El derrumbe de los precios del petróleo ha tenido un grave impacto en el ámbito social. Los sindicatos tendrán que abocar la discusión sobre el aumento del salario mínimo. No olvidemos la consigna del capital: Primero las utilidades, en último lugar el bienestar del asalariado.

Mauricio Cárdenas, ministro de Hacienda.
Mauricio Cárdenas, ministro de Hacienda.

José Ramón Llanos

Una vez más queda demostrado que la realidad es más tozuda que las palabras. Las clarinadas con que el gobierno anunciaba repetidamente su fortaleza inexpugnable contra la crisis económica que se iniciara en Estados Unidos y que rápidamente llegó a las costas del Viejo Mundo y anidó en los países de la Unión Europea, son cosa del pasado. Las cifras de crecimiento del producto interno bruto, PIB, que inicialmente el Gobierno lo situaba en 4,5 por ciento para el presente año, finalmente lo reduce a 2,8. Sin embargo, la sequía y su impacto en las reservas de agua en los embalses que altera la generación de energía de las hidroeléctricas, con su secuela de racionamiento, probablemente reduzca este porcentaje.

Por otra parte, la situación de la economía mundial, con la disminución del precio del petróleo, dinamiza aún más la producción desbordada estadounidense de este combustible mediante el fracking. A esta novedad se suma el decrecimiento de la economía china que apenas crecerá 6,5 por ciento, lejos del porcentaje del 10 y más por ciento de otrora. La secuela del parón no se ha hecho esperar: este país ya no devora materias primas, de ahí la catastrófica disminución de los precios de materias primas, la soya, el cobre y otros minerales, producidos en los países tropicales, que afectan la economía de América Latina, incluida Colombia. Recordemos que la exportación de petróleo representa un 50% de las exportaciones colombianas. De estas circunstancias también se derivan efectos lesivos para el desarrollo económico.

El derrumbe de los precios del petróleo ha tenido un grave impacto en el ámbito social, las empresas exploradoras y procesadoras del petróleo, así como también las que prestan sus servicios a las anteriores, han despedido cientos de trabajadores y están solicitando permiso del Ministerio del Trabajo para realizar otros despidos masivos. Incluso algunas empresas están alegando iliquidez para no pagar a tiempo los sueldos. No olvidemos la consigna del capital: Primero las utilidades, en último lugar el bienestar del asalariado.

Otra situación que incide negativamente en la economía nacional es la crisis económica de Venezuela, los analistas consideran que su PIB perderá un 10 por ciento y finalmente la inflación ascenderá a 200 por ciento. Este país constituye mercado importante de las materias primas y productos industriales colombianos. También contribuye al agravamiento de la coyuntura económica, el crecimiento negativo de Brasil, según todos los pronósticos el PIB de ese país está en recesión y decrecerá un tres por ciento.

La deuda externa se dispara

La caída del precio del petróleo tiene el efecto de más ponderación en la coyuntura económica nacional: ha devaluado de manera significativa el peso, hoy la relación de cambio es de $3.000 por dólar. Lo cual encarece la deuda contraída en dólar que representa el 91,4 por ciento del total de la misma. La situación se torna preocupante si tenemos en cuenta que los planes de construcción de carreteras primarias y secundarias, solo se pueden realizar acudiendo a préstamos y financiamiento externo. La llamada deuda soberana o de estado, aumentó en un año 14,5 por ciento. Según informe del Banco de la República ya representa un 33,4 por ciento del PIB, en un año aumentó 7,8 por ciento. Según la misma fuente, los préstamos bancarios representan 49 por ciento y los bonos 42 por ciento. Si la deuda del Estado sigue aumentando en esta forma, puede convertirse en un obstáculo para el crecimiento. No olvidemos que la actual crisis europea se manifestó inicialmente como un problema de la deuda soberana de España, Portugal, Italia, Grecia e Islandia, lo cual entrabó toda la economía de la UE.

En este contexto económico deplorable, los sindicatos tendrán que abocar la discusión sobre el aumento del salario mínimo. Se repite la historia de siempre, a final de año el choque de intereses entre asalariados de bajos ingresos y los empresarios. Los primeros para defender el aumento de salario que les permita recuperar el poder de compra de sus mezquinos ingresos, disminuidos por la galopante inflación y los dueños de empresas con ambición insaciable, siempre tratan de aumentar sus utilidades y consecuentemente su riqueza. Mientras la mayoría de la población no se una y organice la defensa de sus salarios, la lucha será desigual, los capitalistas cuentan con todo el poder del Estado y sus instituciones, más los medios de comunicación.

En esta ocasión el discurso del gobierno, los empresarios y los economistas al servicio de estos, tienen un argumento de corte naturalista, le quieren imputar la causa del alza de precios y la escasez a la naturaleza: el Niño. Así justifican el alza de las tarifas de la energía eléctrica, el racionamiento del agua y la luz y hasta la disminución de las cosechas. Tal parece que estuviéramos en el siglo XVII, anterior a la Revolución Industrial. Por tanto, el Gobierno pretende eludir su responsabilidad por la imprevisión y la falta de una política capaz de visionar y aplicar métodos para amortiguar los efectos del fenómeno del Niño anunciado con suficiente antelación por el Ideam.

Las clases sociales y el salario

Como ya dijimos el desplome del precio del petróleo es el principal causante de la depreciación del peso colombiano y por tanto condicionante de su pérdida de compra. También tienen el mismo efecto el fracaso de las políticas de comercio exterior, fundamentadas en las pésimas negociaciones de los contenidos de los TLC negociados irresponsablemente. El aumento de las exportaciones estimuladas por esos tratados aún lo esperamos, el hecho contundente, es según los datos del DANE, que las exportaciones cayeron un 40 por ciento en relación con el año pasado. Ni siquiera la competitividad ganada con la devaluación ha permitido aumentar los ingresos por las exportaciones.

Los TLC influyeron negativamente sobre la agricultura colombiana, ya ni siquiera producimos el maíz necesario para nuestro consumo, estamos importando cerca de seis millones de toneladas de este cereal, irreemplazable para la producción de concentrados, alimentos de pollos, cerdos y el ganado vacuno.

Además también importamos trigo, materia prima del pan. Los hechos anteriores acusan la carencia de seguridad alimentaria, ya que depende casi totalmente de la producción extranjera. En lo inmediato están contribuyendo al alza de los alimentos y por tanto a la inflación, que ya llega según cifras del Banco de la República a 5,89 por ciento. Que aparte de mostrar el fracaso de la política antinflacionaria de esa institución, anuló el poder de compra del exiguo aumento salarial de comienzos de año.

El empresariado ya empezó a socializar sus propuestas, el salario mínimo no debe incrementarse más allá de la inflación con justificación ya sabida, si superara ésta el año próximo se dispararían los precios. El gobierno aliado permanente de los empresarios, con subterfugios terminará apoyando la propuesta de los capitalistas. Infortunadamente el sindicalismo no cuenta con la fuerza adecuada para doblegar el poder del gobierno, con la alianza de los empresarios y sus medios de comunicación. Esta maquinaria brutal contra el pueblo colombiano, debería ser una razón más para consolidar la unidad del sindicalismo clasista y los partidos progresistas. Solo entonces terminará la comedia capitalista del salario mínimo y la tragedia del pueblo.