“No renunciaré a mi partido”

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Luz Marina Aguirre.

“El partido me enseñó que los seres humanos tenemos derechos y las mujeres no teníamos por qué dejarnos someter por los hombres, los esposos, los hermanos mayores, los patrones y por las clases sociales”: Luz Marina Aguirre

Luz Marina Aguirre.
Luz Marina Aguirre.

Redacción Mujeres

El semanario VOZ conversó con Luz Marina Aguirre, que con dolor cuenta cómo la guerra la trajo a esta selva de cemento, pues, ella vivía en Aquitania, Boyacá; era una mujer campesina, pero feliz en donde el paisaje lo adorna una de las lagunas más hermosas de Colombia.

–Luz Marina, ¿usted sabe qué se celebra el 8 de marzo?

–Sí, claro, es el Día Internacional de las mujeres trabajadoras, yo lo sé porque desde muy niña tuve la fortuna de tener un tío que era militante del Partido Comunista, él se llamaba Jorge Pérez Pérez, y antes de formar políticamente a las masas formó a la familia, todos en su mayoría respetan la ideología que les dejó a los hijos como herencia. El nos contó que los partidos tradicionales han encabezado la ideología de la explotación, que eran ellos los que sacaban de los campos a la gente para quedarse con las tierras, y que todos los que pensemos diferente siempre los tratan como enemigos, somos objetivo del destierro.

–¿Como mujer qué la enamoró del Partido Comunista?

–Pues, el partido me enseñó que los seres humanos tenemos derechos y las mujeres no teníamos por qué dejarnos someter por los hombres, los esposos, los hermanos mayores, los patrones y por las clases sociales. Ese género que nos ha esclavizado por toda le vida, por eso las mujeres comunistas somos distintas en nuestro pensamiento a las demás mujeres, esa es la necesidad de enseñarle sobre todo a las campesinas que son sometidas de muchas formas. El partido me enseñó que debemos valorarnos como mujeres, que si es necesario dar la vida por la defensa de nuestro derechos, pues hay que hacerlo antes que morir como esclavas.

–¿Qué le significó ser militante política y pensar distinto de los partidos tradicionales?

–Al pensar distinto, sé quién soy, qué es lo más importante en la vida, y lo otro fue la persecución tan terrible que he sufrido, es que casi no encuentro los palabras para expresar tanto dolor que me causó perder parte de mi familia, sacarme de mi casa donde vivía muy bien, ver caer y desaparece a mis grandes amigos y familia política, es una tragedia que nadie debe volver a vivir en este país.

Cuando se es consciente de la lucha, eso lo hace a uno crecer, a mí me asesinaron a mi esposo y a una hija el 11 de marzo de 1991 en un paraje cerca de Aquitania, le dieron las noticias a los medios de comunicación, dándolos como miembros armados, yo sabía de la honestidad de mi familia, le demostré al Estado la inocencia de mis seres amados, ya tengo el fallo del Consejo de Estado. Mi esposo iba a llevar una madera de una planta que se llama Encenillo, para hacer un arado; en el camino los abordaron los militares y los asesinaron junto con dos campesinos más que venían con ellos. Luz Mireya (su hija) estudiaba de noche, los despojaron de sus prendas, y les pusieron ropa militar, donde los hicieron pasar cómo guerrilleros; la emboscada era un sitio muy agreste, y no pudieron salir para ningún lado.

–¿No sintió miedo al iniciar esa pelea con un enemigo tan grande?

–Miedo no, soy comunista, yo no podía permitir que aparte de que mi familia la asesinaran y después de muerta la calumniaran, eso jamás, después que puse la demanda, llegaron militares a proponerme que renunciara y me ofrecieron mucha plata y que les firmara una carta dándole gracias a esos asesinos. Como me negué, me allanaron la casa, yo tenía el hijo muy enfermo, uno de los militares le puso la pata en la cabeza a mi único hijo y me decían firme, o de lo contrario su hijo no vivirá, eso me hizo venirme para Bogotá, acompañada del padre Francisco de Roux y el Colectivo José Alvear.

La estadía en Bogotá fue muy triste, me tocó pedir limosna para alimentar mis hijas y mi hijo enfermo, una vez fui al 20 de Julio, la primera vez me dieron un mercado, pero la tercera vez un sacerdote me mandó al centro de Bogotá a prostituirme. Nunca más volví, a ese sitio.

–¿Cómo volvió a tomar contacto con el Partido Comunista?

–Bueno, después de salir del hotel donde me refugiaba, llegaron unos compañeros del partido y me trajeron, me brindaron la solidaridad y aquí estoy trabajado.

–¿No pensó renunciar ante tanta persecución?

–¿Cómo se le ocurre?, si el responsable de tanta ignominia no es el partido, son los terratenientes, eso me lo enseñó mi tío y para mí eso es muy claro, yo estoy segura que aunque no soy la única madre que ha sufrido lo que he sufrido, sí soy un ejemplo de vida para las demás generaciones. Por eso cuento estos sufrimiento con mucho orgullo y sobre todo con honor.

–¿Como ves este proceso de paz que se está negociando en La Habana?

–Yo tengo la esperanza que este proceso de paz llegue a feliz término, así los conflictos sigan, pero son a otro precio, al acabarse la guerra ya la oligarquía no tiene disculpas para seguir matando a tanta gente inocente, porque en este país han asesinado mucha gente, jóvenes. Que las mujeres no tengan que peregrinar a fosas comunes, ver restos humanos, deseando que no sean sus familiares, porque la esperanza de verlos vivos son muchas. Este proceso debe servir para que nos reconozcan como víctimas, como mujeres, pues las lágrimas que hemos derramado nadie puede imaginarse la pesadilla. Como en el caso mío, no solo me mataron a mi esposo, mis dos hijas y ahora me condenaron a mi hija Adela Pérez, a una condena de 32 años, como represalia por la decisión que yo tomé para defender la honra de mi familia, se han desquitado con mi hija, ella también tiene una niña, que ha sufrido los embates de esta guerra.

–¿Cómo conmemora el 8 de Marzo?

–Con mucha esperanza, pues las mujeres han sido muy solidarias conmigo y eso me ha permitido criar a mi nieta huérfana de padre y su madre en la cárcel, pues las mujeres en este 8 de Marzo debemos decir un no rotundo a la guerra, un no rotundo a la esclavización de las mujeres.

–Luz Marina, gracias por darnos ese ejemplo de vida tan maravilloso.

–Gracias a VOZ que me da la oportunidad de desahogarme, estos gestos de solidaridad son los que me dan alientos para seguir viviendo, pues muchas veces quisiera intercambiarme con mi hija, y yo estar en ese encierro, para que ella, disfrute a mi nieta. aún así no renunciaré jamás a mi Partido y les contaré si la vida me permite, lo ocurrido en este país a la juventud, que el Gobierno ha sido el responsable de la guerra, no les callaré nada de las cosas tan terribles que hemos vivido las mujeres y todos los esfuerzos que las mujeres podamos hacer, los debemos hacer y que este 8 de Marzo, las mujeres salgamos a la calle a defender esos diálogos que se están llevando en La Habana, para que ninguna mujer joven tenga que sufrir como me ha tocado a mí y a muchas madres que lloran la desaparición de sus hijos e hijas, esposos, hermanos, hermanas, y la consigna debe ser no más muertes por pensar distinto.