto para no mencionar la terca actitud “unilateral” de desconocimiento del fallo de la Corte de La Haya del 2012 sobre el litigio colombo-nicaragüense.

Así, ¿cómo reclamar solidaridad continental o internacional?

Patético resulta entonces el retrato de la ministra “chic” de Relaciones Exteriores señora Holguín, poniéndose la mano en el corazón y sin preguntarse el por qué, gimotea una frese melancólica digna de García Márquez: ¡Estamos solos!

Falta solamente que el presidente Santos, para aumentar el referido aislamiento histórico diplomático de Colombia, acepte el apoyo momentáneo e interesado que le ha ofrecido AUV (para que no se discuta internacionalmente su prontuario narcoparamilitar y se acabe el proceso de paz en La Habana), rompa relaciones diplomáticas con Venezuela y destruya lo alcanzado hasta ahora y después salir muy orondo y ufano a declarar ante el mundo que lo ha hecho para defender el honor y los derechos humanos de los colombianos.

Con lo cual, sin duda, recogerá, dentro como fuera, algunas compañías que le mitigarán momentáneamente la sensación de soledad, pero también llevará al pueblo colombiano más sangre, más lágrimas y más destrucción inútil de la que su clase social le ha dado al pueblo colombiano en los últimos 200 años de dominación y de historia infame.