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60 años del bombardeo a Marquetalia

Manuel Marulanda Vélez orientó a 48 familias a irse a Marquetalia a cultivar y ejercer la autodefensa. Allí vivieron en paz, nadie era propietario, la tierra se administraba colectivamente. Esta inexistencia de propietarios individuales se articulaba bien con las formas comunales indígenas

Pablo Catatumbo

Seguramente, Winston Churchill, después de la victoria contra el Tercer Reich, hubiera querido continuar la marcha de las tropas occidentales (Inglaterra, Francia y Estados Unidos), para ocupar la Unión Soviética y sacarla de su condición de “aliada”, siendo este país el que propinó las mayores derrotas al fascismo en Stalingrado y en el Arco de Kursk.

Pero no podía, porque el prestigio de la URSS ante la opinión universal era enorme. Los soviéticos habían llegado primero a Berlín; habían descubierto los campos de concentración, donde ya habían asesinado millones de gitanos, homosexuales, negros, minorías étnicas y, por supuesto, judíos en su gran mayoría.

Marquetalia y el contexto mundial

Europa cambió la composición política y económica. El planeta empezó a diferenciarse entre dos grandes campos: el imperialismo capitalista y el socialismo. Tanto Inglaterra como Estados Unidos concedieron a España (aliada de Hitler durante la guerra), una licencia de no ser castigada en Núremberg y dejaron a este país como una puerta de salvamento para algunos miembros de la oficialidad Nazi, permitiendo que miembros de la dirección hitleriana se escaparan al sur de Latinoamérica: Eichman, en Argentina; Klaus Barbie, en Bolivia; Mengele, en Brasil y Paraguay y Paul Schäffer, en Chile.

Estos son los hechos, este es el comienzo de la Guerra Fría, el ambiente en que comenzó la guerra que dio origen al surgimiento de las FARC-EP.

El 9 de abril de 1948 se hizo la Primera Conferencia Panamericana en Bogotá, presidida por el general Marschall, un acto para detener el “avance del Comunismo en Colombia”, asunto que no era real. Ese mismo día fue asesinado en la carrera Séptima con Jiménez de la capital, el gran dirigente popular liberal de izquierda, Jorge Eliécer Gaitán. El país se convirtió en una marejada humana en protesta por semejante crimen.

Desde entonces se inicia la llamada “época de la violencia” en Colombia, contra los liberales y demás sectores democráticos que arrojó más de 300.000 muertos, hasta la fundación del Frente Nacional en 1958.

En 1950, estalló la guerra de Corea. Colombia fue el único país latinoamericano que envió tropas en apoyo a Estados Unidos: cinco mil doscientos soldados por orden del presidente Laureano Gómez, enviados a esa lejana guerra, primera guerra caliente de la Guerra Fría. 210 colombianos murieron en combate y otros 402 fueron heridos.

Al mismo tiempo, en Estados Unidos, se inició la cacería de brujas contra supuestos comunistas que se infiltraron entre los actores y directores de cine de Hollywood. La cultura se convirtió en víctima. Varios de los más grandes directores y artistas purgaron prisión. Estos acontecimientos marcan la polarización y el origen de lo que se llamó el inicio de “La Guerra Fría”.

Foto Archivo del Partido Comunes.

El testigo casual

En aquella época, Manuel Marulanda Vélez, un joven de veinte años, nacido en Génova (ahora Quindío), pequeño comerciante por entonces, fue testigo en una vereda vallecaucana llamada Ceilán, de la represión, incendios y masacres policiales contra la población civil que protestaba por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Incendios, degollamientos, cortes de “franela”, torturas, etc.

Lo que más impresionó a este testigo casual, llamado Pedro Antonio Marín, fue la indefensión de los contestatarios y se marchó del lugar, impactado por la cantidad de víctimas liberales. Meses después, en Naranjal, Valle del Cauca, el testigo participó en un grado modesto y con armas precarias, en el enfrentamiento de los campesinos contra la “chusma” policial y los “pájaros” conservadores.

El desenlace fue menos deshonroso, pero provocó desplazamientos masivos de campesinos liberales hacia la cordillera central. Nació en la región la hegemonía de los “pájaros” conservadores, que expresaban la codicia de los terratenientes vallunos.

Sistema socialista marquetaliano

Entonces, fue cuando Manuel Marulanda decidió que su destino no era ser un labriego, sino un combatiente, y se marchó hacia el sur del Tolima donde los campesinos liberales enfrentaron la represión por los conflictos de tierras, con mayor preparación. Pocos años después, Pedro Antonio Marín, siendo ya un connotado líder rural, un guerrillero, protagonizó una decisión intrépida a mediados de la década de los cincuenta, se pasó al lado izquierdista de los guerrilleros liberales durante el desarme propuesto por Gustavo Rojas Pinilla. Aquel y su grupo escondieron las armas, las enterraron. Escépticos de la paz propuesta por el dictador militar.

Orientó a 48 familias a irse a Marquetalia en plan de cultivar la tierra y ejercer la autodefensa, por si acaso se les agrede. En Marquetalia, vivieron en paz, nadie era propietario, la tierra se administraba colectivamente. Esta inexistencia de propietarios individuales se articulaba bien con las formas comunales de las tierras indígenas. Ambas comunidades ─campesinos e indígenas─ llevaron una relación fluida. Hacían reinados, celebraban matrimonios colectivos, cuyo oficiante en Riochiquito era el líder Ciro Trujillo.

También se encontraba entre los cuadros directivos un hombre decisivo por sus saberes y experiencias: Jacobo Arenas. Un luchador popular y campesino, un ideólogo, un hombre comprometido con las causas populares.

Se activa la guerra con el plan Lasso

Estas especies de arcadias sin conflicto resultaban sospechosas a los militares ─con la excepción del ministro General Alberto Ruiz Novoa, que algo hizo por conservarlas─ y a los terratenientes caucanos, liderados por Víctor Mosquera Chaux, y los altisonantes discursos en el Congreso por parte de Álvaro Gómez Hurtado y Víctor Mosquera Chaux

La tensión se hizo insoportable en el alto poder y el presidente Guillermo León Valencia destituyó a Ruiz Novoa, comenzando a sentir la influencia de los generales Rebeiz Pizarro y Ayerbe Chaux. Por entonces, Estados Unidos, a causa de la influencia creciente de la Revolución cubana, calificó la tranquilidad de Marquetalia y Riochiquito como una astucia del comunismo internacional, razón por la que decidieron arrasarlas con el plan Lasso. El 27 de mayo de 1964 comenzó el bombardeo a Marquetalia.

Según el comandante del Ejército, Ayerbe Chaux, después de la “derrota” de los comunistas, “el Estado promete que habrá planes de acción cívico-militar, construcción de escuelas y carreteras, instalación de puestos de salud, suministro de energía eléctrica y agua potable (…), y solución de los problemas de tenencia de la tierra”.

Sesenta años después de semejante despliegue de fuerza y valoración estratégica de Marquetalia como punto de inflexión del comunismo internacional, la vereda Marquetalia sigue sin agua, ni energía, ni puestos de salud, ni escuelas, ni carreteras, ni solución del conflicto de la tenencia de la tierra.

La guerra fue un pretexto que generó miles de muertos en Colombia. Si el Estado hubiera tenido interés de recuperar la soberanía lo hubiese hecho. Pero fue pura paja.

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