La historia a contrapelo: Paz y política

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Foto: Gran Concierto Nacional via photopin cc

Sergio de Zubiría Samper

La tesis sostenida por los comunistas sobre el papel determinante del proceso de paz en la reconfiguración del campo político colombiano ha sido confirmada por el proceso real. Las perspectivas, dificultades y posibilidades de una negociación del conflicto social-armado son el centro de la vida política colombiana, y han sido determinantes por igual para la derecha, el centro y la izquierda.

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En los sectores de derecha la oposición al proceso de paz es cada día mayor y de forma directa. El periodismo crítico ha llamado la atención de los estrechos vínculos entre supuestas agremiaciones de “víctimas” y grupos históricos neonazis, como también ha denunciado preocupantes relaciones entre sectores del poder judicial y posiciones de extrema derecha.

El bipartidismo, cooptado por la modorra de la “Unidad Nacional” y las ambivalencias del poder ejecutivo, no tiene ninguna iniciativa por la paz. Se limita a esperar las escasas iniciativas gubernamentales y las declaraciones formales de apoyo al proceso. En los últimos días existen síntomas en el Partido Conservador de que sectores afines al rechazo al proceso de paz empiezan a ganar terreno.

En el ámbito del “centro” y de la izquierda, la lucha de ideas pasa por la actitud frente a la solución al conflicto y las perspectivas de la paz. La supuesta tesis sobre la existencia en Colombia de posibilidades para “crecer” hacia el “centro”, se convierte en problemática en las circunstancias del país. Las experiencias de los Verdes y Pido la Palabra son una muestra histórica de las limitaciones de las propuestas del denominado “centro”.

La actual dirigencia del PDA parte del desconocimiento profundo de los problemas de la paz y la guerra en Colombia. Mientras las bases del PDA y la izquierda en su conjunto comprometen sus esfuerzos en la solución política, una dirección aislada del clamor popular, con sus actitudes prácticas, desconoce la centralidad de la paz. El marginamiento de esta dirección de la Marcha por la Paz del 9 de abril es muestra patética de sus errores políticos.

El Gobierno Nacional mantiene una posición vacilante y coyunturalista frente a las perspectivas de la paz. No toma posiciones categóricas y comprometidas con las iniciativas de paz, sino establece un juego de roles oportunista para tratar de ganar en cualquier circunstancia: ya sea que se logre la firma de un acuerdo o no en La Habana. De cierta forma, el gobierno Santos y los sectores que representa se encuentran encarcelados por sus afanes electoreros.

Con su anuncio reeleccionista la semana pasada (con ciertos tintes también ambiguos) pretende persuadir a ciertos sectores de que el proceso de paz está sujeto a su reelección. El clamor nacional por la paz es independiente de cualquier reelección, tiene rango constitucional y debe convertirse en una política de Estado.