Adiós al camarada Juan Campos

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Juan Campos. Foto archivo

Falleció en Bucaramanga el histórico y legendario dirigente del departamento de Santander. Fue un destacado organizador y orientador político del movimiento social y sindical. Los sectores revolucionarios lo recuerdan como un defensor vertical de los intereses de la clase obrera

Alfredo Valdivieso

Juan Campos Quiñones nació en una familia campesina de la zona rural de Rionegro, desde muy joven (ante la persistencia de la violencia oficial) debió trasladarse a Bucaramanga y a otros varios sitios del departamento, donde desde comienzos de los años sesenta fungió como uno de los más destacados cuadros sindicales y populares del Partido Comunista.

Fue un autodidacta con muy poco tiempo de escolaridad formal, pero con disciplina, tenacidad y compromiso consciente adquirió profundos y enciclopédicos conocimientos, que en toda oportunidad transmitía a sus muchos contertulios y admiradores. Además, fue una pluma atinada, como quedó consignado en sus artículos y crónicas de los paros cívicos de Bucaramanga a mediados de la década de los setenta, registrados en la revista Documentos Políticos, en el semanario Voz Proletaria y en algunas eventuales columnas publicadas en la otrora Vanguardia Liberal y en otras publicaciones locales.

Dirigente comunista

A mediados de los años sesenta fue elegido como secretario general del PCC en el departamento de Santander, además de ser emulado como integrante del Comité Central del Partido, en cuya dirección nacional jugó un destacado papel, siendo reconocido y recordado por su sencillez, claridad, acertada orientación y por su fogosa oratoria.

Los sindicatos de Bucaramanga y el departamento de la época recuerdan con imperecedera gratitud las enseñanzas de Juan, pero también su abnegada y vertical defensa de los intereses y anhelos de la clase trabajadora, que llevó a que muchas convenciones colectivas de trabajo, con reivindicaciones esenciales fueran conquistadas desde esos días, conservándose en la mayoría de los casos los logros y alcances de su actividad como orientador sindical.

Su labor como organizador y orientador político del movimiento social, sindical y campesino lo llevó a la cárcel y a afrontar los célebres consejos verbales de guerra.

Arquitecto de la unidad sindical y de la UNO

Juan fue uno de los artífices de la unidad sindical en Santander, después de 35 años de hirsuta división fraguada por la patronal, los partidos tradicionales y el Estado. En 1981 pudo confluir el esfuerzo por la unidad del movimiento sindical aglutinado en la Federación Santandereana de Trabajadores, Festra-CSTC, la Unión de Trabajadores de Santander, Utrasán-UTC, y la Federación de Trabajadores Libres de Santander, Fetralsa-CTC, para conformar desde el Primero de Mayo de 1982 la Unión Sindical de Trabajadores de Santander, Usitras, primera expresión sólida de unidad orgánica que alumbró la creación nacional de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, cuatro años después. Juan con su amplitud, claridad y espíritu de clase, pero alejado de sectarismos, fue uno de los arquitectos de ese esfuerzo pionero.

En los duros años del Frente Nacional (1958-1974), con la exclusión de los sectores democráticos, progresistas, de avanzada y revolucionarios y la instauración del excluyente bipartidismo, Juan contribuyó a la creación en el departamento de la Unión Nacional de Oposición, UNO, recorriendo todo Santander para contribuir con sus luces a la organización de los sectores campesinos y populares, obreros y cívicos en los comandos de la UNO, obteniéndose excelentes resultados electorales, sobre todo en la región del Magdalena Medio santandereano y la zona del Carare-Opón.

Muchos concejales fueron electos en los municipios de prevalencia campesina, así como diputado a la Asamblea de Santander y representante a la Cámara, en un acto de rebeldía y ruptura con el Frente Nacional.

En defensa de intereses de la municipalidad

Juan Campos mismo fue elegido concejal de la ciudad de Bucaramanga, cargo de representación de los trabajadores y los barrios pobres, que ocupó con lujo de detalles, con memorables debates y claras posiciones en la defensa de los más necesitados y de los intereses de la municipalidad.

En su paso por el concejo municipal se levantaron las banderas que permitieron la municipalización del acueducto, quitándolo de las manos privadas que prestaban el más pésimo y costoso servicio. Se fortalecieron las empresas públicas de Bucaramanga, posteriormente entregadas casi en regalo a la voracidad del capital extranjero, en especial su componente de telecomunicaciones.

De igual forma, se fortaleció la CDMB, primera corporación ambiental del país que logró parar la erosión que amenazaba desbarrancar la ciudad. Se frenó la pretensión de desarrollar importantes obras públicas con el mecanismo de exacciones de la valorización.

Esperó el municipio, con sus alcaldes proxenetas del capital, la salida de Juan y otros concejales que le dieron lustre a la corporación (como el médico del M-19, Carlos Toledo Plata), para mal vender –casi regalar– uno de los mejores lotes del municipio, regalándole una calle al monopolio de Ardila Lülle, predio vendido después a la transnacional Éxito.

Pero la ola de criminalidad que llevó al exterminio por genocidio de la UNO, llegó a tocar las puertas de la integridad de Juan Campos (como con muchos otros destacados cuadros a lo largo y ancho del país). La persecución y la urdimbre de atentados y provocaciones con fines de judicialización lo obligó a buscar el único refugio que quedaba a un hombre pobre, sin recursos para salir del país. El acoso lo condenó a la selva por cárcel.

El triste exilio

Desde su nueva trinchera, siempre en la búsqueda de la paz y la solución al conflicto, fue encomendado por la insurgencia de las FARC en la tregua de 1984, en su condición de comisario político, para ser uno de sus representantes en el lanzamiento del proyecto político de la Unión Patriótica, a cuya cabeza recorrió el país, hasta cuando la soberbia militarista del régimen, con su racha de provocaciones, atentados y crímenes hizo imposible continuar el camino.

Perseguido, acosado y enfermo debió refugiarse en la región Caribe, de donde salió en exilio hacia la cercana frontera venezolana, donde reinició una vida rural pero vinculada estrechamente con los movimientos sociales y con invaluables aportes al proceso bolivariano, como queda demostrado, por ejemplo, con las sentidas muestras y expresiones de solidaridad frente a su fallecimiento, enviadas a su familia desde concejos, municipios, organizaciones sociales y estatales de la hermana República Bolivariana.

Luto comunista

El luto del Partido Comunista en Santander es enorme. En un año hemos perdido imprescindibles hombres y mujeres que no alcanzaron a saborear la histórica victoria obtenida en el pasado mes de junio, cuando por segunda vez en nuestros 200 años de vida independiente los sectores populares acceden al gobierno.

Juan sí pudo disfrutar del triunfo y estaba comprometido en ayudar a desarrollar proyectos que hicieran posible que se obtuvieron logros verdaderos. Uno de sus propósitos, al regresar a la ciudad tras cuarenta años de exilio, era justamente –como lo conversamos largamente el pasado Primero de Mayo en la movilización obrera y popular– encabezar las actividades desde la orilla popular para conmemorar los 400 años de la fundación de Bucaramanga y los 100 años de la aparición del primer sindicato en nuestro departamento.

Con algunos aguardientes encima, Juan Campos gustaba declamar ese memorable poema de León de Greiff (uno de sus vates favoritos) «Señora Muerte» que será sin duda su epitafio:

Señora Muerte que se va llevando

todo lo bueno que en nosotros topa!…

Solos —en un rincón— vamos quedando

los demás… ¡gente mísera de tropa!

Los egoístas fatuos y perversos

de alma de trapo y corazón de estopa…