Santiago Feliú, un hippie en el comunismo

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José Luis Díaz-Granados

Recordaba a los trovadores parisinos de los años 60 que arengaban y cantaban a un mismo tiempo; a los trovadores medievales que recorrían montañas y poblados dejando a cada paso la luz intensa de sus relámpagos verbales, y a los eskaldes nórdicos que contaban con ingeniosa ironía las noticias de sus reinos.

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Santiago Feliú, nacido en La Habana en 1962 -a tres años del triunfo de la Revolución y 11 meses después de la victoria de Playa Girón-, desplegó sus alas creadoras desde su más tierna infancia. Hizo parte tanto de la Nueva como de la Novísima Trova, la más brillante pléyade de cantautores cubanos en dos generaciones: Silvio y Pablo, Noel Nicola, su hermano Vicente Feliú, Luis Eduardo Aute, León Gieco, Luis Pastor, Frank Delgado, Carlos Varela, Gerardo Alfonso, Xiomara Laugart, Kelvis Ochoa y Fernando Bécquer, entre otros.

Desde niño, Santy -como le decían sus amigos y allegados-, fue aficionado al cine. A los 6 años se volvió zurdo de manera inexplicable, pues no hubo causa racional para ese cambio. A los 13 se dio cuenta que su vocación y destino era la música, viendo (y oyendo) a diario a su hermano Vicente ensayar con Silvio y Noel Nicola. Y sin dejar de admirar, a veces críticamente, a cantores de fama mundial como Bob Dylan y Cat Stevens, sus músicos predilectos fueron los clásicos como Mozart, Beethoven y Vivaldi. Además, fue un lector infatigable de las obras de Franz Kafka, Hermann Hesse y Michael Ende.

Con su guitarra mágica, este zurdo genial conmovió multitudes en diversos países del continente americano. Su ritmo, de características abrumadoramente personales, penetraba en la memoria y los corazones de millares de oyentes con una facilidad maravillosa. Su música enriqueció el rock and roll, sin lugar a dudas, con expresiones y tonos insospechados, llenos de extraña poesía, rebeldía e ideales nobles. En un libro sobre la Nueva Trova, alguien dijo de Santiago Feliú que era “un hippie en el comunismo”.

En sus álbumes estelares -Ansias del alba, Trovadores, A guitarra limpia, Futuro inmediato, Sin Julieta y Náuseas de fin de siglo, Feliú en vivo, entre otros-, Santy expresó de manera original, y sin abandonar la belleza y el asombro, el sentido cabal de la existencia, de la historia, la Revolución, la guerra o el misterio del tiempo, ese “no-sé-qué” de la sensibilidad humana:

Siento que tus destellos ahogan mi brisa / mi brisa que presiento inagotable, / azul, infinita, / límpida brisa de lirismo inevitable. / Soplo de sueños que en mi verso se derrama…

Además de declararse admirador del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y del Subcomandante Marcos, Santiago Feliú se reconocía como “adicto al bajo cero”, ese estado del alma que podría traducirse como la saudade, o sea una mezcla de depresión, melancolía y desamor. En este sentido, una de sus canciones más intensas, es la titulada “Hiriéndome”:

Ay mujer, esperando que tú llegues / se me va a volver loca la cabeza / pensándote llorando, es que no entiendes / que mi corazón sufre y no es de guerra.

Me lastimas y juegas abriendo mis heridas / como si fuese tu enemigo. / Hiriéndome, abriendo mis heridas / eso te causa placer. / Matándome jugando con mi corazón / como si fuese de papel…

He contado las estrellas en tu ausencia, / escribí tu nombre mil veces en la arena / y aun así no regresas. / Destrozando un corazón que se te entrega / la esperanza de tenerte va muriendo.

Hiriéndome, abriendo mis heridas / eso te causa placer. / Matándome jugando con mi corazón como si fuese de papel…

Su entrañable hermano mayor Silvio Rodríguez, el supremo poeta y cantor, al conocer la noticia de la muerte repentina de Santy, el pasado 12 de febrero, escribió:

“Suena el teléfono a las cuatro de la mañana y pienso que ojalá sea un equivocado. Desde una conciencia adormecida el instinto de conservación lanza ese pensamiento. Si esa llamada no es error, ¿qué buena noticia te pueden dar a las cuatro de la mañana?

“El instinto no traiciona, no miente, viene de un lugar ignoto pero corta como navaja, porque cuando escucho Aurora y después, cuándo fue, ya la cabeza está en Vicente (Feliú), que está en Guatemala, en algún accidente de avión o de carretera, en un atentado loco.

“Pero no es avión ni carretera ni atentado ni Vicente. Es Santiago, el más joven, a quien hace una hora se lo llevó un infarto.

“Ayer mismo borré la carpeta donde le puse una selección de fotos de su boda. ¿Por qué llevaba días pensando en él?

“Muchas malas palabras se me ocurren. Muchas. Son tantas, que se atropellan”.

A los innumerables admiradores y admiradoras de Santiago Feliú, por el contrario, no se nos ocurren ni buenas ni malas palabras, porque ante el silencio imprevisto del cantor, nos hemos quedado sin las mismas.