66 años del semanario VOZ

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VOZ participó de la reciente movilización ‘Yo marcho Trans’ con su edición especial en el mes del orgullo. Foto Alexa Rochi

La palabra es la medida de todo lo que se ha construido. Es el primer paso para acercarnos, buscar alimento, levantar edificios, crear la guerra y luego establecer la paz. Así nació el periódico el 20 de julio de 1957, cuando era ilegal que los comunistas usaran la prensa para defender a la gente vulnerable

Tránsito Rojas

Desde los primeros años en que el ser humano se estableció en espacios definidos y dejó de caminar de un lado al otro, apareció el lenguaje. Los sumerios y egipcios crearon los primeros alfabetos y fonogramas que le permitieron a las personas comunicarse con otras sin necesidad de pronunciar un solo sonido, solo interpretando los símbolos que aparecían sobre el soporte de barro o de papel. Eso permitió el intercambio cultural masivo de conocimientos y, por supuesto, noticias.

Varios siglos después, apareció la imprenta. Para la historia colombiana es inolvidable el uso que de ella hizo Antonio Nariño al publicar la traducción de la Declaración de los Derechos del Hombre a finales del siglo XVIII, apoyando el movimiento de la independencia. Durante el siglo XIX, emergieron miles de publicaciones que obedecían a la necesidad de reproducir el discurso político de las dos corrientes más grandes que existían en ese momento: las liberales y las conservadoras.

Navegando entre el archivo

El Partido Comunista de Colombia tuvo varios órganos centrales antes del semanario VOZ. Uno de ellos: el inolvidable periódico Tierra que, además, marcó un hito en la historia del diseño gráfico en el país usando sus páginas para ilustrar su propaganda política.

Sin más divagaciones, puedo imaginar al exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia Juan Francisco Mujica sentándose frente a su máquina de escribir presionando una a una las teclas para plasmar en el papel, línea a línea, aquel ejercicio periodístico que se convertiría en el decano de la prensa alternativa en Colombia: VOZ de la Democracia, siendo más que un mero aparato comunicativo de las ideas comunistas de esta tierra, el espacio para dejar constancia presente y futura de la lucha que ha dado el pueblo colombiano para cambiar la dinámica política.

Entre las miles de páginas que aún se conservan como fiel testimonio de las injusticias que han ocurrido en Colombia, me encontré con los susurros anónimos de aquellos a quienes les costó la vida ser minoría. Campesinos, indígenas, afrodescendientes y comunistas. Es difícil contener las lágrimas cuando se navega entre titulares que narran amenazas, asesinatos y desapariciones.

Y siempre ocurre algo muy extraño. Navegando entre las fotografías, las caricaturas del maestro Calarcá y las invitaciones a asambleas populares, a mítines y actos públicos; algo se revuelve muy adentro. Se desacomoda la tristeza. Humedece los ojos pero no habita el alma que, por el contrario, se llena con una ola de esperanza.

Salgo del archivo y vuelvo al periodismo

Siento en el rostro un rayo de sol que irradia el espacio que comparto con el Semanario dándome su calor, me imagino reunida con los camaradas que nunca conocí, compartiendo el almuerzo y un par de cervezas, conspirando la revolución en un barrio popular construido con las manos del pueblo, ese mismo que recuerda las páginas del VOZ, porque como bien dicen: “no se murió aquel que sigue siendo recordado”

Salgo del archivo y vuelvo a mi rol de periodista. Claro que soy afortunada. Una mujer como yo nunca imaginó tener el honor de poder escribir para la VOZ que mantiene en nuestros corazones aquellos pasos que fueron dados antes de los míos, aquellos susurros que se convierten en la pesadilla del olvido.

Este es mi humilde homenaje. Gracias a todos y todas las periodistas que han plasmado desde su palabra para mantener viva durante estos 66 años La Verdad del Pueblo.