Andrés Cancimance: Ser marica una connotación de resistencia

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El representante a la Cámara por el Putumayo, Andrés Cancimance, es trabajador social, magister en ciencia política y tiene un doctorado en antropología. Foto Manuel Velandia

El congresista habla de los desafíos y retos que tendrá en el nuevo Congreso de la República

Manuel Antonio Velandia Mora
@manuelvelandiam

Jorge Andrés Cancimance Lopez lució tacones en su posesión como Representante. No fueron unos Balenciaga Crocs con tacón sino unos discretos que hacían juego con su traje y sus ideas. La prensa farandulera volvió viral la imagen, pero poca importancia dio a lo fundamental, así que decidí entrevistarlo al respecto. Acá os dejo la entrevista completa.

Cancimance es el primer congresista hombre que se atreve a usar tacones en el Congreso. Se relacionan los tacones con un accesorio de lo femenino; sabemos que históricamente no es así porque fueron los hombres quienes primero los utilizaron. Su uso se remonta a la Persia del siglo X, los soldados que montaban a caballo los usaban para asegurar sus pies en los estribos y darles más palanca cuando peleaban; su uso fue adoptado nueve siglos después por los vaqueros estadounidenses. También eran un símbolo de poder, el rey Luis XIV los utilizó para distinguir tanto la clase como la preferencia dentro de su corte. Las marcas de Alta Costura los han empleado como parte de sus colecciones masculinas e incluso se han abierto camino en el streetwear.

– Representante Cancimance ¿Usted es una persona privilegiada?

– Yo sí creo, sobre todo viniendo de la región de la que soy, el Putumayo, en donde no hay una universidad pública y formarse es un privilegio. Menos del 1% de las personas en mi territorio acceden a la educación superior. El destino de los jóvenes es irse a la guerra o al narcotráfico; paradójicamente ahí están abiertas las puertas para la juventud, pero no lo están para la educación superior. Soy privilegiado porque soy uno de los pocos que tiene un doctorado y no tiene deudas; la historia de muchas personas es endeudarse para poder estudiar.

– Usted acepta ser un privilegiado, ¿ello lo predispone a ser vulnerado o a que le hagan bullying?

– Eso es muy cierto. Aun con la credencial de Representante he sido víctima de varias agresiones, todas tienen en común y base la homofobia. Guardadas las proporciones, los ataques que a mí me hacen no son iguales a las que pueden tener mujeres trans u hombres trans. Yo además estoy en un lugar privilegiado porque el Congreso, se supone, debe prestarme seguridad. He sido objeto de violencia verbal sobre todo por asumir públicamente ser un hombre gay y estar en la política como hombre gay. Sin embargo, uno no termina de acostumbrarse a que haya una muy buena parte del tiempo una persona acompañándolo en todos los momentos.

– Su tesis doctoral tiene que ver con el conflicto armado. ¿Por qué le interesa este tema?

– Desde mi pregrado, como trabajador social, yo venía trabajando con sobrevivientes de la guerra, inicialmente con sobrevivientes del desplazamiento forzado que se ubicaban en las periferias de Bogotá. En mi maestría me dediqué a reconstruir una masacre perpetrada por paramilitares en Putumayo. A diferencia de estos 2 temas concretos en el doctorado mi pregunta fue más sobre la vida que se mantiene en medio del conflicto. No preguntaba cómo la gente sobrevivió sino cómo la gente decidió quedarse viviendo en un lugar afectado por la presencia de la violencia y no quiso irse. Cómo decidieron construir sus vidas en medio de un escenario tan difícil. Son personas que incluso, de manera muy sorprendente, nunca fueron víctimas directas de una acción violenta. También me interesé en quiénes eran esas personas y cómo lo lograron. Encontré que había personas resguardadas de la violencia, por ejemplo, los fundadores de los pueblos, quienes eran personas intocables connotadas de una simbología: matriarcas y patriarcas sagrados; eso hacía que no los tocara la guerra directamente o lo fueran por los pueblos indígenas o afro.

– A usted se le reconoce como un defensor de las víctimas, pero usted no es una víctima directamente…

– Victima directa de un grupo armando, no. Pertenezco a una generación que fue muy vulnerada; por ejemplo, de mis compañeros de clase son muy pocos los que lograron sobrevivir a pesar de que en esa época la guerra fue muy fuerte en Putumayo. Como político y defensor de derechos humanos y en el rol de activista diverso he recibido amenazas que no se han ejecutado, por decirlo de alguna forma. Tampoco he sido víctima del desplazamiento, yo me desplacé con motivo de la educación. El mío es un desplazamiento económico, porque en mi lugar no me ofrecían las condiciones ni las garantías para vivir plenamente mi vida. Yo nací y crecí en Putumayo, en el municipio Valle del Guamuez. Allí históricamente la violencia ha sido muy concentrada por el paramilitarismo, la guerrilla y el narcotráfico; también es un municipio que recientemente posee grandes extensiones de cultivos del narcotráfico.

– ¿La minoría a la que usted pertenece no es la indígena?

– Si bien el apellido Cancimance es un apellido indígena no estoy adscrito a ningún cabildo indígena ni a una etnia como tal. Claramente mis rasgos físicos y mi apellido muestran una línea de ancestralidad que me conecta profundamente con esas raíces indígenas, pero no estoy reconocido como tal. Realmente fui un niño campesino; yo nací en una vereda, en una zona rural y distante; mi familia es de una condición humilde, no hago parte de las familias élite de mi pueblo. A mi familia le tocó lucharse la vida, pues es una familia empobrecida como muchas en Colombia.

– Como se observa en la imagen que acompaña el articulo usted tiene un collar indígena, ¿es un accesorio o qué representa?

– Tiene varias connotaciones. Por una parte, es un regalo que me hizo una comunidad indígena en reconocimiento al liderazgo político que he tenido; por otra, tiene una connotación muy bella, es un símbolo de protección; cuando ellos me regalaron este collar me dijeron que me conecta con el territorio, aun estando en Bogotá este collar tes un recordatorio de mi región y me dice que debo trabajar por dicho territorio. El collar es un mandato de seguir luchando en muchos temas en los que el territorio es muy importante, por ejemplo, la defensa del medio ambiente y por supuesto, lograr que los pueblos indígenas y afros puedan acceder a derechos que les han sido vulnerados permanentemente.

– ¿Usted es marica, homosexual o gay?

– Yo digo que soy marica, me considero así; con esa palabra connotamos desde el lugar de la resistencia.  Usualmente es una palabra que se ha empleado para discriminar, para agredirnos y yo creo que tenemos que reivindicarla en lo simbólico y en el lenguaje, al menos soy de esa creencia. Como otras palabras que cuando fuimos niños no dañaron profundamente; a mí cuando niño me gritaban esa palabra y me significaba dolor; pero utilizarla hoy con un contenido más político me ha permitido incluso sanar las heridas del bullying, del que al igual que otras personas hemos sido sus víctimas.

– Supongo que como investigador usted tiene una lectura diferente al uso de los tacones a la que hicieron los críticos de la moda… sobre eso ya se ha escuchado bastante. Asumo que evidentemente Usted utilizó los zapatos con tacón alto como un acto político desde la maricada y no como un accesorio de moda, pero de eso poco se dijo. ¿Qué había en su mente cuando tomó la decisión de utilizarlos?

– Evidentemente no eran un accesorio decorativo. Había 3 elementos muy profundos: en primera instancia tenía un contenido de denuncia porque yo creo que históricamente hemos sido víctimas, como también de forma directa y reciente lo hemos sido de asesinatos y desplazamientos, de señalamientos… Creo que el Congreso tiene que ser un espacio polifónico de amplificación de eso que está pasando en Colombia con las diversidades sexuales y de géneros. Los medios de comunicación más allá de cubrir los asesinatos de personas diversas sexualmente no le dan el contenido profundo a lo que está detrás del asesinato o de cualquier otro acto violento contra alguien de la población diversa. Cuando estábamos pensando en la estrategia de utilizar los tacones, teníamos en mente ese contenido de denuncia de algo que no es reciente, que ha sucedido en varias generaciones condenadas a la discriminación, a la homofobia, al odio; ahí la entrada se convirtió en un escenario de denuncia. Fue también un símbolo de solidaridad; incluso en nuestra misma comunidad diversa y con todas las diferencias que podamos tener nos ha hecho falta la solidaridad con las familias que pierden a seres queridos y con las parejas de las personas que han sido asesinadas o desplazadas. Hay una red afectiva que es dañada cuando se ha sido víctima de la guerra, de la homofobia, de la discriminación. Fue una manera de decir soy solidario con eso que está pasando e insisto que no ha sido sólo por los actos recientes que han sucediendo sino precisamente por la profundidad histórica y el arraigo que esto tiene.

El 3er contenido es de reivindicación; es decirle a un Congreso que ha sido muy conservador en sus ideas y que representa a ese esquema patriarcal binario y heteronormativo, que aquí hay una persona marica que quiere asumir su rol de legislador marica de forma pública y eso tiene connotaciones a favor y cosas en contra. Quizá algunas personas integrantes de la diversidad no estén de acuerdo y lo tomen como una afrenta, yo creo que al menos desde estos 3 contenidos que yo le estoy dando, comunico a la sociedad que lo que nos pasa no sólo tiene que ver con la guerra sino incluso también con los más profundos patrones de discriminación. Recordemos también que muchas personas se han suicidado por toda esa carga de odio que han tenido que sobrellevar.

– Nos queda claro que era un acto político, pero necesariamente también tenía que ser un acto estético…

– A mí personalmente me gustaron, me gustaron mucho mis tacones; creo que el color combinaba perfectamente con el traje. No buscábamos precisamente que la vestimenta fuera algo terriblemente disruptivo, sino que simplemente combinara.  El diseñador que hizo el actuando se encargó de especificar cuál era el color que deberían tener los zapatos. Yo quería ponerme unos tacones mucho más llamativos; por ejemplo, rojos y con brillantes, y no precisamente ese color neutro.

– ¿Qué opina de la idea de personas trans que afirma que cuando uno no es trans no las representa?

– Evidentemente yo no estoy diciendo que sólo por el hecho de ponerme unos tacones represento a la comunidad trans; sé que eso no me hace trans, pero sí sé que me manifesté como un profundo aliado con las profundas vivencias que han experimentado. Yo al usar los tacones tengo un acto de solidaridad con las mujeres trans; ponerme en los zapatos es pensar en un acto de articulación para un trabajo legislativo que beneficie a este colectivo, que a mi modo de ver es uno de los más afectados en todas las discriminaciones que han sido posibles.

– Usted ha sido docente universitario e investigador, ¿cómo piensa conciliar esos otros intereses con su trabajo en la Cámara?

– La Cámara abre una gran posibilidad para que sigamos investigando; yo tengo en la cabeza algunas ideas sobre todo regionales. Me gustaría investigar por ejemplo la deuda que hay con las personas víctimas de la avalancha de Mocoa que ocurrió en 2017, me atrae investigar desde la academia las deudas que tienen las empresas de hidrocarburos con el territorio del Putumayo pues allí se viene explotando el petróleo desde 1960 y no tenemos ni siquiera un hospital de 3er nivel, ni Universidad y las vías son pésimas. El rol de congresista me va dando posibilidades de innovar, investigar y publicar. Es necesario innovar en lo legislativo y los informes se pueden convertir en publicaciones; por ejemplo, en eso que en las Leyes se llama exposición de motivos.

– Hay otros congresistas que no son maricas pero que si son gay o lesbianas… No sabemos que van a hacer con relación a las personas de los sectores LGTBI y de las diversidades de géneros y cuerpos, algunos ya han estado ahí desde antes y no han hecho nada. ¿Usted qué piensa hacer por nuestros derechos?

– Yo lo primero que quisiera es retomar con fuerza y lograr que este Congreso apruebe la prohibición de las terapias de conversión, es una lucha que se empezó a dar con el acompañamiento de la población diversa y es necesario hacer la tarea, retomarla lo mayor pronto posible y lograr que se convierta en una ley de la nación; no podemos permitir que esto suceda en Colombia, con la idea de curar una enfermedad que no existe. Ya con mi equipo estamos trabajando en el tema y queremos elevar los avances logrados con el apoyo de los colectivos existentes, y mirar si hay algo más en lo que sea necesario avanzar.

También me interesa trabajar en una política integral para las personas trans. Nos han manifestado las grandes dificultades que tienen las personas transmasculinas y las mujeres trans para lograr plenamente sus derechos y en especial para ingresar al mundo laboral, entonces quisiéramos realizar un proceso de propuesta en que las personas y las organizaciones trans tienen mucho que aportar para su construcción y luego presentarla. Hemos visto que hay dos sectores con ideas cercanas pero diferentes, un sector piensa en algo mucho más integral y otro sector que prefiere centrarse específicamente en el tema del trabajo.

Estamos abiertos a otros temas que surjan y que nos propongan, yo no concibo un trabajo que no sea colaborativo. Como antropólogo y como trabajador social no concibo que las Leyes salgan de una oficina, sino que éstas tienen que tener participación ciudadana.

– El fallo sobre el aborto, producido por una mayoría conservadora en el Tribunal Supremo de Estados Unidos revertió la sentencia Roe vs. Wade, la sentencia que en 1973 declaró que el derecho al aborto tenía protección constitucional. La revisión de fallo vulneró el derecho de las mujeres y hombres gestantes a la interrupción voluntaria del embarazo. Por otra parte, causa gran alarma una situación similar frente al caso Obergefell vs. Hodges de 2005 a partir del cual las parejas del mismo sexo tienen reconocido en Estados Unidos su derecho constitucional a contraer matrimonio en todo el país, por encima de la legislación de cada estado. Evidentemente esto puede tener repercusiones en Colombia, un país en que la mayoría de los derechos se han logrado por fallos de la Corte Constitucional, ¿usted cree que vale la pena recorrer todos esos fallos de la Corte y volverlos una ley?

Pues el solo hecho de que sea un fallo de la Corte ya tiene un peso importante y nos han permitido todo un avance en derechos. Habría que revisar; yo no podría decirte en ese momento si valdría la pena porque un fallo de la Corte es muy importante. Quizá podamos considerar que algunos derechos se vuelvan una ley, pero que existan derechos por fallos de la Corte es un gran avance. A partir de lo que dices me parece que sería muy importante considerar una ley que discuta el congreso y desde esta perspectiva que haya las leyes necesarias. En esto se puede decir que coincidimos. Mi disponibilidad está ahí y si es necesario lo hacemos.

– ¿En el empalme social como van los derechos de las personas de los sectores LGTBI y de las diversidades de géneros y cuerpos?

– El empalme lo que propone es tener en cuenta esas grandes deudas que no se han podido cumplir, conocer cuáles necesidades y soluciones hay que mantener y mirar las nuevas cosas que hay que hacer. Bajo estos 3 principios es necesario oír a las personas de los sectores que están trabajando en el empalme social y revisar los hallazgos que han encontrado para así, frente a ello, mirar lo que ocurrió en el gobierno que termina. Por lo que hemos podido observar por las noticias no ha sido un gobierno pro derechos de las personas de estos sectores.