sábado, abril 5, 2025
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La lucha por la defensa de lo común

El agua y la tierra son elementos naturales, esenciales para la subsistencia de las comunidades que históricamente han habitado alrededor de los ríos, ciénagas, caños y quebradas. Esta es la historia de la pesca artesanal

Ana Milena Velandia Camacho
@miilecam

Yuvelis Natalia Morales Blanco y Yuli Andrea Velásquez Briceño son activistas ambientales, cuidadoras del agua y la biodiversidad del rio Magdalena, dos mujeres descendientes de pescadores artesanales, herederas de saberes ancestrales y naturales de sus familias. Para quienes, en sus palabras, el agua, lo es todo, pues les permite conservar la conexión entre lo que son, su historia y su legado.

“El agua, el rio mismo, es un pilar fundamental para nuestra vida, compone nuestro ser y hace parte de la cultura ribereña, es por mucho, lo que nos permite ser a nosotras, hijas del rio, guardianas de historias y cuidadoras de la vida. Pero las empresas ven toda esta agua y la toman sin permiso, hacen de la vida un bien comercial e intentan desnaturalizar la conexión ancestral entre los pescadores y las aguas de ríos y ciénagas” manifiesta Yuvelis.

La región del Magdalena Medio es un territorio en el que la economía gira alrededor de la explotación intensiva de la naturaleza, pues esta se convierte en un bien o recurso en el que los extractivismos pasan a ser un modelo económico basado en la depredación masiva de los ecosistemas, generalmente destinados a la exportación, con enfoque en la utilización intensiva de materias primas como minerales, petróleo, gas, madera, agua y carbón.

La disputa por el elemento común: el agua

La imposición de este modelo ha ocasionado que el tejido social y cultural se degrade y que el agua sea un elemento en disputa; “Nosotras empezamos a ver que las empresas se acercan a nuestras orillas, quieren sus pozos y sus minas cerca al agua, y entonces me pregunto en medio de un escenario tan complejo como el que el extractivismo fósil, minero y forestal. Estén desplazando y exterminando la naturaleza, la cultura y a las comunidades. ¿hasta cuándo el velo del “desarrollo” ocultara la perversidad detrás de cada proyecto extractivos? yo creo que hay que dar esa discusión, porque al final, se ha dejado de hablar de lo fundamental, de la vida en medio de tanto asesinato.” comenta Yuvelis.

Y es precisamente el desplazamiento de las comunidades, uno de los impactos socioambientales del extractivismo, que suma a la degradación continua de la naturaleza, especialmente del agua. “las ciénegas, los ríos y los caños se conectan, eso es como como unas arterias que se conectan todas y la una tiene que ver con la otra. Y la construcción de nuevas plantas o estaciones petroleras en las orillas de estas arterias de agua, ha generado la contaminación de nuestra fuente de subsistencia: el agua”, manifiesta Yuli Velásquez.

Esta contaminación altera el flujo del sistema íctico, desplaza la fauna de sus corredores biológicos y pone en peligro especies nativas. En el caso particular de Barrancabermeja, la industria petrolera ha dejado una estela de impactos ambientales, derivados de malas prácticas de disposición de aguas residuales que utilizan en sus procesos petroquímicos.

“Todos esos residuos tóxicos descargan en la ciénaga Miramar, pasa a caño Rosario y caño Rosario, los descarga el caño San Silvestre. Caño San Silvestre, conecta con la ciénega del Llanito, río Sogamoso y río Magdalena. Todo lo que sale por caño Rosario, en últimas llega a todas las fuentes hídricas aguas abajo. Esto afecta también la pesca, porque ese es el corredor por donde nosotros llegamos a la ciénaga El Llanito o al río Sogamoso, al río Magdalena, a realizar nuestras faenas”, comenta Yuli Velásquez.

El impacto diferenciado del extractivismo

La constitución del modelo extractivista ha transformado las concepciones del ser mujer, las relaciones sociales, tienden a ser vistas desde otras formas e interpretadas como “servicio”. “La industria de hidrocarburos en la región tiende a un desbalance laboral, en el que las mujeres vemos la presencia masiva de foráneos que trabajan en la empresa, hombres contratistas, y una presencia marcada de activos de la fuerza pública. Todo esto encierra la realidad masculinizada delante y detrás del petróleo.  En el que las mujeres de las comunidades terminan ejerciendo ‘servidumbres’ son víctimas de trata e hipersexualización de parte de hombres que llegan y se van con cada locación”, manifiesta Yuvelis Morales.

Y es precisamente dada esa masculinización de ciertas labores y oficios, que el extractivismo se ha valido para perpetuar la desigualdad y las mujeres en la pesca artesanal, cumplen unos roles importantes para los diferentes eslabones de la pesca.

Y la imposición de estas industrias, trae consigo misma la reconfiguración de las relaciones sociales, manteniendo un estereotipo herededado de la misma mercantilización de los recursos naturales. “Entonces aparecen las insinuaciones, los comentarios, -mujer usted porque pesca, mejor salgamos- o -mujer que hace usted oliendo ahí a pescado-”, manifiesta Yuli Velásquez.

Tanto Yuvelis Morales, como Yuli Velásquez, han emprendido a lo largo de sus vidas, un ejercicio de reivindicar lo propio, lo común: el agua.

Yuvelis desde su activismo ambiental y defensa del territorio en Puerto Wilches, Santander, un territorio marcado por el modelo de economía extractivista, derivada del monocultivo de palma de aceite y la explotación de hidrocarburos. Y en, el que a hoy, sigue latente la realidad de ser el primer lugar en realizarse los pilotos de fracking, una técnica de extracción que consiste en perforar y fracturar pozos horizontales en el subsuelo e inyectar, a alta presión, una mezcla de agua, arena y productos químicos.

El costo de defender lo común

Y Yuli, desde la defensa de la pesca artesanal y la subsistencia de los pescadores y pescadoras, a través del monitoreo constante de las afectaciones que los pescadores artesanales, han divisado en el desarrollo de sus faenas de pesca.

Tanto Yuli como Yuvelis, comparten un mismo sentido, llevan a cabo una lucha por lo común, por la justicia ambiental y social de las comunidades, en contra de los modelos de economías extractivistas que se imponen en el territorio.

Esta lucha que han reivindicado ha traído consigo, una serie de violencias y amenazas en contra de sus liderazgos, “Yo pasé de ser una mujer joven, hija de un pescador, que vivía tranquila en su territorio, a vivir con el temor y la incertidumbre que genera una o varias amenazas. A mis 20’s, narré como casi me matan por defender lo que para mí es el pilar fundamental de la vida -el agua-. ¿En el Magdalena Medio, la lucha por la vida puede costarte la propia?”  Yuvelis Morales.

Para Yuli, el costó ha sido tener que salir su lugar de arraigo, “Es algo que marca, con mucho miedo, terror, zozobra, porque uno tiene que alejarse y saber manejar la situación, particularmente uno tiende a cuidar y proteger su hogar: sus hijos. Salir a media noche de casa con ellos, es algo que te derrumba. Además, desarraigarnos de nuestros lugares, a mí me gusta mucho estar en el área del campo y tuve que salir de mi parcela, en el que teníamos nuestros productivos y cultivábamos plátano, teníamos gallinas, marranos, chivos y en el lugar donde actualmente me encuentro ahora, no puedo tener nada”.

En medio de sus propias realidades, han encontrado el acompañamiento y apoyo de la Corporación Regional para la Defensa de los Derechos Humanos, a quienes ellas se refieren como la organización hermana y aliada, que ha estado en los momentos más difíciles que han enfrentado por la persecución de sus liderazgos y luchas.

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