Caballería ligera: La antiSimon de Beauvoir

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El sumun de la decadencia del linaje valenciano está personificada en una parlamentaria, Paloma, quien tiene los mismos atributos físicos, vestidos, arandelas, oropeles y limitaciones intelectuales propios de las candidatas al concurso de belleza de Cartagena.

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José Ramón Llanos

Hoy nos ocuparemos de una familia caucana. La cual en dos momentos vivió el máximo esplendor: la obra del orador y poeta Guillermo Valencia, y el salto extraordinario de uno de sus miembros, al superar el pensamiento anacrónico, propio de esa prosapia, anclado en el medioevo y se situó en el siglo XX, con perspectiva futurible. Nos referimos a Álvaro Pío Valencia, quien no solo abrevó en el marxismo, además, lo enriqueció.

Como es conocido al poeta Guiller­mo Valencia, por lo menos una buena parte de la crítica literaria le reconoce su condición de poeta parnasiano de excelente poesía. Incluso escribió un poema de buena factura y de contenido relativamente social, Anarkos, que un descendiente con ínfulas populistas lo postuló como fundamento de su programa de gobierno. Hablamos del presidente Guillermo León Valencia. Con él se inicia el imparable sendero que condujo a la actual decadencia de la familia.

En pleno ejercicio presidencial, fueron tantas los errores cometidos que el reconocido sentido del humor bogotano acotó que, cuando el presidente se iba de caza se le iban los patos y cuando iba de cacería de niñas non sanctas -actividad connatural a su clase social- se le iban las pupilas y cuando hablaba se le iban las patas. Tal aconteció en un brindis con motivo de la visita oficial del presidente Charles De Gaulle, cuando alzó su copa y brindó por España.

Sin embargo, el sumun de la decadencia del linaje valenciano está personificada en una parlamentaria, Paloma, quien tiene los mismos atributos físicos, vestidos, arandelas, oropeles y limitaciones intelectuales propios de las candidatas al concurso de belleza de Cartagena. Además, se destaca por el contenido de sus declaraciones, similares a las de las reinas de belleza recién elegidas. Su lógica apenas le da para construir silogismos de este tipo: Bolívar era de baja estatura, Álvaro Uribe es bajito, luego el expresidente es tan talentoso e importante como el Libertador. Por sus permanentes reflexiones y genialidades en debates, entrevistas y tuíteres, la comparan con una intelectual del Viejo Continente, la apodan la antiSimon de Beauvoir del parlamento colombiano.

Mención especial merece su más reciente propuesta: dividir el departamento del Cauca, una parte para los indígenas y la otra para los mestizos. Reconozco que tuvo un destello de lucidez cuando exclamó: para que la parte mayor corresponda a estos últimos, debe hacerse en proporción inversa a la honestidad del más cercano equipo de gobierno del expresidente Uribe.