Rumbo a la OCDE

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Foto: Organisation for Economic Co-operation and Develop via photopin cc

Rodrigo López Oviedo

Decía Groucho Marx que no le gustaría pertenecer a ningún club que admitiera a socios como él. Muy seguramente, con su humor cáustico, este humorista sin par le exigía características de excelencia a las membrecías de las organizaciones que quisieran tenerlo en su seno.

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En las mismas debería pensar el pueblo colombiano, sobre todo ahora que sus últimos gobiernos vienen siendo objeto de halagos para que matriculen al país en clubes y convenios en los que los verdaderos dueños del país serían los gananciosos, a cambio de entregar soberanía política, soberanía alimentaria, soberanía sobre sus saberes ancestrales y soberanía sobre su suelo y su subsuelo.

A ese tipo de clubes nuestro pueblo debería resistirse a pertenecer. Sin embargo, el Gobierno ha dado en la flor de estarles mendigando cupos por doquier, sin importar los costos que tales membrecías puedan acarrearnos.

Uno de los últimos ejemplos lo vimos en la OTAN, organismo creado para garantizar la defensa de las grandes potencias en la época de la Guerra Fría e impedir el auge del socialismo, que por entonces estaba en alza. ¿Tiene algo que ver Colombia con semejantes propósitos? Por supuesto que no, pero allá quiere meterla el doctor Santos.

Pero el embeleco más reciente y gracioso es el de que la admitan en la OCDE, el mal llamado Club de las Buenas Prácticas. Muy seguramente que los 34 países que conforman este organismo saben bien que si hay algo grave en Colombia es la corrupción, que es la esencia, la peor demostración, de las más malas prácticas, sobre todo en la administración pública. Pero eso no es lo que les importa. ¿Qué será entonces lo que los lleva a abrirnos sus puertas?

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es una organización originada en el Plan Marshall. Su mayor propósito es el de trazar orientaciones que permitan maximizar el crecimiento económico de sus países miembros, aplicando el requisito fundamental que les demanda a sus membrecías: el de liberalizar los movimientos de capitales y de servicios, lo cual, dicho en otras palabras, solo significa neoliberalización, de cuyos resultados ya todos nos hemos estado haciendo conscientes, y de cuyos principios han sido víctimas muchos pueblos que, como Grecia y España, hacen parte de esa organización.

Es bueno señalar que si Colombia ingresa a la OCDE, su régimen de impuestos tendría que cambiar en lo concerniente al tratamiento de personas extranjeras, pues tendría que comprometerse a aceptar que el derecho fundamental del impuesto le corresponde al país del que provenga la respectiva inversión. A esto se le denomina “pérdida de la soberanía tributaria”. ¿Nos gusta?

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La unidad de la izquierda

Después de ver el espectáculo circense de la Convención Nacional de “Uribe Centro Democrático” y la crisis de la llamada Unidad Nacional, es un imperativo la unidad de las fuerzas de izquierda y de los sectores democráticos en un frente amplio por la paz y en un movimiento alternativo con opción de poder para las elecciones que están en marcha. La estrechez y los sectarismos atentan contra este desafío histórico. Las posiciones hegemónicas y excluyentes no caben en un momento como el que vive el país.

El auge de la lucha social y popular y el franco deterioro del tradicionalismo que soporta el régimen de democracia restringida y de privilegios para la clase dominante muestran la posibilidad para la izquierda y los sectores democráticos. Un movimiento alternativo que coloque en la primera línea la paz con justicia social, la defensa de la soberanía nacional, un nuevo modelo de desarrollo, el fortalecimiento de la democracia, el rescate y la defensa de lo público y atender como prioridades la salud, la educación, la vivienda, la cultura y la niñez, debe convocar a todos los que aspiran a construir una nueva Colombia.