93 años del PCC: Nuestras mujeres comunistas

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La ministra del Trabajo Gloria Inés Ramírez interviene en el 23 Congreso del PCC. Foto archivo

VOZ le hace un homenaje a las mujeres que han estado en las filas del Partido. Junto con la secretaria general Claudia Flórez, hacemos un recorrido por los nombres femeninos que han construido la historia de la colectividad revolucionaria

Anna Margoliner
@marxoliner

El Partido Comunista Colombiano, PCC, conmemora el 17 de julio sus primeros 93 años de lucha y desde su nacimiento ha construido la revolución en el país de la mano de las mujeres. Reconocer cada uno de los pasos que ha dado el Partido, es reconocer que ellas han estado presentes contribuyendo activamente al proyecto revolucionario en Colombia.

Claudia Flórez, actual secretaria general hace un balance sobre la mujer como pilar fundamental del proyecto comunista en Colombia, no solo en las filas del Partido sino también en los logros que se han impulsado para las mujeres del país. Claudia menciona que, “las mujeres siempre hemos participado en el Partido Comunista Colombiano, desde sus inicios hemos estado presentes, en la lucha de clases, en la lucha por nuestros derechos, es decir, en la lucha revolucionaria”.

Las fundadoras

“Es de gran valor recordar a Elvira Medina quien era profesora y Enriqueta Jiménez. Ambas venían del socialismo revolucionario. Ellas hicieron parte del núcleo fundador del PC. Elvira Medina fue parte del Comité Central que se elige en 1930”, menciona Claudia, recordando a estos dos nombres que son poco conocidos y cuya reivindicación debemos resaltar.

Habla también del papel de María Cano que, “si bien no participó del pleno en el que se funda el Partido en Bogotá el 17 de julio de 1930, si ayudó a la construcción de la organización en Medellín. Además, hizo parte de los primeros actos públicos en esta ciudad. Incluso en 1934 estuvo activa acompañando la huelga de trabajadores del tranvía de Antioquia”.

También estaba junto a ellas Carmen Fortoul Briceño. Sobre ella, Claudia destaca que, “le decían Inés Martell y era venezolana. Su familia estaba vinculada al proceso comunista, sus hermanos ayudan a fundar el PC en Venezuela y ella viene como representante de la Internacional Comunista al pleno en que se discute y se debate la carta donde se aceptan sus 21 condiciones. Poca gente lo sabe, pero la compañera construyó las primeras escuelas de marxismo en Colombia. Es expulsada del país con el camarada Guillermo Hernández, quien fue el primer secretario del Partido”.

Desde todos los ámbitos

Si bien puede ser más conocido el papel de las mujeres comunistas en el ámbito sindical, también ellas han participado en las luchas que han dado las mujeres para ejercer a plenitud sus derechos como ciudadanas.

“Por citar un solo caso que le atañe a toda la sociedad colombiana, la batalla librada por el derecho a votar, que se logra conquistar en el año de 1954, donde participaron con firmeza las comunistas para la exigencia del derecho y logrando la ganancia de los derechos políticos de la mujer. Se generan planes para promocionar la acción en todo el territorio nacional, es decir, no podemos creernos el ‘cuentazo’ que fue la élite y Rojas Pinilla fueron los que lograron esta conquista”, enfatiza la secretaria general.

Claudia nos invita a recordar a camaradas como Ismenia Silva, quien fue fundamental en la publicación del periódico Nuestras Mujeres, el cual se imprimía con cierto grado de clandestinidad ante la persecución sobre el Partido, agudizada con la ilegalización en 1954.

“De igual manera es de gran valor el apoyo generado en la creación de organizaciones de las mujeres, a lo largo del siglo XX y hasta la actualidad: la Asociación Demócrata de Mujeres Colombianas (1953), la Unión de Mujeres Demócratas, UMD, en 1959; la Asociación de Mujeres por la Paz y la Defensa de los Derechos de la Mujer Colombiana, Asodemuc; y la Asociación Nacional de Mujeres Colombianas, Asonam-C, entre otras experiencias”.

También fue el Partido el que planteó el problema del trabajo en la mujer, donde se destaca, entre otras mujeres, el trabajo de la camarada Blanca Villamil en la década de los setenta. “Experiencias como la construcción de los sindicatos de las mujeres recolectoras y escogedoras de café, es decir, la lucha por conquistar derechos laborales para las mujeres está atado a la historia de nuestro partido”, agrega Claudia.

El contacto directo con la clase obrera que tienen las mujeres, representa una parte importantísima de la historia, aportando desde diferentes espacios de la acción política: “En la lucha viviendista son las mujeres quienes jalonan el proceso. Si bien existían figuras masculinas como Julio Rincón o Mario Upegui, son las mujeres el motor que fortalece toda la base en la construcción del movimiento”.

La secretaria general resalta que en la economía del cuidado son ellas quienes conocen de primera mano las penurias, el significado del control, la administración de la comida y el sostenimiento de la casa, pues son las que quienes mantienen esos procesos. Así mismo apoyaron el sostenimiento del Partido y las tareas durante el periodo de la clandestinidad. Además, la mujer campesina es clave en la construcción misma de la organización y funcionamiento de la organización, siendo encargadas de estructuras completas.

Se puede afirmar, entonces, que la participación política de las mujeres va más allá de votar, porque construye bases desde el hogar y la cotidianidad, incluso siendo un elemento fundamental en la fundación y sostenimiento de sindicatos, reivindicando sus derechos y luchando por la dignidad del cuidado de sus familias, tarea que cumplen además del trabajo remunerado.

Paridad en el PCC

Finalmente, Claudia señala que “es importante resaltar que el resultado obtenido en el 23 congreso en relación a contar con una dirección nacional paritaria es producto de un proceso de hace varios años. Proceso que se destaca por la discusión, formación y la acción política de mujeres que, dentro del partido, le han apostado a la lucha de clases y la han enriquecido. Es importante valorar el papel político de nosotras en los cambios que merece la sociedad”.

En opinión de Claudia, corresponde a un proceso que ha permitido avanzar para ganar mayor conciencia sobre el papel político de las mujeres, puesto que, a pesar de tener un instrumento de discriminación positiva para la elección, no fue necesario aplicarlo.

“De manera honesta, comprometida y sincera las delegaciones de los territorios que participaron del último congreso, definieron voto a voto que las mujeres estamos preparadas en paridad para desarrollar las definiciones tomadas colectivamente, así como dirigir el rumbo revolucionario del partido”, expresa Claudia.

Finalmente, la primera secretaria general del Partido en más de nueve décadas de existencia, subraya que de la organización revolucionaria también han emergido liderazgos notables en la administración del Estado, con varias experiencias de alcaldesas, concejalas, diputadas y congresistas.

En el último periodo, el país entero ha podido conocer de cerca la infatigable labor de la ministra del Trabajo Gloria Inés Ramírez, quien durante toda su vida se ha caracterizado por su defensa de los derechos de la clase trabajadora y de las mujeres, en especial, por su aporte en la ley que tipificó el feminicidio y que busca combatir este flagelo.

Ser mujer revolucionaria

Nacer mujer en un mundo patriarcalizado significa tener que luchar el doble si queremos ir más allá de los parámetros establecidos culturalmente por el sistema económico y político capitalista. Tener conciencia de clase y de género es entender que hacemos parte de dinámicas que nos oprimen desde el espacio privado que habitamos hasta el público, en el cual hemos logrado escalar.

Es un compromiso ser mujer revolucionaria para reivindicar a quienes, detrás de nosotras, dieron hasta su vida para que hoy en día podamos seguir combatiendo por el mundo que soñamos.

Las mujeres le decimos, ¡salud! a este que es nuestro proyecto, el Partido Comunista Colombiano.